EE. UU. contra Irán: la trampa de «cortar el césped»

EE. UU. contra Irán: la trampa de «cortar el césped»

El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha descrito con bastante precisión en qué podría consistir la nueva fase de la guerra con Irán. Los iraníes habrían intentado reconstruir sus instalaciones de radar, afirmó Trump tras la última oleada de ataques a gran escala por parte de Estados Unidos.

Y añadió: "Esperamos hasta que estuvieran casi reconstruidas y entonces las atacamos".

El martes (1.09.2026), las fuerzas armadas estadounidenses volvieron a atacar numerosos objetivos en Irán. Según datos del Mando Central de EE. UU. (CENTCOM), se destruyeron, entre otras cosas, sistemas de radar y de defensa antiaérea, instalaciones marítimas, medios para colocar minas marinas e instalaciones de comunicaciones.

Irán respondió con misiles y drones contra instalaciones estadounidenses en la región. Así se ha materializado lo que el CENTCOM había insinuado pocos días antes como una posible estrategia para la siguiente fase de la guerra.

Según la información del portal de noticias Axios, los ataques limitados tienen como objetivo impedir que Irán restablezca su capacidad militar en el estrecho de Ormuz.

Un representante del Gobierno estadounidense describió la idea con un término propio de la política de seguridad israelí: "cortar el césped".

La metáfora hace referencia a una estrategia que ni siquiera promete derrotar definitivamente al adversario. Basta con reducir periódicamente sus capacidades militares hasta tal punto que la amenaza siga siendo controlable. Si el césped vuelve a crecer, se vuelve a "cortar".

Aplicado a la situación en Irán, esto significaría que EE. UU. observaría qué capacidades militares reconstruye el adversario y atacaría si se supera un umbral determinado.

En los últimos meses, EE. UU. ha logrado sin duda algunos éxitos militares. Las Fuerzas Armadas estadounidenses han reducido considerablemente la capacidad militar de Irán en el estrecho de Ormuz y han comenzado a retirar las minas marinas iraníes.

Sin embargo, estos éxitos no son duraderos. Teherán está reparando o adquiriendo nuevos sistemas de radar, posiciones antiaéreas y misiles antibuque.

Es cierto que las bombas estadounidenses podrían destruir puntualmente posiciones importantes de los iraníes. Sin embargo, los conocimientos y la base industrial de la tecnología militar iraní permanecen.

Esto retrasa la reconstrucción, pero no la impide. Y EE. UU. se enfrenta una y otra vez a la misma disyuntiva: ¿acepta que Teherán recupere sus capacidades o vuelve a atacar y las destruye?

Ya en abril, la experta en Oriente Próximo Mona Yacoubian, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de Washington, advirtió de las consecuencias. Según la experta, esta evolución podría conducir a un "conflicto prolongado de baja intensidad, interrumpido por intervenciones más intensas".

El hecho de que la "estrategia de la cortadora de césped" esté llegando a sus límites también tiene que ver con que nunca se concibió para una guerra contra un Estado. Israel desarrolló esta estrategia para combatir a actores no estatales, como el grupo terrorista Hamás.

Según la analista Yacoubian, frente a adversarios con características estatales y capacidades más poderosas, el "corte de césped" podría convertirse en una "estrategia militar obsoleta". Esto se hace especialmente patente en el estrecho de Ormuz.

Estados Unidos debe mantener abierto el estrecho de forma fiable. Irán, por su parte, solo tiene que hacer creer que su paso sigue siendo peligroso. Incluso un adversario claramente debilitado militarmente puede, de este modo, imponer costes considerables a Washington.

Además, Estados Unidos se enfrenta al problema de que, aunque Washington puede determinar la intensidad de sus propios ataques, no puede controlar la reacción de Teherán. El presidente estadounidense Trump ya ha advertido en varias ocasiones a Teherán, con palabras belicosas, contra un ataque militar de represalia.

A pesar de los anuncios, el régimen de Teherán lanzó inmediatamente misiles contra instalaciones estadounidenses en la región.

Sin embargo, la experta en Oriente Próximo Yacoubian advierte de un riesgo aún mayor: los ataques regulares de Estados Unidos. Teherán podría llegar a la conclusión de que la única forma de lograr una disuasión duradera es "mediante la búsqueda de un arma nuclear".

De este modo, Estados Unidos e Israel podrían acelerar precisamente aquel desarrollo que, en realidad, pretendían controlar con el ataque a Irán.

Desde la perspectiva de Washington, las alternativas para Trump tampoco parecen mucho mejores. Si el presidente acepta que Irán recupere su poderío militar en torno al estrecho de Ormuz, se arriesga a que se produzcan nuevos ataques contra buques y perturbaciones en una de las rutas energéticas más importantes del mundo.

Las consecuencias para la economía mundial son bien conocidas. A pesar de las turbulencias y las repetidas negociaciones, un acuerdo político entre Washington y Teherán ha fracasado hasta ahora debido a diferencias aparentemente insalvables.

La "estrategia de la cortadora de césped", por el contrario, resulta atractiva para Donald Trump en el ámbito de la política interior, a pesar de todas las incertidumbres de la política exterior. El presidente de EE. UU. prescinde de la ocupación, de la "construcción de la nación" y de un gran contingente de tropas terrestres estadounidenses.

Al mismo tiempo, se distancia así de las "forever wars", las llamadas guerras eternas, de las que había acusado repetidamente a sus predecesores en la Casa Blanca.

Sin embargo, al final, la supuesta salida a la guerra interminable podría convertirse ella misma en una. Yacoubian denomina a este "corte de césped" una "estrategia de Sísifo de desgaste sin fin".

Mientras Washington no esté dispuesto a aceptar, en algún momento, la reconstrucción de las capacidades iraníes, cada ataque exitoso ya sentará las bases para el siguiente.

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Fuente: Deutsche Welle

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