Editorial Acento

Se acercaba el mes de marzo del 2019, y nos preparábamos para pasar balance sobre la situación de la mujer en nuestro país, a propósito de conmemorarse hoy El Día Internacional de la Mujer, cuando pensábamos que las cifras estaban recolectadas, se produjo uno de los abusos más detestables que alguien con algún grado de poder en nuestra sociedad cometía contra una mujer.

El abuso vestía de saco y corbata y estaba sentado justo a la derecha del presidente de la República, Danilo Medina, en ese momento también, presidente del Consejo Nacional de la Magistratura, órgano llamado a evaluar, basado en la ley, a aquellos que tendrán en sus manos el deber de repartir justicia desde el tribunal supremo de nuestro país.

El procurador general de la República, Jean Alain Rodríguez, escondido bajo tres cartas (dos supuestamente anónimas), abusó, atropelló, ultrajó, maltrató, ofendió a la magistrada Miriam Germán Brito, mujer de temple, reputación intachable y poseedora de cualidades profesionales y morales escasas de conseguir en nuestra sociedad actual.

Y ese temple que sólo lo poseen las personas que han caminado por el sendero correcto, lo reafirmó en ese momento,  aun cuando el procurador tuvo la osadía de dirigir sus ataques a uno de los hijos de la magistrada de condición especial.

“Debemos seguir batallando por más espacios dentro de la política, el mundo empresarial, la justicia, y todos los demás estamentos desde donde podamos crear cambios que sean de provecho para todas las dominicanas”

La indagación colectiva que generó esta actuación fue mayor que sus ataques, porque este país no puede permitirle a nadie y mucho menos al máximo jefe del Ministerio Público maltrato alguno contra ninguna mujer ni contra nadie.

Justo ese procurador que en noviembre del 2017 anunció al país con bombos y platillos  su Plan Nacional contra la Violencia de Género, con el cual, según lo anunciado, buscaba enfrentar los delitos relacionados a la violencia de género y reducir los feminicidios.

Un año después, en noviembre del 2018, con mucho orgullo el señor procurador anunció la reducción en un 18% de los casos feminicidios, reducción que lo atribuyó a su magnífico plan que no evitó que 88 mujeres fueran asesinadas en un año por sus parejas o ex parejas.

Ese mismo día proclamó la frase “esta importante reducción de un 18 por ciento en un año nos llena de esperanza, ya que nuestro objetivo es que “ni una sola mujer sea víctima de violencia de género”.

Es lamentable que el procurador haya contribuido para que en el 2019 no podamos decir que “ni una sola mujer fue víctima de violencia de género” de esa que no solo se evidencia con dolor, moretones y sangre.

Sin embargo, no sería justa si no admito que en los últimos años se ha logrado muchas cosas en la búsqueda de mejorar las condiciones de la mujer en la sociedad, en la familia, en el ámbito laboral, económico, en lo profesional.

Pero no podemos dar un paso al frente y dos hacia atrás, así no, así la batalla de millones de mujeres alrededor del mundo no tiene sentido, tenemos que caminar hacia al frente y no permitir que nadie, absolutamente nadie nos haga retroceder.

162 años después de la tragedia que dio pie a la conmemoración del día Internacional de la Mujer, en República Dominicana seguimos luchando para que cerca de un centenar de mujeres no sean asesinadas cada año, batallando para que se despenalice el aborto en tres causales, luchando para eliminar la discriminación salarial y que las mujeres trabajadoras no sean peor pagadas que los hombres.

Debemos seguir batallando por más espacios dentro de la política, el mundo empresarial, la justicia, y todos los demás estamentos desde donde podamos crear cambios que sean de provecho para todas las dominicanas.

Y debemos enfrentar estos retos desde lo más alto y no permitir que la violencia, ni siquiera la de saco y corbata, empañe esta batalla.

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Fuente Acento

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