Zelenski y Vucic juntos en un campo minado político

Zelenski y Vucic juntos en un campo minado político


El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, y su homólogo serbio, Aleksandar Vucic, se han reunido en varias ocasiones, sobre todo en conferencias multilaterales, la más reciente, el 15 de julio de 2026 en Kiev. Pero Zelenski nunca ha estado en visita oficial en Belgrado. Cuando desembarque allí este sábado (8.8.2026), a él y a su anfitrión les espera un paseo por un terreno político minado. Serbia es considerado el país más favorable a Rusia en Europa.

Recientemente ha habido muchas señales de un acercamiento entre Belgrado y Kiev. La primera dama ucraniana, Olena Zelenska, ya estuvo en Belgrado hace dos años, pero la visita del presidente ucraniano ha sido pospuesta varias veces.

Para Vucic, que ha gobernado Serbia durante 14 años, la visita es un acto de equilibrio antes de unas decisivas elecciones parlamentarias. Según las encuestas, la mayoría de los votantes leales de Vucic están del lado de Rusia y se oponen a la adhesión de Serbia a la Unión Europea. Los medios progubernamentales, como el periódico propagandístico Informer, están fomentando abiertamente el apoyo a Moscú en su guerra contra Ucrania.

Sin embargo, Vucic presenta la visita de Zelenski casi como rutinaria: "Tenemos varios temas importantes. Uno es el camino europeo de Ucrania y Serbia, otro es nuestra cooperación bilateral y energética", afirmó recientemente.

Según los observadores, la reunión beneficia a ambos jefes de Estado. "Zelenski necesita cualquier cosa que suponga una especie de bofetada a Putin. Esto también se aplica a la Unión Europea, que sin duda desempeñó un papel en esta reunión", afirma el analista político y encuestador Djordje Vukadinovic.

Por otro lado, Vucic quiere "simular la máxima disposición a cooperar con la UE", especialmente después de ver el destino de Viktor Orban. "En esta parte de los Balcanes, Bruselas aún tiene suficientes zanahorias y palos, y Vucic no puede permitirse ninguna reprimenda de Bruselas antes de las próximas elecciones", explica Vukadinovic a DW.

Zelenski también tiene razones concretas para su viaje. A pesar de la postura prorrusa de Serbia y el rechazo a las sanciones contra Moscú, grandes cantidades de proyectiles serbios de artillería fueron entregados a Ucrania a través de intermediarios. El Financial Times estimó ya en 2024 que el valor de este armamento había alcanzado casi mil millones de euros.

Este secreto a voces incluso ha recibido confirmación oficial. Christopher Hill, un peso pesado de la diplomacia estadounidense, que recientemente puso fin a su carrera como embajador en Belgrado, relató con franqueza cómo puso en contacto al Ejército ucraniano y a la industria armamentística serbia.

"Estados Unidos comenzó a apoyar la compra de cantidades significativas de munición serbia, que sabíamos que era urgentemente necesaria en Ucrania", dijo Hill al diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung. Oficialmente, países como la República Checa y Polonia compraron las armas y luego las enviaron a Ucrania.

Según ese periódico, entre bastidores incluso se habla de construir una fábrica conjunta de drones, con el conocimiento ucraniano, trabajadores serbios y capital de los Emiratos Árabes Unidos. Supuestamente, la gente de Zelenski ya ha visitado en secreto posibles ubicaciones.

"Ucrania está intentando ampliar el círculo de sus socios en Europa, incluidos aquellos Estados que no han impuesto sanciones a Rusia", afirma Srdjan Majstorović, del think tank European Policy Centre, con sede en Belgrado. "Al mismo tiempo, Serbia tiene una industria de defensa cuyos productos tienen un significado concreto para el esfuerzo bélico ucraniano".

Aunque la narrativa de la "hermandad ortodoxa" con Rusia sigue cultivándose en Serbia, el Kremlin hace tiempo que ha empezado a mostrar abiertamente su descontento con Vucic.

Esto es especialmente evidente en el suministro de gas, la poderosa herramienta que Rusia tiene para apretar las tuercas a sus socios. Recientemente, Serbia solo ha recibido contratos a corto plazo, lo que aumenta la incertidumbre económica y sacude el modelo económico de Vucic, consistente en atraer inversores extranjeros con mano de obra barata y bajo costo de la energía.

Por eso, para algunos observadores, Serbia no tiene más remedio que seguir esta política pendular entre Moscú y la UE, el socio comercial más importante de Belgrado con diferencia.

El analista político Vukadinovic lo ve de otra manera: "Los observadores superficiales encasillan los pasos de Vucic como 'pro-UE' o 'prorrusos'. Pero ambos conceptos son igualmente errados: él simplemente evalúa dónde está en mayor peligro y de dónde proviene el mayor beneficio, con el objetivo último de perpetuarse en el poder para siempre".

Para Vucic, la situación es ahora realmente delicada. Las protestas estudiantiles, que comenzaron a finales de 2024 tras el derrumbe de la marquesina de la estación de tren en Novi Sad, en la que murieron 16 personas, han hecho que el resultado de las elecciones, que se espera que tengan lugar en otoño, sea completamente impredecible. Los manifestantes acusan al gobierno de corrupción y fracaso en la gestión estatal. Algunas encuestas incluso colocan al movimiento a la cabeza.

Por ello, los críticos de Vucic temen una manipulación electoral a gran escala: regalos para los votantes, presión sobre empleados del sector público o incluso la "importación" de votantes de la vecina Republika Srpska, parte de la vecina Bosnia y Hezegovina.

Las críticas a Vucic desde Bruselas han sido hasta ahora contenidas y contradictorias. "Es muy posible que la visita de Zelenski y la cooperación serbia con Kiev sean utilizadas por algunos Estados miembros de la UE y por la Comisión para profundizar las negociaciones de adhesión con Serbia, en un momento en que las razones geopolíticas están prevaleciendo injustamente sobre los criterios en el ámbito del Estado de derecho", advierte Majstorovic.

Al final, Vucic también tiene una carta ganadora para sus propios votantes, que utiliza cada vez que se encuentra con Zelenski en alguna cumbre: Ucrania (al igual que Rusia) no ha reconocido la independencia de la antigua provincia serbia de Kosovo. Y eso siempre cuenta es bien recibido en Serbia.

Fuente: Deutsche Welle

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