Ocho jefes de Estado de todo el mundo asistirán a Movilización Global Progresista, la cumbre de centroizquierda que tendrá lugar los días 17 y 18 de abril en Barcelona. Convocada por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, la instancia se presenta como una oportunidad para aunar criterios y coordinar una respuesta al auge de la ultraderecha en el escenario político internacional. Servirá también para conformar un frente común ante Donald Trump.
En el encuentro participarán, por parte de América Latina, los presidentes Gustavo Petro (Colombia), Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Claudia Sheinbaum (México) y Yamandú Orsi (Uruguay). También se harán presentes el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa; la primera ministra de Barbados, Mia Amor Mottley, y el ex primer ministro de Suecia, Stefan Löfven. En total, habrá más de 3.000 personas llegadas desde distintos puntos del orbe presentes en la Fira de Barcelona.
La iniciativa busca perdurar en el tiempo, y sus organizadores esperan que se trate del primer paso de algo más grande. “El resultado concreto de esta cumbre serán las relaciones que se forjen en ella. Antes de poder actuar juntos, debemos confiar los unos en los otros, y estas cumbres brindan oportunidades indispensables para construir una comunidad política más allá de las fronteras”, dice a DW David Adler, economista y politólogo coordinador de la Internacional Progresista.
A la vez, en Barcelona también tendrá lugar la VI Reunión en Defensa de la Democracia, donde estarán presentes los ya mencionados presidentes de Brasil, Uruguay, México, Colombia y España, además del expresidente de Chile Gabriel Boric. De esta forma, la ciudad catalana se convertirá, por unos días, en epicentro del progresismo internacional.
Esto ha suscitado algunas controversias, en especial por lo que se estima es una explotación política por parte de Sánchez de sus choques con Donald Trump y Benjamín Netanyahu a propósito de la guerra en Irán. La alianza ultraderechista Foro Madrid publicó un comunicado donde califica el encuentro de “grotesca apoteosis” de la figura del político socialista “en un momento en el que está acorralado por la corrupción”.
“En un escenario geopolítico en el que Estados Unidos, la mayor potencia mundial, decide embarcar al planeta en una guerra, mientras sostiene una militarización sin precedentes en la historia moderna en el Caribe, no solo resulta importante, sino urgente, avanzar hacia formas alternativas de integración global”, explica a DW Francesca Emanuele, politóloga peruana del Center for Economic and Policy Research (CEPR).
Para la experta, la articulación de alianzas entre jefes de Estado y políticos disidentes es determinante para confrontar lo que llama “dinámicas de subordinación global que la administración Trump busca imponer”.
“Las fuerzas progresistas no tienen tiempo que perder. Las cumbres pueden ser necesarias para construir comunidad, pero las crisis que enfrentamos requieren mayor urgencia”, apunta Adler, quien concede que Trump, quien se erige como el principal enemigo del progresismo, ha sido “muy eficaz” a la hora de copar el escenario internacional, “desconcertando a la comunidad con maniobras impredecibles”.
Adler añade que las fuerzas progresistas han tardado en reaccionar, pero reconoce “cierto coraje en Pedro Sánchez al enfrentarse a Trump”.
“Por supuesto, esto aún está en pañales y, por ahora, parece sostenerse principalmente en la voluntad de los actores políticos, por lo que su continuidad dependerá, en buena medida, de que estos se mantengan en el poder”, dice Emanuele, que, sin embargo, valora positivamente la creación de espacios de coordinación que permiten “generar cierto margen de maniobra y capacidad de interlocución colectiva” frente a actores poderosos como Estados Unidos.
En su página web, Global Progressive Mobilisation dice que espera “ofrecer una alternativa necesaria a las fuerzas conservadoras y de extrema derecha”, y que a través de “la unión de regiones y generaciones, defenderemos la democracia y avanzaremos en la justicia social”.
“Es una iniciativa importante para contrarrestar los mismos eventos que está haciendo la extrema derecha global”, señala a DW la doctora en Ciencias Políticas Gabriela Ippolito-O’Donnell, académica de la Universidad Nacional de San Martín, en Argentina. “El efecto del encuentro dependerá de las intervenciones de los invitados”, agrega, pero estima que “todo lo que implique debatir ideas para sostener la democracia y al progresismo suma”.
La presencia en esta cumbre de Lula da Silva, presidente de la principal potencia económica de Sudamérica, abre la puerta a que sea él quien se erija como líder de un movimiento aún en ciernes. Algo así, dice Ippolito-O’Donnell, “sería positivo, porque sin dudas Brasil es el líder de nuestra región por su peso económico”. Sin embargo, ella ve una doble ventaja, pues también serviría a los fines electorales de Lula, “dado la creciente popularidad de Flávio Bolsonaro, el hijo de (Jair) Bolsonaro”, con quien Lula disputará las presidenciales del próximo 4 de octubre.
Otra figura relevante que participará del encuentro es la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Su asistencia, en un raro viaje al extranjero, marca un acercamiento con España, tras las polémicas declaraciones de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, acerca de la conquista. Para la mandataria, el viaje forma parte del “acercamiento distinto” que ha tenido ella con Madrid, y plantea la relación entre ambos países más centrada en la cooperación cultural, académica y política.
Adler está de acuerdo en que la extrema derecha ha realizado cumbres que han servido para forjar redes “donde no solo discuten ideas, sino que también ejecutan planes de acción; por ello, es hora de que las fuerzas progresistas vayan más allá de los apretones de manos, los abrazos, los eslóganes y las declaraciones”.
En un contexto donde el estado de derecho está muy afectado, agrega Emanuele, “cobra sentido la emergencia de encuentros como este, aún carentes de una institucionalidad consolidada, pero que podrían comenzar a sentar las bases de una arquitectura internacional paralela, capaz de responder a los desafíos de un orden global que muestra claros signos de agotamiento”.
Fuente: Deutsche Welle

