Manos arriba, manos abajo, tocarse las puntas de los pies, y todo al ritmo de la popular canción alemana "Regenbogenfarben" (o Color arcoiris). Matthias Miersch realmente lo da todo por su partido, el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), incluso durante una clase de gimnasia de la organización de ayuda social Arbeiterwohlfahrt, una de las paradas de su gira por Sajonia-Anhalt.
En este estado federado del este de Alemania, la campaña electoral ha entrado en su fase decisiva. El presidente del grupo parlamentario socialdemócrata en el Bundestag estuvo allí durante 24 horas para apoyar a su partido.
En Magdeburgo y otras tres ciudades más pequeñas se reunió con políticos regionales del SPD y con ciudadanos. Conversó con representantes de una asociación por la diversidad queer, una cooperativa de viviendas y una iniciativa dedicada a la integración social de jóvenes refugiados.
Todo giró en torno a temas centrales para el partido: alquileres accesibles, asistencia social, lucha contra la pobreza, integración y prohibición de la discriminación por motivos de identidad sexual. Miersch se mostró interesado y atento, hizo preguntas y escuchó. Se percibía que la visita al Café Arcoíris de Magdeburgo le tocaba de cerca. Miersch habla abiertamente de su identidad sexual como hombre gay.
Allí, personas queer hablaron del odio y la hostilidad que sufren abiertamente, sobre todo en las zonas rurales. Y también del creciente temor ante un posible Gobierno regional del AfD.
La Oficina para la Protección de la Constitución de Sajonia-Anhalt ha clasificado a Alternativa para Alemania (AfD) como partido de extrema derecha confirmada. "Estamos viviendo un retroceso respecto del estilo de vida libre de las últimas décadas", afirma Miersch en el Café Arcoíris.
El pequeño local está lleno y decorado con muchos colores. En una estantería hay banderines con el lema "Kein Bock auf Nazis" ("No queremos nazis"). La visita dejó en claro, según Miersch, qué es lo que está en juego.
Pero los socialdemócratas tienen poco que oponer al ascenso del AfD en Sajonia-Anhalt. El partido más antiguo de Alemania se ha convertido aquí en una fuerza minoritaria y lucha por mantenerse en el Parlamento regional. Actualmente, los sondeos lo sitúan entre el siete y el ocho por ciento.
El motivo queda claro en las conversaciones: el SPD ya no tendría un perfil político claro. Otro problema es el fuerte descontento con el Gobierno federal, en el que el SPD gobierna como socio minoritario de la alianza conservadora formada por la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y su partido hermano bávaro, la Unión Social Cristiana (CSU).
Muchos de los elementos de las reformas acordadas por la Unión —la alianza de CDU y CSU— y el SPD antes del receso de verano son sumamente impopulares.
"No quiero ocultar", dijo Miersch a los periodistas que lo acompañaban al final de la gira, "que la política federal también está generando debate aquí a nivel local". Se refería, sobre todo, al plan de eliminar la posibilidad de jubilarse tras 45 años de cotizaciones. Un tema especialmente sensible para muchos habitantes de este estado federado, que enfrenta un fuerte envejecimiento y una disminución de su población.
Pero Sajonia-Anhalt no es el único lugar donde el SPD lucha por evitar una caída aún mayor. A nivel nacional, el partido obtiene actualmente apenas alrededor del doce por ciento en los sondeos, por detrás de la AfD, la CDU/CSU y Los Verdes. En algunos estados federados, la situación es aún más dramática.
Con elecciones en cinco de los 16 estados federados y ciudades-estado de Alemania, 2026 es un superaño electoral. Dos de esas elecciones ya se celebraron.
El balance hasta ahora: en Baden-Württemberg, el SPD obtuvo su peor resultado de la historia de posguerra y apenas consiguió entrar en el Parlamento regional.
En Renania-Palatinado, después de 35 años en el poder, el partido quedó claramente en el segundo lugar detrás de la CDU. Fue el peor resultado de su historia en ese estado federado.
En septiembre, se perfilan nuevas derrotas. Y no solo en Sajonia-Anhalt. En la ciudad-estado de Berlín, el partido aparece relegado al quinto puesto con un doce por ciento, mientras que en Mecklemburgo-Pomerania Occidental podría correr la misma suerte que en Renania-Palatinado: perder el poder.
Cada vez más socialdemócratas hablan de una crisis existencial. El que fuera un orgulloso partido de los trabajadores, capaz en sus mejores épocas de convencer a uno de cada dos electores, corre el riesgo de perder relevancia.
"Veo un partido que está muriendo", declaró a comienzos de agosto a la agencia alemana de noticias dpa el diputado berlinés Orkan Özdemir, copresidente del grupo de trabajo del SPD sobre Migración y Diversidad.
La dirección de ese grupo de trabajo reclamó en una carta a la cúpula del partido la celebración de un congreso extraordinario en otoño y una renovación de la dirección partidaria.
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Fuente: Deutsche Welle
