El impacto práctico de las últimas medidas de Alemania contra Rusia podría ser limitado, según el politólogo ruso Dmitri Oreshkin, quien califica la respuesta de Berlín como principalmente simbólica.
Sin embargo, la decisión alemana de atribuir públicamente a Moscú el intento de ataque con drones contra el aeropuerto de Leipzig, el 4 de agosto, refleja una mayor disposición a responder al presidente ruso, Vladimir Putin, y a lo que Berlín considera acciones hostiles en su territorio.
"Para Putin es motivo de alegría. Después de todo, está restaurando ese Telón de Acero entre Rusia y todos los demás países. Y ahora también está recibiendo ayuda desde el otro lado", dice Oreshkin a DW. "Putin es alguien a quien no se puede detener con otra cosa que no sea una escalada y restricciones contundentes", agrega.
Boris Bondarev, exdiplomático que trabajó para la misión permanente rusa ante la ONU en Ginebra, considera insuficiente la decisión de Berlín de cerrar el consulado ruso en Bonn, rescindir el contrato del centro cultural Casa Rusa en Berlín y endurecer los controles de entrada para ciudadanos rusos.
Bondarev, que renunció a su cargo en 2022 tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, asegura que reducir el personal y limitar las actividades diplomáticas puede dificultar las operaciones rusas en Alemania, pero no cambiará fundamentalmente los cálculos estratégicos de Moscú.
"No estoy seguro de que en Rusia esto se perciba como algo que les haga pensárselo dos veces", afirma. "A menos que haya otras medidas más coordinadas a nivel de la UE, no detendrán las provocaciones. Como mucho, pueden obligarlos a coordinarse de otra manera y buscar operativos más profesionales", cree Bondarev.
Ambos expertos coinciden, no obstante, en que las medidas alemanas podrían tener consecuencias aunque no logren disuadir a Moscú: podrían desencadenar un nuevo ciclo de restricciones recíprocas.
El presidente Putin calificó el martes (1.09.2026) la respuesta alemana de "otro error, uno grave", mientras que el Kremlin dijo a la agencia alemana DPA que Rusia respondería "en consecuencia".
El experto alemán en política de seguridad Wolfgang Richter considera que el riesgo de escalada ha aumentado respecto a los primeros años de la guerra entre Rusia y Ucrania. Sin embargo, cree que la próxima fase de la confrontación entre Berlín y Moscú seguirá probablemente centrada en los ámbitos diplomático y cultural.
"Por ejemplo, cerrarán el Goethe-Institut", dice Richter, quien fue coronel del Ejército alemán hasta 2010. "Tampoco descartaría del todo que puedan escalar un poco más y hacer algo adicional, por ejemplo, limitar el número de diplomáticos en la embajada alemana en Moscú", añade.
Bondarev, sin embargo, considera difícil predecir la reacción del Kremlin: "Las autoridades de Moscú pueden sorprenderte. Podrían decir: 'De todos modos tenemos a toda esta gente bajo vigilancia, ¿para qué expulsarlos? Dejémoslos trabajar y seguiremos vigilándolos'. Puede ocurrir cualquier cosa. Pero lo más probable es que haya medidas de represalia de alto perfil", afirma.
El ministro alemán de Exteriores, Johann Wadephul, anunció el lunes que la UE seguirá trabajando en nuevas sanciones "en las próximas semanas". Entre ellas figura una acción más contundente contra la llamada "flota fantasma" rusa, aunque no dio detalles.
Las autoridades rusas han advertido repetidamente que cualquier intento de detener o confiscar barcos vinculados a esta red, acusada de eludir las sanciones al combustible, sería considerado un acto hostil.
Según Oreshkin, si Europa realmente quiere presionar al Kremlin, sería más efectivo atacar los flujos financieros que sostienen esta flota. Sin embargo, señaló un importante obstáculo: los Gobiernos europeos están limitados por sus propios marcos legales, incluido el derecho marítimo, que garantiza la libertad de navegación.
Richter ve además un riesgo de seguridad más amplio. La presión sobre la flota fantasma podría aumentar la probabilidad de incidentes en el mar, advierte a DW. "Y eso, por supuesto, supondría otra escalada", agrega.
Para Richter, la solución pasa por garantizar que ambas partes comprendan los riesgos. "La situación se ha vuelto más tensa y ya es hora de hablar", opina. Sin comunicación entre las partes, alerta, cualquier acción podría interpretarse erróneamente y provocar una nueva escalada.
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(ct/rml)
Fuente: Deutsche Welle

