Qué esperar del reencuentro de Lula con Trump en Washington

Qué esperar del reencuentro de Lula con Trump en Washington

Cuando se reúna con el presidente de Estados Unidos, en un encuentro previsto para el 7 de mayo, Luiz Inácio Lula da Silva encontrará una Casa Blanca muy distinta a la que visitó hace tres años, cuando, en febrero de 2023, fue recibido por Joe Biden.

En esa ocasión, el encuentro fue celebrado como el regreso de Brasil a la escena internacional, tras el mandato de Jair Bolsonaro. La cumbre de esta semana, empero, tiene ambiciones más modestas. Apenas se ha hablado de la posibilidad de normalizar las relaciones bilaterales.

La agenda de los líderes debería incluir temas que no se resolvieron en conversaciones anteriores, como las barreras arancelarias, el acceso a minerales estratégicos, además de asuntos como seguridad pública, entre ellos, la posibilidad de clasificar a grupos brasileños como organizaciones terroristas.

El Gobierno de Brasil parece empeñado en evitar un clima de tensión en vísperas de las elecciones presidenciales de octubre. Pese a haber sido ampliamente difundido, el viaje tardó en oficializarse, un gesto inusual que los analistas interpretaron como temor a una cancelación de último minuto.

El contacto más reciente entre Lula y Trump tuvo lugar en enero, a través de una llamada telefónica. En esa ocasión hubo avances para el presidente brasileño, como el levantamiento de las sanciones contra funcionarios y la reducción de los aranceles comerciales.

Ahora, sin embargo, el escenario es más delicado para Lula, que aspira a la reelección en octubre. En medio de un ambiente preelectoral tenso, en Brasilia se teme que Trump quiera involucrarse más activamente en la contienda electoral brasileña. Lula ha reforzado el discurso de la soberanía nacional frente al impulso intervencionista de Trump, al tiempo que busca mostrarse abierto al diálogo.

En la oposición, el senador y precandidato a la presidencia Flávio Bolsonaro trabaja para acercar al bolsonarismo al universo político de Trump. El parlamentario, de hecho, estuvo en Estados Unidos esta semana.

Según Roberto Uebel, profesor de Relaciones Internacionales en la Escola Superior de Propaganda e Marketing (ESPM), Lula llega a la reunión con el objetivo de demostrar la sinergia existente entre los dos gobiernos y así distanciar al bolsonarismo de Trump.

Pese al tono más cordial, las tensiones diplomáticas persisten. Lula ha adoptado una postura crítica respecto a la guerra con Irán. Además, Brasilia tampoco considera cerrado el tema de los aranceles.

Sin embargo, el principal interés público de Trump ha sido la clasificación del Primeiro Comando da Capital (PCC) y del Comando Vermelho (CV) como grupos terroristas, medida que ampliaría el alcance de las investigaciones transnacionales de Estados Unidos en Brasil, y modificaría la forma en que el país aborda las operaciones de estos grupos en su territorio.

Brasil rechaza la propuesta, pues considera que existen instrumentos más apropiados para combatir el crimen organizado. También existe el temor de que Estados Unidos use este marco para justificar acciones en territorio brasileño.

Para el vicepresidente de Brasil, Geraldo Alckmin, el desacuerdo puede superarse. “En cuanto al crimen organizado, el presidente volverá a presentarle a Donald Trump un acuerdo para el combate de organizaciones criminales transnacionales. Podemos cooperar mucho en ese ámbito, controlando el flujo financiero y realizando investigaciones”, afirmó.

Trump también ha mostrado su interés por acceder a las vastas reservas brasileñas de cobre, níquel, niobio y litio. El asunto es considerado de seguridad nacional y difícilmente quedará fuera de las negociaciones para normalizar las relaciones bilaterales. Antes incluso se sugirió que eran una condición para suavizar el incremento arancelario.

Si el republicano propone un acuerdo de este tipo, Brasil podría poner trabas. En abril, una empresa estadounidense cerró un acuerdo multimillonario para comprar una mina en Goiás, lo que se interpretó como un intento de eludir el diálogo con el gobierno federal.

Además, durante una visita a Alemania ese mismo mes, Lula firmó acuerdos de exploración minera y declaró que el país no va a vetar a socios extranjeros ni establecerá preferencias en la exportación de productos, algo que no es visto con buenos ojos en Washington. Trump ha dicho explícitamente que busca acceso prioritario, en un intento por sortear la competencia china.

Uebel sostiene que la visita indica a Estados Unidos que el gobierno de Brasil está abierto al diálogo y que los minerales críticos son su principal baza. “Lo veo como el único elemento negociador que Brasil puede presentar, sobre todo porque no quiere depender única y exclusivamente de China”, señala.

Otros temas que alguna vez ocuparon un lugar central en las conversaciones entre Lula y Trump han perdido terreno. Un ejemplo es la intervención estadounidense en Venezuela, un asunto que se considera demasiado delicado como para abordarlo en vísperas de elecciones tanto en la potencia norteamericana como en la sudamericana.

Fuente: Deutsche Welle

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