Centro de Retención Vehicular El Coco, conocido como el canódromo

El defensor del pueblo, Pablo Ulloa, se reunió la tarde de este martes con el presidente Luis Abinader, con el que conoció, entre otros temas, la situación del Centro de Retención Vehicular El Coco, conocido como el canódromo, luego del incidente ocurrido el pasado lunes.

Ulloa reiteró que dicho lugar, que encabeza la Dirección General de Transporte y Tránsito Terrestre (Digesett), es un ente de corrupción en la República Dominicana, y aseguró que el primer mandatario tiene el interés de que dicha dependencia «se organice administrativamente».

«Se va a buscar una solución. Porque el ánimo del presidente de la República y del defensor del pueblo es justamente que la buena administración se apodere de un espacio que, al momento de fiscalizar un bien, en este caso un motor, tiene que ser retenido pero tiene que ser garantizando el derecho a la propiedad», detalló Ulloa.

Indicó, además que, dentro de los puntos que se hallaron de presunta corrupción, está el contubernio y «una estructura que administra el canódromo».

El defensor del pueblo reiteró su agradecimiento a la prensa y expresó su pesar por lo sucedido la mañana del pasado lunes a lo interno del canódromo.

Respecto a Isabel de los Santos Pérez, la coronel que fue destituida luego del incidente, dijo que la situación no se trata de rango sino de que las autoridades allí a cargo de ese lugar «entiendan» que el defensor del pueblo no tiene que notificar previamente su visita a ese lugar para una inspección.

Las informaciones la suministró Ulloa a su salida del Palacio Nacional, luego de sostener una reunión con el jefe de Estado.

Se recuerda que el pasado lunes 11 de abril, corrieron como pólvora los videos en los que se ve a Ulloa y periodistas de diferentes medios de comunicación siendo agredidos por agentes de la Digesett apostados en el canódromo.

La presencia de Ulloa allí a tempranas horas se debió a denuncia de supuestas irregularidades, por lo que procedió a inspeccionar el lugar para comprobarlo, pero no se lo permitieron.

El defensor del pueblo se empoderó y, junto a los reporteros que cubrían las incidencias allí, entró a exigir explicaciones de las razones por las que no lo dejaban entrar a una oficina del canódromo, a la fuerza. Es ahí cuando inicia el forcejeo, trompadas, patadas y agresiones a periodistas, incluso, a algunos de los cuales les rompieron las herramientas de trabajo.

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