Las negociaciones de la oposición de Venezuela con el chavismo para allanar el camino a una transición democrática, cuya primera fase se extendió del 6 al 12 de agosto, se realizan bajo la tutela de Estados Unidos. Se prevé una segunda fase a mediados de septiembre.
Washington eligió a Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015, la última que EE. UU. reconoció como legítima, para liderar el proceso, dejando afuera a la líder y Premio Nobel de la Paz María Corina Machado, exiliada en Panamá, y a Edmundo González Urrutia, quien, según las actas recopiladas por la oposición y de acuerdo con organismos internacionales, ganó la elección presidencial del 28 de julio de 2024.
¿Está este diálogo marcado por la división de la oposición al chavismo o será posible dar pasos concretos hacia elecciones libres en Venezuela?
"Todo apunta a que la oposición venezolana, en sus diversas expresiones, va a tener mejores condiciones para participar y actuar", dice a DW Guillermo Tell Aveledo Coll, politólogo y profesor de la Universidad Metropolitana de Caracas. "Pero recordemos que todo este proceso no ocurre debido a una acción opositora, ni por propia voluntad del gobierno o por presión de la oposición, sino debido a una acción externa".
En cuanto a la figura de María Corina Machado, "si esta mesa de negociación no tuviera éxito, eso no salpicaría a Machado. Por otro lado, si tuviera buenos resultados, eso sería beneficioso para el movimiento de María Corina Machado sin duda alguna", complementa Aveledo. Pero "a la vez, hay vasos comunicantes", matiza, "puede haber modos de que Machado tenga influencia sobre ella".
Luis Salamanca, abogado y profesor de la Universidad Central de Venezuela, aclara a DW que, lejos de interferir en la mesa, "Machado dijo que su ausencia no era un obstáculo y que iba a seguir atentamente lo que ocurriera allí". Para Salamanca, está claro que Machado, que ha soportado toda la persecución política, "va a ser candidata presidencial si se producen todas las modificaciones institucionales que se están elaborando actualmente".
Desde el chavismo del siglo XXI, siempre ha habido una "división" de la oposición en tres sectores, explica Salamanca: "Un gran sector mayoritario representado por Machado, la Plataforma Unitaria Democrática, y otros partidos que se configuran para las elecciones de 2024. Luego están la oposición que se ha repotenciado, de Primero Justicia (PJ) y de Voluntad Popular (VP), este último relanzado por el papel protagónico que tiene Dinorah Figuera. Y el tercer sector son los partidos minoritarios, que hacen ruido, pero al final, en elecciones, obtienen porcentajes irrisorios, no tienen arraigo en la ciudadanía. Los partidos opositores se critican y se pelean, pero se recomponen cuando hay elecciones". El liderazgo de Machado es el que sigue siendo "más sólido", a pesar de que "no ha podido movilizar a la oposición en el interior de Venezuela".
El partido Primero Justicia, liderado por Henrique Capriles, y el partido Voluntad Popular, con Leopoldo López y Juan Guaidó, quien es perseguido por el régimen, están "intervenidos judicialmente por el Estado por razones políticas, debido a la estrategia del régimen venezolano para neutralizar y sacar de juego a la oposición, como suelen hacer los regímenes autoritarios", sostiene, además de acentuar la división.
"Una de las causas de esa división es que la oposición sigue estando muy limitada por la represión de los últimos años", coincide Aveledo. Sin embargo, "en esta mesa de negociaciones hay delegados de Machado, gente que la ha apoyado en las elecciones primarias, y que apoyaron la candidatura de González Urrutia, así que allí esa fragmentación no es tan marcada", subraya.
María Corina Machado ha sido la figura con mayor convocatoria popular dentro del campo opositor, con una red política más amplia que supera a Vente Venezuela, construida durante la campaña electoral de 2024.
A pesar de las críticas a su exclusión, para Guillermo Aveledo la mesa no se esté realizando a espaldas o en contra de Machado: "Este proceso de Caracas de transición hacia la democracia está hecho en el espíritu y la orientación del Acuerdo de Panamá. Tiene al liderazgo de Machado como medio, no como fin", aclara. "El fin es la transición a la democracia".
A juicio de Luis Salamanca, incluir en las negociaciones, como reclaman los sindicatos, los temas socioeconómicos que aquejan a la población venezolana y el deterioro del país ralentizarían las negociaciones. "Lo primero es crear las condiciones para unas elecciones lo más democráticas posibles”, recalca.
"Ahora bien", advierte, "si el proceso terminara con que no hay una organización a nivel político, o con una postergación indefinida de las elecciones, entonces sí habría que hacer reclamos". En cuanto a las críticas, opina que "son un recordatorio de que se espera que las concesiones que habrá que hacer no sean tantas".
"Es muy probable que en los próximos meses veamos una reconfiguración de la oposición en torno a nuevos temas de divergencia. Lo que ha unido la oposición durante varias décadas es el final de la Revolución Bolivariana. Con ese final empezarán a surgir otras diferencias ideológicas programáticas. Los partidos más conservadores tendrán que alinear pactos de carácter más regional, volviendo a su base", pronostica Aveledo.
De cara a las críticas de partidos y sindicalistas en contra de la intervención de EE. UU. en estas negociaciones, Salamanca afirma que "no van a cambiar el camino hacia la transición, que comenzó el 3 de enero. Lo importante es que se respete la Constitución para la elección de los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, y para la elección de los rectores del Consejo Nacional Electoral".
Para él es importante destacar lo atípico de esta transición: "Tenemos elementos democráticos que han sobrevivido: nuestra Constitución actual. Con ella y con la participación de los partidos que ahora están judicializados se puede avanzar hasta llegar a una estabilización. La memoria democrática de Venezuela todavía es muy fuerte".
En cuanto a los temores de que la situación implique un fortalecimiento y una continuidad del chavismo, Aveledo espera que suceda lo contrario: "El cambio de reglas, la posibilidad de participación, la disminución creciente de la censura apuntan hacia que tendremos una dinámica política distinta que va a ser de apertura democrática. Esto va a traer en sí mismo sus propios problemas. Pero soy optimista en ese sentido".
Una estrategia común entre Machado y González Urrutia podría ser más exitosa, opina, "porque la posibilidad de éxito divididos, no tanto numéricamente sino organizacionalmente, es menor". "Mientras más haya facciones -más aún teniendo en cuenta nuestro sistema electoral- es más probable que las reglas favorezcan a la facción más grande que a las pequeñas. Y en eso todavía el Partido Socialista Unido tendría una leve ventaja, seguido por Vente Venezuela, si las elecciones son legales y libres".
"Por eso no se trata solamente de generar un sistema político sano. Mientras más socios de la democratización haya, mejor".
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Fuente: Deutsche Welle

