Ahora que Estados Unidos e Irán han vuelto a entrar en guerra tras una tregua prolongada, aunque inestable, los últimos ataques estadounidenses parecen centrarse menos en las instalaciones costeras de Irán o los objetivos marítimos del estrecho de Ormuz.
Los medios de comunicación iraníes y las autoridades locales han informado de ataques contra puentes, túneles, carreteras, infraestructuras ferroviarias, instalaciones eléctricas y plantas desalinizadoras en el sur de Irán durante la última semana.
La provincia de Hormozgán, situada justo al norte del estrecho de Ormuz, se ha visto especialmente afectada.
Según los medios de comunicación iraníes, seis puentes del distrito de Khamir fueron alcanzados en la madrugada del viernes 17 de julio.
Horas más tarde, hubo más informes sobre ataques contra dos túneles y otros dos puentes en Hormozgán. Se informó de que al menos ocho personas habían fallecido en los ataques contra los puentes.
El Ejército estadounidense también parece haber llevado a cabo los ataques siguiendo un patrón muy deliberado. En la primera oleada, se atacaron puentes al oeste y al norte de la capital provincial, Bandar Abbas.
En una segunda oleada, se dañaron otro puente al este, uno al norte y dos túneles también al norte de la ciudad. Además, se atacó parte de la línea ferroviaria al oeste de Bandar Abbas.
Shukria Bradoost, analista de seguridad internacional de la Universidad Tecnológica de Virginia, en EE. UU., declaró a DW que el principal objetivo estadounidense al atacar el sur de Irán sigue siendo el mismo que antes: "reabrir el estrecho de Ormuz". Sin embargo, señaló que Washington está tratando de ir más allá de la simple eliminación de las amenazas militares directas a la navegación.
El Ejército estadounidense está destruyendo la infraestructura que podría ayudar a Irán a reconstruirse, reposicionarse o mantener la presión militar en la zona, añadió, señalando que esta es la razón por la que puentes, carreteras y líneas ferroviarias se han convertido en objetivos.
Asimismo, advirtió de que Washington podría tomar medidas para hacerse con el control de la estratégica isla de Kharg ―sede de la principal terminal de exportación de petróleo de Irán― en su intento por eliminar la amenaza general que se cierne sobre Ormuz.
Hasta ahora, EE. UU. se ha abstenido de atacar las instalaciones energéticas de la isla, según ha señalado Ahmad Vakhshiteh, director del Centro de Investigación Estratégica sobre el Desarrollo de las Relaciones con Medio Oriente, con sede en Moscú. "Naturalmente, la isla tiene valor siempre y cuando sus instalaciones petroleras sigan operativas y sin daños", declaró a DW.
"Pero la cuestión clave es si Estados Unidos pretende apoderarse de Kharg por la vía militar o si, mediante ataques repetidos, persigue lo que podría describirse como una toma política de la isla", añadió.
No obstante, el analista afincado en Rusia señaló que este tipo de medida provocaría una gran conmoción en los mercados energéticos mundiales, lo que también podría acarrear graves consecuencias para Estados Unidos y para el presidente estadounidense, Donald Trump.
"En general, sin embargo, no creo que Estados Unidos cometa el error de desplegar a sus soldados en la isla de Kharg. Hacerlo lo arrastraría a una guerra de desgaste, que requeriría enormes recursos para mantener el control de la isla antes de que, en última instancia, se viera obligado a retirarse", previó.
Los ataques contra las infraestructuras iraníes en Hormozgán reflejan una contienda más amplia en una nueva fase de la guerra.
Cada puente y túnel derrumbado afecta a la capacidad de Irán para desplazar fuerzas hacia el estrecho de Ormuz, compensar las pérdidas y mantener la presión sobre uno de los puntos estratégicos energéticos más sensibles del mundo.
Sin embargo, mientras la guerra continúe, la Administración Trump se enfrentará a sus propias presiones políticas y económicas, lo que limitará el alcance de su campaña.
Aunque Teherán se enfrenta a presiones similares para buscar un compromiso, también tiene otras consideraciones.
Los dirigentes iraníes parecen creer que, si desapareciera la amenaza para las exportaciones de petróleo, la seguridad energética y el estrecho de Ormuz, la presión externa y el descontento público podrían centrarse en ellos, en lugar de en los enemigos externos.
Desde esta perspectiva, la estrategia de Irán parece menos centrada en la defensa del territorio y más en la supervivencia política del propio régimen.
Fuente: Deutsche Welle

