Ser humilde es una virtud de los grandes.

La humildad es una virtud moral contraria a la soberbia, que posee el ser humano en reconocer sus habilidades, cualidades y capacidades, y aprovecharlas para obrar en bien de los demás, sin decirlo. … Más exactamente, la humildad es la sabiduría de lo que somos.

El poder de la humildad

La humildad no es solo cuestión de mantener una imagen pública agradable para los demás, alejada de la arrogancia. Es, además, un valor que nos ayuda a promover la aparición de cambios a mejor tanto en nuestras vidas como en las de los demás.

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En primer lugar, nos ayuda a nosotros porque su presencia hace que no nos durmamos en los laureles, es decir, que asumamos la fragilidad de nuestros éxitos y el modo en el que un cambio de contexto puede hacer que esos progresos desaparezcan. Dicho de otro modo, nos ayuda a ser previsores y a la vez a reforzar los proyectos que emprendemos, haciendo que los fallos y los contratiempos no nos cuesten tan caros.

Por el otro, este es uno de los valores humanos que favorecen a los demás proporcionándoles motivación. Mantener la humildad supone mostrarse humano en todo momento, de modo que el resto puede identificarse con nosotros con mayor facilidad y será menos probable que se sientan intimidados a la hora de emprender un camino similar.

¿Cómo trabajar la humildad?

Debe cultivarse continuamente

Es una virtud que debe cultivarse continuamente y más aún cuando uno va creciendo materialmente en la vida. Algunas pautas que ayudan a no perder de vista lo realmente esencial y valioso son:

Reconoce tus limitaciones

Reconocer las limitaciones propias con el fin no de tirarse al abandono si no de luchar por superarlas.

No te compares con otros

No compararse con otras personas ya que todos somos distintos. Cuando uno se compara siempre cabe la posibilidad de salir perdiendo.

Respeta la autoridad

Aprender a respetar la autoridad, ya sea natural o impuesta por una jerarquía empresarial. Muchas veces pensamos que sabemos más que nuestro propio jefe. Y puede que sea así, pero la humildad está en saber que precisamente es nuestro jefe. Del mismo modo, debemos reconocer que hay personas que saben más que nosotros y podemos aprender de ellos, así nosotros seamos sus jefes. La autosuficiencia nos hace menospreciar a los demás y nos convierte en soberbios.

No imponerte

En caso tengamos personas a nuestro cargo, ser humilde es no imponerse sobre ellos, sino más bien ayudarles a desarrollar sus talentos para bien suyo y de la empresa. También debemos buscar que esas personas tengan éxitos reconocidos. No hay mejor jefe que aquel que sabe identificar en su equipo el trabajo bien hecho y que ha contribuido a que uno mismo logre los objetivos. Ser humilde es tener la certeza de que uno solo no es quien logra las cosas.

Evitar exceso de perfeccionismo

Cuidarnos del perfeccionismo. Es un enemigo acérrimo de la humildad que más tiene que ver con el deseo inmaduro de colmar expectativas que con el trabajo bien hecho.

No alardear de tus logros

Evitar tirar en la cara del resto nuestros éxitos. No hay nada más detestable que un fanfarrón.

Reconocer nuestras debilidades

Finalmente, la mejor manera de trabajar en ser cada vez más humildes es saber identificar esos ámbitos en los que somos más débiles y podemos caer. Por ejemplo el querer tener cosas mejores que las de los demás, querer ser siempre el primero en todo, entre otros.

La humildad un regalo muy especial

Por la humildad, el hombre reconoce y acepta con sencillez quién es realmente pero sin dejar de lado su grandeza y dignidad, lo que lo aleja de la humillación. Ser humilde es una virtud de los grandes. Por eso es tan difícil hacerse de ella.

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Fuentes

Psicológicamente

Piensa Profundo

The Tabernacle Choir at Temple Square