El mes pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reactivó los esfuerzos de acercamiento hacia Pionyang. Redujo drásticamente los ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y Corea del Sur. Por si fuera poco, el mandatario estadounidense afirmó que el líder norcoreano, Kim Jong-un, siempre lo ha tratado "con gran respeto".
La respuesta del dictador de Corea del Norte a estas iniciativas de Trump ha sido notablemente menos optimista. Kim Jong-un ha ordenado el lanzamiento de una andanada de misiles y negó públicamente las afirmaciones de Trump de que Kim había respondido "muy positivamente" a una propuesta para mantener conversaciones.
Esta semana, mientras Estados Unidos, Corea del Sur y Japón iniciaban unas maniobras militares conjuntas de cinco días, no hubo señales de una nueva reducción de actividades militares por parte de Washington, tampoco avances diplomáticos con Pionyang.
Kim Jong-un, en cambio, puso en servicio un destructor naval e insistió en que Corea del Norte establezca una "fuerza poderosa y fiable para disuadir una guerra nuclear" y refuerce su "defensa marítima". También anunció que el país presentará próximamente un "significativo" desarrollo naval.
A diferencia del acercamiento que se produjo durante el primer mandato de Trump, el actual distanciamiento de Kim llega en un momento en el que Corea del Norte dispone de alternativas para alcanzar acuerdos con Estados Unidos.
"Para Kim, ahora hay menos en juego que en 2019. Ya no existe la misma sensación de urgencia en Piongyang por volver a la mesa de negociaciones con Washington", explicó a DW Joon Ha Park, corresponsal del Korea Risk Group en Seúl.
"Corea del Norte cuenta ahora con una alianza basada en tratados con Moscú y está acercándose cada vez más a Pekín, mientras que sus capacidades militares han aumentado significativamente. Por eso, una simple reducción de los ejercicios militares conjuntos entre Corea del Sur y Estados Unidos no es suficiente para influir en Pionyang", añadió.
Park considera que Kim se encuentra posiblemente en la posición más sólida desde que llegó al poder, en 2011.
Hoy la situación parece muy distinta. La economía norcoreana muestra signos de fortalecimiento. Las estimaciones publicadas el año pasado por el banco central surcoreano indicaban que la economía creció un 3,7 % en 2024, la tasa más alta de expansión en ocho años.
Corea del Norte bajo Kim Jong-un ha logrado acercamientos con Rusiay China que no se veían desde hace décadas. Esta semana, tanto Moscú como Pekín enviaron mensajes con motivo del 78.º aniversario de la fundación de Corea del Norte, destacando la importancia estratégica de sus relaciones cada vez más estrechas con Pionyang.
La racha favorable de Kim comenzó en 2023, tras una cumbre con Vladimir Putin en el extremo oriental de Rusia. Ese encuentro abrió la puerta al suministro de armamento y soldados norcoreanos para apoyar en el esfuerzo bélico ruso en Ucrania, mientras Moscú proporcionaba ayuda a cambio.
China, tradicional aliado y benefactor de Corea del Norte, observó inicialmente con cautela el creciente acercamiento entre Moscú y Pionyang.
"La guerra de Ucrania ha abierto una línea de salvataje crucial para el régimen norcoreano, permitiéndole suministrar armas, municiones y soldados a Rusia a cambio de dinero, alimentos y, aparentemente, tecnología militar avanzada", señaló a DW Alexander Lipke, investigador del programa Asia del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR).
Para 2025, el fortalecimiento de la relación ruso-norcoreana obligó a China a reforzar su protagonismo. En septiembre de ese año, Kim fue invitado a las celebraciones del "Día de la Victoria" en Pekín y apareció públicamente por primera vez junto a Xi Jinping y Vladimir Putin.
Pionyang también ha exigido que Estados Unidos reconozca oficialmente a Corea del Norte como Estado con armas nucleares como condición previa para cualquier negociación futura, insistiendo además en que toda referencia a la desnuclearización quede excluida de las conversaciones.
Se estima que Corea del Norte posee actualmente cerca de 60 ojivas nucleares, aproximadamente el doble de las entre 20 y 30 que se calculaba que tenía durante los encuentros diplomáticos entre Trump y Kim en 2018 y 2019.
Desde su primera prueba nuclear en 2006, Corea del Norte ha estado sometida a un severo régimen de sanciones internacionales. Pero esa etapa ha quedado atrás.
"La situación diplomática de Corea del Norte ha mejorado enormemente, reduciendo la presión para sentarse a negociar un acuerdo con Estados Unidos", explicó Lipke.
"Sin embargo, el acuerdo que ahora podría estar sobre la mesa sería mucho más ambicioso para Corea del Norte: congelar el desarrollo de su programa nuclear a cambio de que Estados Unidos la reconozca de facto como potencia nuclear ante el mundo entero".
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Fuente: Deutsche Welle
