Eritrea gana peso en el pulso por el Cuerno de África

Eritrea gana peso en el pulso por el Cuerno de África


A través del Cuerno de África, los intereses geopolíticos de diversos países siguen provocando tensiones y conflictos como parte de la creciente competencia por la influencia política en la región.

Por derecho propio, el pequeño país de Eritrea parece estar ganando importancia en este contexto. El Estado autocrático gobernado por el veterano dirigente Isaias Afewerki controla puntos costeros estratégicos en el mar Rojo.

En julio, una serie de consultas diplomáticas en El Cairo en las que participaron potencias regionales como Egipto, Somalia y Eritrea, junto con un enviado estadounidense de alto rango, puso de relieve el creciente papel de Eritrea en la coordinación de enfoques para abordar los graves desafíos de seguridad en el Cuerno de África y el mar Rojo, así como para facilitar el comercio.

La ubicación única de Eritrea a lo largo de esta ruta marítima adquiere cada vez más importancia estratégica a la luz de los conflictos comerciales internacionales. La costa del pequeño país, próxima al estrecho de Bab el-Mandeb, se extiende a lo largo de más de 1.000 kilómetros y limita con Sudán al noroeste y con Yibuti al sureste.

Pero la principal importancia estratégica de Eritrea depende de quién se encuentra al otro lado del estrecho.

"Yemen se encuentra al otro lado del mar Rojo, lo que hace especialmente interesante la ubicación de Eritrea, ya que Yemen atraviesa una situación de crisis y la seguridad marítima en la región está en riesgo", explicó a DW Abdurahman Sayed, director del Centro para la Integración Regional del Cuerno de África (CRI), con sede en Londres.

"La única ruta segura en esta zona pasa por Eritrea, donde actualmente no existen preocupaciones de seguridad."

La milicia terrorista hutí, respaldada por Irán, ha estado atacando buques mercantes en el mar Rojo desde la costa de Yemen. Durante la última década, Yemen también ha sido escenario de una de las peores crisis humanitarias del mundo.

En Eritrea la situación dista de la Yemen, ya que, según Sayed, la férrea dictadura instalada desde hace décadas no tolera ningún tipo de disidencia.

Desde la fundación oficial del país, hace 32 años, no se han celebrado elecciones en el Estado unipartidista gobernado por Afewerki, de 80 años de edad.

Pero precisamente por ello tampoco existen conflictos violentos en el país. Comparada con otros actores de la región, como Etiopía, Sudán o Yemen, Eritrea parece una isla de paz donde resulta fácil hacer negocios.

"Por esta razón, todos los países, incluidas potencias regionales como Arabia Saudita y Egipto, que controla el canal de Suez, quieren mantener relaciones estables con Eritrea", destaca Sayed.

Al mismo tiempo, esto podría convertirse en un talón de Aquiles.

"El país está gobernado por una sola persona y no existen instituciones constitucionales. Eso hace que el Estado sea muy vulnerable si este hombre fuerte desaparece del poder", afirma Sayed.

Aun así, Eritrea sigue ejerciendo influencia en una región donde el mar Rojo se ha convertido en una de las rutas marítimas más importantes del mundo.

La guerra con Irán ha reforzado aún más la posición del país, ya que esta crisis ha vuelto a demostrar la importancia geopolítica central de estrechos marítimos estratégicos como Ormuz y Bab el-Mandeb.

El primer ministro etíope, Abiy Ahmed, lleva años exigiendo un acceso soberano al mar, más de tres décadas después de la separación entre ambos países. Cuando Eritrea obtuvo su independencia en 1993, Etiopía perdió su acceso directo al mar y desde entonces depende de sus vecinos para todo su comercio marítimo.

A comienzos de 2026, las ya frágiles relaciones entre Etiopía y Asmara (capital de Eritrea) amenazaron con deteriorarse aún más por una disputa sobre el acceso etíope a esta ruta comercial marítima.

"El contexto clave que explica las recientes maniobras estratégicas de Eritrea en el Cuerno de África y el mar Rojo es el aumento de las tensiones con Etiopía", afirma Michael Woldemariam, investigador de la Escuela de Políticas Públicas de la Universidad de Maryland y del "Atlantic Council".

"Asmara busca construir alianzas que sirvan de contrapeso a Adís Abeba. Sus recientes acercamientos diplomáticos a Egipto, Somalia, las Fuerzas Armadas de Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, grupos opositores etíopes e incluso a Estados Unidos deben interpretarse dentro de este contexto", explica Woldemariam a DW.

La breve historia de Eritrea ha estado marcada casi por completo por la violencia, lo que ha llevado a muchas personas a buscar una vida mejor en otros lugares.

"Las primeras personas huyeron de Eritrea hacia Sudán en 1967 para escapar del ejército imperial de Haile Selassie. En la década de 1980, la gente escapó masivamente de la dictadura militar etíope. Desde 2001, las personas vuelven a huir en grandes cantidades debido a las violaciones de derechos humanos, el servicio militar, la guerra y la falta de perspectivas", explica Magnus Treiber, investigador especializado en migración en el Cuerno de África en el Instituto de Etnología de la Universidad de Múnich.

"Las causas de la huida apenas han cambiado. Sin embargo, dado que la Unión Europea ya no ofrece prácticamente ninguna posibilidad de solicitar asilo, los eritreos ahora huyen hacia todas las partes del mundo", añade Treiber.

Al menos 700.000 personas han abandonado Eritrea desde su fundación. Mientras tanto, el crecimiento demográfico se sitúa por debajo del 2 %, un nivel bajo en comparación con otros países de la región.

Fuente: Deutsche Welle

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