¿Vuelve la «mano dura» frente al narcotráfico en Colombia?

¿Vuelve la «mano dura» frente al narcotráfico en Colombia?

Abelardo de la Espriella es el ganador, a falta del recuento final, de las presidenciales en Colombia y ha anunciado ya una "nueva era" en el país. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebró su victoria y dijo tener ganas de "trabajar conjuntamente para construir una relación poderosa" entre ambos países.

Su secretario de Defensa, Pete Hegseth, se unió con un mensaje en X a las felicitaciones e invitó a De la Espriella a "revitalizar la alianza militar entre nuestros dos países" para combatir el narcotráfico y las organizaciones criminales de la región, apuntando a uno de los primeros ámbitos en los que se pretende materializar esa revitalizada relación.

Para Víctor Mijares, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Los Andes, la victoria de Abelardo de la Espriella "podría significar, ateniéndonos a lo que ha dicho en campaña, una política de coordinación muy estrecha con la política antinarcóticos de los Estados Unidos en el marco, sobre todo, de la Operación Lanza del Sur, que sigue en marcha". "Estamos entonces ad portas de una política mucho más intensa y mucho más agresiva en materia de antinarcóticos", augura.

El también colaborador del GIGA en Hamburgo prevé no solo una intensificación de la cooperación bilateral con Estados Unidos, sino también con otros países de la región. "Muy especialmente, creo yo, con el Ecuador de Noboa", pone como ejemplo. "Es posible que el país ingrese al Escudo de Las Américas, esta iniciativa antinarcóticos multilateral a la cual Colombia no fue invitada en su primera reunión", comenta Mijares a DW. "Posiblemente, veamos también una mayor cooperación entre agencias latinoamericanas bajo la coordinación de la DEA y otras agencias de Estados Unidos", añade el experto.

El politólogo e historiador Petrit Baquero considera la situación "más complicada" de lo que parece. En primer lugar, según explica, por la supuesta relación de De la Espriella con narcotraficantes como Rafael 'el Mono' Abello o Micky Ramírez. "Es una persona que ha tenido, cuanto menos, una relación ambigua con el narcotráfico y se especula que gran parte de su fortuna proviene de esos vínculos con narcotraficantes a los cuales asesoraba", asegura Baquero a DW.

Pero también, en segundo lugar, porque la propia postura de De la Espriella respecto al narcotráfico ha ido cambiando, hasta que "abrazó, para mí de forma oportunista, las ideas de la derecha dura durante la campaña". "Él estaba a favor del acuerdo de paz, de la justicia transicional e incluso hablaba bien de Petro", explica Baquero. "Ahora en la campaña salieron a relucir declaraciones en las que decía una cosa y, al abrazar a la extrema derecha, resultó diciendo otra cosa", recuerda.

Baquero, autor también de varios libros sobre el crimen organizado en Colombia, incluido un monográfico sobre el Cártel de Medellín, pone como ejemplo la propuesta de De la Espriella de ofrecer un pacto a los narcotraficantes para que puedan conservar un 10 por ciento de su riqueza ilícita a cambio de entregar el resto, abandonar las armas y cumplir una pena menor.

Según Baquero, no obstante, esta "ambigua relación" con el narcotráfico podría hacer que De la Espriella se lance con más fuerza a las políticas de "mano dura" contra el crimen organizado. "Si hay un gobernante que no le gusta a Estados Unidos, que presenta ciertos índices de rebeldía, lo acusan de narcotraficante, sea o no sea verdad", afirma Baquero, recordando los casos de Noriega o, más recientemente, Nicolás Maduro, juzgado en Nueva York, aunque también podría incluirse aquí en algún momento al propio presidente colombiano saliente, Gustavo Petro.

"Como Estados Unidos conoce seguro la ambigüedad de un personaje como Abelardo de la Espriella con respecto al narcotráfico y los narcotraficantes, sabe que puede presionar para que este actúe de la forma más obedientemente posible", subraya Baquero. Para él, que no olvida la "doble moral" mostrada con el indulto al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, "evidentemente, y lo dijo en campaña, De la Espriella va a darle carta blanca a Estados Unidos para que intervenga". Lo hará así, prosigue el experto, en gran parte para evitar que se le echen en cara sus vínculos pasados como defensor legal de narcotraficantes y paramilitares.

Baquero recuerda, en este sentido, el ejemplo del entonces presidente Julio César Turbay, abuelo del precandidato asesinado en esta campaña, Miguel Uribe Turbay, que fue señalado en 1978 de tener vínculos con traficantes de marihuana durante la época de la "bonanza marimbera". Para desmarcarse de las acusaciones, ordenó grandes erradicaciones de cultivos con el herbicida paraquat, similar al actual glifosato, aunque más tóxico.

Para el profesor Víctor Mijares, "hay un falso debate, una falsa dicotomía, entre aquella propuesta según la cual hay que atacar las causas socioeconómicas que conducen al narcotráfico y, por otra parte, la política más bien de mano dura y de acción militar inmediata". "Yo creo que eso es un falso dilema, uno no puede elegir entre una y la otra", explica.

Sin dejar de reconocer que la política tiene que considerar "la creación de incentivos estructurales económicos importantes para que el negocio del narcotráfico, que es tan rentable, pueda ser sustituido", no se puede, según él, renunciar a la persecución policial contra las bandas del narcotráfico para obtener resultados concretos a corto plazo. "Yo creo que para eso sí se va a necesitar la fuerza", sentencia Mijares.

"Además, estamos hablando de Colombia", recuerda. "Colombia no es cualquier Estado latinoamericano o en el mundo con un problema de drogas… estamos hablando de un Estado en donde la droga financia grupos criminales que tienen un enorme poder de fuego y ponen en jaque a la democracia", añade Mijares. Las organizaciones armadas, de hecho, se han reforzado y cuentan con más efectivos incluso que antes de la firma del Acuerdo de Paz en 2016: se calcula que un total de 27.000 integrantes , según la Fundación Ideas para la Paz, forman parte de estos grupos, que han incorporado sólo el año pasado 5.000 nuevos reclutas.

Y también han aumentado las zonas donde están presentes. Efectivamente, el mapa de la presencia de grupos armados organizados en Colombia de la Fundación Pares muestra un reguero de puntos que cubren prácticamente toda la geografía colombiana, con zonas de mayor concentración, como el Catatumbo, donde De la Espriella prometió durante la campaña una ofensiva para recuperar el control en 90 días. "El fracaso de la 'paz total', que es uno de los grandes fracasos del Gobierno de Petro, se debe a eso, a que estamos ante un entorno completamente atomizado, que es prácticamente inmanejable", admite Baquero.

Él coincide con Mijares en que no hablamos de un país cualquiera, pero no está de acuerdo en apostar por las políticas de mano dura, sino por una paulatina legalización. "Mientras tanto, la criminalidad, la delincuencia, los muchos males que está generando la prohibición son mayores que los que generan las drogas por sí solas", afirma Baquero.

Él recuerda que el entonces presidente estadounidense Richard Nixon declaró la "guerra a las drogas" en 1971, continuada después por Reagan y otros presidentes y reimpulsada ahora por Trump. Y, desde entonces, a pesar de grandes éxitos puntuales, Colombia sigue siendo el mayor productor mundial de cocaína y de hoja de coca. "Es decir, estamos apelando a la misma fórmula fracasada, buscando resultados diferentes", señala.

Fuente: Deutsche Welle

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