Abdullah al Muhaysini ya no tiene que preocuparse por las sanciones estadounidenses. A finales de agosto de 2026, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos eliminó al antiguo predicador yihadista de la lista SDN (Nacionales con Designación Especial). Esta lista de la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros) incluye a personas y organizaciones cuyos activos en Estados Unidos son congelados y no pueden realizar negocios con estadounidenses.
Durante la guerra civil en Siria, Abdullah al Muhaysini sirvió, entre otras funciones, como asesor religioso del Frente Al Nusra, la rama siria de la organización terrorista islámica Al Qaeda.
Al Muhaysini es conocido por reclutar combatientes y participar en la construcción de Al Nusra como una estructura de poder en Siria. Ahora, Washington retiró la designación de esa organización como terrorista. Al Nusra, que cambió su nombre a Hayat Tahrir al Sham (HTS), también fue eliminada de la lista SDN. Su exclusión de la lista está relacionada con la nueva política estadounidense hacia Siria.
Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre, llama la atención que Al Qaeda no haya desaparecido, pero tampoco es la misma organización que era entonces. Su núcleo central se ha debilitado, mientras que sus filiales regionales continúan siendo operativamente fuertes en partes de África y Asia. Además, la dirección central y sus ramas regionales se han ido distanciando cada vez más.
"Debemos abandonar la visión eurocéntrica", afirma el islamólogo Rüdiger Lohlker. Según él, Al Qaeda y otras organizaciones yihadistas siempre han tenido una presencia mucho más significativa fuera de Europa y Estados Unidos de lo que parece desde la perspectiva occidental.
Hoy esto es especialmente evidente en África. En el Sahel, la poderosa alianza de grupos vinculados a Al Qaeda conocida como Jamaat Nusrat al Islam wal Muslimin (JNIM, Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes) se ha consolidado como una fuerza importante. En Somalia, Al Shabaab, estrechamente vinculada a Al Qaeda, mantiene una fuerte presencia. En Yemen , Al Qaeda continúa activa en la Península Arábiga (AQAP). Afganistán también sigue siendo un refugio para la organización.
Sin embargo, Al Qaeda actúa cada vez menos bajo su propio nombre. Lars Berger, profesor de estudios sobre terrorismo en la Universidad Federal de Ciencias Aplicadas de Alemania, atribuye este fenómeno principalmente al éxito de la lucha antiterrorista después de 2001. La intervención militar en Afganistán y la cooperación entre los servicios de inteligencia y las fuerzas policiales debilitaron considerablemente al grupo.
"Desde esta perspectiva, los atentados del 11 de septiembre fueron un gran fracaso estratégico para Al Qaeda", declara Berger a DW. Además, no lograron la radicalización del mundo árabe ni la caída de los regímenes de la región, objetivos esperados por la organización islamista. Aproximadamente diez años después de los atentados de Nueva York y Washington, en mayo de 2011, fue abatido Osama bin Laden, el rostro más conocido de Al Qaeda.
Posteriormente, Al Qaeda se reorganizó. "La milicia buscó zonas donde establecerse de forma permanente, especialmente en partes de África y en Yemen", explica Berger. Las condiciones más favorables se encuentran en Estados con instituciones débiles, fuerzas de seguridad desbordadas y conflictos locales sin resolver.
Con el paso de los años, la estrategia de Al Qaeda también ha cambiado. Berger observa un "giro estratégico": se ha pasado del ataque directo al denominado "enemigo lejano" al fortalecimiento de estructuras locales.
"Ahora vemos un intento de actuar de manera alternativa e incremental: en lugar de espectaculares actos de violencia ordenados desde la cúpula, se apuesta por acciones más pequeñas y con una dinámica más local."
En el Sahel, esto significa formar alianzas locales, ganar influencia dentro de las comunidades y controlar territorios. El Critical Threats Project describe esta evolución como un proceso de "localización".
Hoy la organización se enfrenta a la cuestión de si será capaz de reemplazar a su generación envejecida de militantes.
Eso es posible, dice Behnam Heidenreuter-Said a DW. Según el experto en terrorismo de la Academia de Policía de Hamburgo, la marca de Al Qaeda se está desvaneciendo progresivamente, especialmente en Europa, donde el yihadismo militante ha perdido atractivo. Sin embargo, las ideas yihadistas no han desaparecido; lo que ha perdido Al Qaeda es su antigua capacidadpara movilizar a grandes cantidades de jóvenes.
El núcleo central de Al Qaeda es débil, pero sus filiales regionales no lo son. En particular, JNIM, Al Shabaab y AQAP siguen siendo capaces de ejercer una influencia significativa en Estados frágiles.
Heidenreuter-Said señala un importante dato: "Todos coinciden en que hoy en día hay poca información sobre Al Qaeda. Simplemente no se sabe qué está haciendo en este momento."
Veinticinco años después del 11-S, Al Qaeda no ha desaparecido, pero tampoco es la organización que fue en el pasado. Ha perdido en gran medida su protagonismo en el escenario global y ha aprendido a sobrevivir a nivel local. No puede descartarse que Al Qaeda logre afianzarse durante suficiente tiempo en Estados débiles que le permita pasar de ser una organización terrorista para convertirse en un poder político y militar duradero.
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Fuente: Deutsche Welle

