Tokio ha eliminado su histórica prohibición de exportación de armas letales. El Gobierno confirmó la semana pasada que las empresas japonesas serán libres de vender equipamiento militar avanzado a 17 países con los que tiene acuerdos de defensa, revirtiendo una política activa desde 1967.
La decisión ha sido bien recibida por aquellos aliados a los que se busca reforzar, ante la escalada de tensiones de seguridad. Pero rivales regionales han condenado la medida.
Este cambio de política probablemente tendrá implicaciones duraderas para las tensiones geopolíticas que desestabilizan el Pacífico occidental. Algunos temen que la decisión pueda llevar a la región a enfrentamientos armados.
Hay múltiples razones detrás de este cambio de rumbo, pero la principal es la necesidad de Japón de hacer más para garantizar su propia seguridad. “Dado el grave entorno de seguridad que rodea a Japón —principalmente los desafíos que plantean China y Corea del Norte—, Japón necesita ayudar a garantizar el equilibrio de poder en esta parte del mundo”, comenta a DW Masayuki Masuda, director de estudios chinos en el Instituto Nacional de Estudios de Defensa en Tokio. “Una forma de lograrlo es proporcionando los mejores sistemas de armas disponibles para nuestros socios, como Filipinas y Australia”, agrega.
El anuncio ha sellado importantes acuerdos que llevaban meses planeados con Manila y Canberra, los primeros aliados en beneficiarse del cambio política en Japón.
Japón ha firmado un acuerdo de 6.500 millones de dólares con Australia para suministrar 11 versiones mejoradas de sus navíos clase Mogami, modelos utilizados actualmente por la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón (JMSDF).
Los tres primeros buques de guerra se entregarán para 2030 y serán construidos en Japón, mientras que el resto se construirá en Australia.
Filipinas está pendiente de la retirada progresiva de buques escolta destructores clase Abukuma en Japón, lo que reforzaría significativamente las capacidades de su marina al enfrentarse a fuerzas marítimas chinas que han ganado territorio en el Mar de China Meridional, y que Manila reclama como su territorio soberano.
Japón también está colaborando con el Reino Unido e Italia en un caza furtivo de sexta generación bajo el Programa Global de Combate Aéreo (GCAP) y está desarrollando un Interceptor de Fase de Planeo (GPI) con Estados Unidos para combatir misiles hipersónicos.
“Esta decisión se ha tomado principalmente porque Japón está cada vez más preocupado por los desafíos de seguridad que enfrentamos”, dice Masuda.
“La Marina china ha ampliado sus operaciones y un componente crítico de la estrategia de seguridad nacional de Japón tiene que ser un elemento disuasorio. También vemos cómo evoluciona el desafío de Corea del Norte, a medida que el régimen allí prueba nuevos misiles balísticos intercontinentales con mayores alcances y cargas útiles, lo que supone una amenaza de escalada en una nueva dirección”, subraya.
Margarita Estevez-Abe, experta en Japón en la Maxwell School de la Universidad de Syracuse dice, por su parte, que la decisión de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi , ha estado impulsada por varios factores, incluidos algunos que podrían ser incluso más críticos que la legítima defensa. “Japón está esforzándose por usar la diplomacia para crear un entorno estable en la región, pero eso debe estar respaldado por una capacidad disuasoria”.
El “deseo político” de exportar armas japonesas se remonta al ex primer ministro Shinzo Abe, quien relajó la estricta prohibición de 1967 sobre las exportaciones de defensa en 2014 para permitir la venta de equipos no letales para vigilancia, transporte, rescate y limpieza de minas, mientras que las armas letales seguían prohibidas.
“Cuanto más volátil se vuelva el mundo, más fácil le resultará justificar esa revisión. Su decisión de romper con el statu quo forma parte de esa agenda más amplia”, continúa Estevez-Abe.
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Los aliados han acogido con satisfacción la decisión de Tokio. El embajador estadounidense en Japón, George Glass, la calificó en X como un “paso histórico” que ayudará a mejorar las capacidades defensivas entre los aliados.
Francia también acogió con agrado la decisión de Japón. Un portavoz del Ministerio de Exteriores dijo a los periodistas que “contribuirá a la seguridad de las personas y al mantenimiento de la soberanía en Europa y la región del Indo-Pacífico”.
Otros países, como China, han expresado una firme oposición. “Los recientes y peligrosos movimientos de Japón en los ámbitos militar y de seguridad desafían su autoproclamada ‘dedicación a la paz’ y su adhesión a la política ‘exclusivamente orientada a la defensa'”, declaró un funcionario del Ministerio de Exteriores.
Fuente: Deutsche Welle

