Muerte de Mladic reabre la herida entre Bosnia y Serbia

Muerte de Mladic reabre la herida entre Bosnia y Serbia

La muerte de Ratko Mladic debería haber cerrado uno de los capítulos más oscuros de la historia europea. En cambio, ha reabierto viejas heridas, demostrando que tanto los Acuerdos de Dayton, que pusieron fin a la guerra de Bosnia (1992-1995), como las tres décadas de compromiso internacional que le siguieron, no lograron nunca abordar las causas que originaron el conflicto.

Mladic, exgeneral del Ejército serbobosnio, falleció el 27 de agosto de 2026 en un hospital penitenciario de La Haya. Fue condenado hace más de una década por genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra, incluida la masacre de Srebrenica de 1995 y el asedio de Sarajevo.

Tanto en Serbia como en la República Srpska, de mayoría serbia y una de las dos entidades creadas en Bosnia-Herzegovina por los Acuerdos de Paz de Dayton de 1995, la muerte de Mladic se lamentó como la pérdida de un héroe nacional y no como el fin de una era de crímenes.

Milorad Dodik, la figura política más poderosa de la Republika Srpska, destituido de la presidencia e inhabilitado el año pasado por el Tribunal Constitucional de Bosnia para ejercer cargos públicos por 6 años, calificó la muerte de Mladic de "asesinato", sugiriendo que se trató de "una estrategia organizada destinada a provocar un desenlace fatal".

En Banja Luka, capital de facto de la Republika Srpska, el alcalde Drasko Stanivukovic expresó sus condolencias a la familia de Mladic, alegando que no es un condenado por genocidio, sino un "símbolo de una época y una lucha".

En Belgrado, la capital de Serbia, el presidente Aleksandar Vucic acusó al Tribunal de La Haya de tener un "comportamiento incivilizado" al no permitir que Mladic pasara sus últimos días fuera de su celda.

En la Federación de Bosnia y Herzegovina, la otra entidad principal de Bosnia, donde los bosniacos y los croatas constituyen la mayoría, la noticia de la muerte de Mladic suscitó una condena unánime hacia el fallecido, condenado por el genocidio de Srebrenica, una localidad del este de Bosnia, donde cerca de 8.000 hombres y niños fueron asesinados en julio de 1995.

El ministro de Asuntos Exteriores de Bosnia, Elmedin Konakovc, insistió en que "nadie obliga a Serbia a tratar a Mladic como a un héroe ni a asumir la responsabilidad de sus crímenes. Es una elección que Serbia toma por sí misma".

La Comisión Europea, al responder a preguntas sobre el anunciado funeral de Estado, declaró que "glorificar a criminales de guerra condenados es contrario a los valores europeos más fundamentales".

El Movimiento Europeo en Serbia advirtió que un funeral de Estado equivaldría a un "grave ataque moral, jurídico y político contra Serbia".

Es una cuestión estructural que comienza con el propio acuerdo de paz de Dayton. El compromiso fue necesario para detener el derramamiento de sangre. El problema es que, desde 1995, nunca ha ido acompañado de un mecanismo para abordar el pasado que estuviera a la altura de dicho acuerdo político.

Dayton creó una arquitectura constitucional compleja: un Estado dividido en dos entidades autónomas y el Distrito de Brcko, con Gobiernos y Parlamentos a nivel estatal, de entidad y cantonal, para un país de apenas 3 millones de habitantes.

Es un sistema diseñado para prevenir la guerra, no para generar una ciudadanía común. La Comisión de Venecia del Consejo de Europa lo calificó en 2005 como un sistema que no es "ni racional ni eficiente". La identidad étnica está integrada en la propia lógica del poder, la negación o la relativización de los crímenes no es un fenómeno marginal, sino un recurso político.

En otras palabras, cada bando se percibe a sí mismo como víctima, lo que hace imposible el reconocimiento conjunto de las atrocidades cometidas como condición previa para la reconciliación.

Bosnia-Herzegovina cuenta con legislación a nivel estatal, que tipifica como delito la negación pública, la minimización flagrante o la justificación del genocidio, así como la glorificación de las personas condenadas por tales actos. Sin embargo, en la práctica, la aplicación de esta legislación sigue siendo desigual.

Serbia carece de una ley de este tipo y sus autoridades públicas, en lugar de distanciarse del legado de Mladic, lo reivindican abiertamente.

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Fuente: Deutsche Welle

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