¿Por qué sigue sin llegar la misión internacional a Gaza?

¿Por qué sigue sin llegar la misión internacional a Gaza?


Marruecos desea participar en la Misión Internacional de Estabilización (International Stabilization Force, ISF) para la Franja de Gaza. Así lo ha manifestado este país norteafricano al firmar el correspondiente acuerdo en Rabat.

El acuerdo "refleja la voluntad común de contribuir a la creación de un clima de paz y seguridad en la región mediante medidas concretas en materia humanitaria y de seguridad", según una declaración de la Administración de Defensa citada por la agencia de noticias marroquí MAP. De acuerdo con la agencia, se proporcionarán, entre otros, efectivos militares, fuerzas de la gendarmería y de la policía, así como un hospital de campaña.

Marruecos se convierte así en uno de los pocos Estados que, hasta la fecha, se han comprometido a participar de forma concreta en la misión internacional de seguridad prevista para la Franja de Gaza. Sin embargo, aún está por ver si la ISF podrá desplegarse alguna vez en la medida que sus impulsores habían previsto inicialmente. Y es que esta fuerza, vinculada a la "Junta de Paz" creada por el presidente de EE. UU., Donald Trump, debe desempeñar un papel que va mucho más allá de la protección de la ayuda humanitaria: se considera el núcleo de la política de seguridad del orden de posguerra previsto para Gaza.

La Misión Internacional de Estabilización tiene por objeto garantizar la reconstrucción, proteger los envíos de ayuda y formar a las nuevas fuerzas de seguridad palestinas. A largo plazo, su objetivo es acompañar la transición política. A diferencia de las misiones de paz clásicas de las Naciones Unidas, se organizará al margen de las estructuras de mando habituales de la ONU. Sin embargo, es precisamente esta pretensión política la que la convierte en uno de los proyectos internacionales más ambiciosos y, al mismo tiempo, más difíciles para la Franja de Gaza.

"La participación de actores internacionales presupone que se establezca al menos un mínimo de estabilidad política", afirma Gil Murciano, director ejecutivo del Instituto Israelí de Políticas Exteriores Regionales, en entrevista con DW. El verdadero problema no es la misión en sí misma, sino la falta del marco político en el que debe operar.

Marcus Schneider, director del Proyecto Regional para la Paz y la Seguridad en Oriente Medio de la Fundación Friedrich Ebert, con sede en Beirut, también se muestra escéptico respecto a las perspectivas de éxito. Israel desea asegurarse libertad de acción militar, mientras que los posibles países para aportar tropas están interesados sobre todo en una misión clásica de mantenimiento de la paz. "Estas expectativas divergentes son, en gran medida, incompatibles entre sí", afirma a DW.

Esta valoración coincide con los análisis del Instituto Internacional para la Paz (IPI). Según estos, en primer lugar, se necesita una administración palestina estable y legítima; de lo contrario, la ISF corre el riesgo de seguir siendo un proyecto internacional de transición más.

Sobre todo Israel, Hamás y los Estados árabes tienen concepciones diferentes sobre qué papel debe asumir la ISF. Desde el punto de vista israelí, la seguridad es lo primordial. "El Gobierno israelí ha dejado muy clara su postura: mientras Hamás no acepte el desarme, tampoco debe iniciarse la reconstrucción de Gaza", afirma Murciano. De este modo, la reconstrucción queda supeditada a una condición política sobre la que, hasta la fecha, no existe consenso.

Schneider considera que el bloqueo tiene un carácter más fundamental. En su opinión, los actores implicados persiguen objetivos políticos distintos. Mientras que Israel desea preservar su libertad de acción militar, muchos de los posibles países que aportarían efectivos esperan un mandato claramente definido con riesgos previsibles. En la actualidad, estas expectativas son difícilmente conciliables entre sí.

La postura de Hamás, considerada una organización terrorista, entre otros, por EE. UU. y la UE, también complica la planificación. Si bien la organización ha manifestado su disposición a retirarse de la administración civil de Gaza, hasta la fecha se ha negado a un desarme completo. Por lo tanto, desde el punto de vista israelí, falta un requisito fundamental para el despliegue de la misión, mientras que muchos actores internacionales argumentan que la reconstrucción y la estabilización política no pueden esperar hasta que se aclaren todas las cuestiones de seguridad.

Los Estados árabes desempeñan, además, un papel clave. Se les considera los principales donantes para la reconstrucción y podrían dotar a la misión de la legitimidad regional necesaria. Al mismo tiempo, muchos Gobiernos desean evitar enviar soldados y ayudas por valor de miles de millones a Gaza sin una perspectiva política sólida. Por ello, el compromiso de Marruecos se considera una señal importante; sin embargo, esto no cambia el hecho de que, hasta ahora, las grandes potencias regionales se hayan mostrado reticentes.

El Centro Árabe de Washington D. C. también hace referencia a este dilema. Si bien es cierto que muchos Estados árabes estarían, en principio, dispuestos a apoyar la reconstrucción de Gaza, su participación en una misión internacional de estabilización solo sería posible en el marco de un proceso político creíble.

Para Murciano, ahí radica el verdadero reto. "La reconstrucción en sí misma es un componente esencial de la seguridad", afirma a la DW. Quien separe ambos procesos corre el riesgo de que el estancamiento político se consolide aún más.

Por lo tanto, sigue sin estar claro si la Misión Internacional de Estabilización podrá asumir alguna vez el papel que se le ha asignado. La misión ya está diseñada en gran medida, pero hasta ahora carece de la base política sobre la que debe trabajar. Si bien la participación de Marruecos demuestra que el enfoque internacional sigue contando con apoyo, la decisión de si de ello surgirá realmente una misión de estabilización operativa no se tomará en el campo de maniobras, sino en la mesa de negociaciones.

Fuente: Deutsche Welle

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