«El brazo de gobiernos autoritarios no respeta fronteras»

«El brazo de gobiernos autoritarios no respeta fronteras»


Tras casi 14 años al frente de la organización no gubernamental Artículo 19, su director Leopoldo Maldonado se despide con un balance agridulce: satisfacción por dejar una institución sólida, pero alarmado por el deterioro de la libertad de prensa en México y la región. En esta entrevista exclusiva con DW, habla de los retos en su nuevo cargo en la ONU, del exilio periodístico como nueva normalidad, de la represión transnacional que ya no respeta fronteras, del poder opaco de las grandes plataformas digitales y de por qué, en tiempos de sobreinformación, el periodismo es más necesario que nunca.

En lo personal, después de casi 14 años encabezando Artículo 19 ¿Con qué sentimiento se va?

Me voy con cierta nostalgia, pero también muy satisfecho. Es un proyecto con procesos muy institucionalizados que tiene la fortaleza para avanzar independientemente de los liderazgos. Dejo a grandes colegas de quienes siempre aprendí mucho. Pero al mismo tiempo me voy preocupado, porque la situación en México y en la región no sólo no mejora, sino que ha ido empeorando año con año. Cada vez se vuelve más difícil no ser objeto de alguna forma de censura.

¿Cuál es el logro que considera más significativo en esta época en México y cuál fue la frustración o la derrota más dura de asumir?

Cada agresión, obviamente, nos indigna, cada vez que matan algún periodista a mí me frustra mucho. Nos cuestionamos qué tanto estamos logrando al seguir denunciando, tratando de que no se normalice y que se movilice a la sociedad. Sobre todo ahora, cuando volvemos a tener picos en el número de asesinatos. Por otro lado, me deja muy contento que a Artículo 19 se le reconozca por su compromiso, por la seriedad, por la rigurosidad.

En los últimos años, México se ha vuelto un refugio para muchos periodistas exiliados, sobre todo de Centroamérica, también de Cuba y Venezuela. El periodismo desde y en el exilio se vuelve normalidad. ¿Qué retos implica ese fenómeno?

Es una situación global muy preocupante que no está teniendo las respuestas adecuadas por parte de los estados. Incurren en muchas violaciones al derecho internacional de los refugiados, incurren en muchas contravenciones al derecho de asilo, al grado incluso de violar el principio de no devolución. Incluso ahora estamos enfrentando esta tendencia que se conoce como represión transnacional, de la que también son víctimas periodistas, incluso de Cuba, de Nicaragua, en otros países.

Vemos que el brazo largo de los gobiernos autoritarios ya no respeta fronteras y eso es un enorme reto hacia adelante, que tiene que ver también con la ruptura de los compromisos y del orden internacional que estamos viviendo.

¿Considera que ahora, desde su nueva posición, podría incidir sobre ese tema y tal vez concientizar un poco más a los Estados sobre esa problemática?

Esperaría que sí, porque es un tema que van a estar tocando de manera muy insistente otras relatorías de la ONU. Me parece que en esto tenemos que sumar esfuerzos varias expertas y expertos internacionales y tenemos que empujar en el marco del fortalecimiento de la ONU, para que los estados se vuelvan a comprometer a las reglas mínimas que aprobaron desde hace décadas como el Estatuto de los Refugiados. Lamentablemente, todas esas convenciones hoy por hoy están siendo socavadas desde los propios estados receptores.

Aparte de la violencia física ¿qué peligro observa en la violencia digital, la era del hostigamiento judicial de los medios, de la desinformación con ayuda de la inteligencia artificial?

Efectivamente, hay varios tipos de amenaza. El acoso judicial está generando un enorme efecto de autocensura. La violencia digital, particularmente la violencia digital de género, contra periodistas, mujeres y contra activistas, pretende inhibir su participación en el espacio público digital y análogo.

Hay problemas estructurales como la gobernanza de Internet, la propiedad de las plataformas y las redes sociales, que son un oligopolio opaco. Hay opacidad en términos de los algoritmos, en el uso de herramientas de inteligencia artificial. Otro problema es que están violando la propiedad intelectual de los periodistas, lo que está generando un enorme golpe económico a los proyectos periodísticos.

Hay que abordar todas esas situaciones que tienen un sustrato económico estructural y que marcan el futuro de la humanidad.

Se ha intentado, en algunos países con franca censura, en otros con técnicas como moderación de contenido, pero las plataformas inmediatamente gritan "censura”. Entonces, ¿Cómo se puede regular ese espacio virtual sin caer en censura?

Hay un problema estructural muy grave. Al estar en unas cuantas manos, las plataformas son los dueños de la cancha, del balón, el árbitro. Ellos deciden quién gana y quién pierde en esta dinámica de la visibilidad y del algoritmo. Así moldean la conversación y están teniendo una responsabilidad muy grande en los procesos de polarización y desinformación. Porque los propietarios de estas plataformas no solo tienen intereses económicos, sino también políticos e ideológicos. Plantean un discurso de incompatibilidad entre tecnología y derechos, pero no debe ser así.

Entonces, ¿cuál sería un mecanismo que podría regularse sin censura?

Deben sujetarse a un marco normativo basado en los estándares internacionales de derechos humanos y de libertad de expresión. La autorregulación no fue suficiente, así que tienen que transitar a otro tipo de regulación democrática en donde existan precisamente reglas del debido proceso, transparencia, posibilidad de recursar las remociones de contenido, incluso de cuentas. Y que como empresas se tienen que apegar a los estándares de derechos humanos, no están absueltas de ello.

Pero hay una serie de condicionantes previas para que esto se logre y tienen que ver sobre todo con la propiedad y con la acaparación de estas herramientas en unas cuantas manos.

Brasil es el país en América Latina que más ha avanzado en torcerle la mano a las plataformas y ha obligado a Elon Musk a remover contenido, cerrar cuentas, pagar multas y tener una oficina en Brasil. ¿Podría Brasil ser un ejemplo para otros?

Hay cosas que afinar del marco civil de Brasil, pero sin duda está tomando cartas en el asunto. Sin embargo, considero que este tipo de regulaciones serán difíciles de implementar de manera aislada. Necesitamos modelos regionales e inclusive internacionales, porque va a ser muy difícil que un solo país pueda contener este poderío que tienen. Y más cuando hoy tienen el respaldo de la principal potencia económica, la aún todavía potencia económica y militar del mundo.

La Relatoría es un mecanismo especial que no tiene un poder vinculante. ¿Qué puede lograr un mecanismo así?

Al ser parte del sistema de la ONU, aún tiene un peso político y simbólico importante. Pone luz sobre hechos. Es importante llamar la atención de los estados, aunque en los últimos años, son cada vez más refractarios al escrutinio público. Pero en ciertos momentos sigue funcionando para que se inhiba de seguir perpetrando violaciones a derechos humanos.

¿Qué consejo le daría a los periodistas y a los medios? ¿Cómo se podrían proteger en este mundo tan convulso y cada vez más hostil?

Yo creo que es cada vez más importante el trabajo colectivo y colaborativo. Imposible no hacerlo en estas circunstancias. Digamos, participar de economías de escala, dividir riesgos, un sinfín de cosas muy virtuosas que vienen del trabajo colaborativo.

Otro punto es tomarse en serio la seguridad. Yo creo que esto no es un tema de viejas y nuevas generaciones; se tiene que tomar en serio y en eso hemos avanzado. Esto sobre todo en países como los de América Latina y otras partes del mundo, en donde todavía sigue la lógica autoritaria del periodismo supeditada al poder. Hay que reiterar que no es el papel del periodismo hablarle al poder, sino hablarle al público, y que muchas veces eso implica no gozar de la buena estima del poder público y de los poderes fácticos.

Y sobre todo es importante atesorar como sociedad la labor periodística. Es más vigente que nunca a pesar de la sobreinformación que hay. Sin el periodismo no habría curaduría; sin sistematización, no habría método para discernir dentro del mar de información qué es lo que realmente es relevante.

Tenemos una ilusión de que estamos siendo más informados. Y no, la sobresaturación de información nos confirma que el periodismo es más vigente que nunca.

Fuente: Deutsche Welle

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