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Opinión por Tirso Mejía-Ricart

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Terminó el año 2018, con un legado de innovaciones tecnológicas, crecimiento desordenado, corrupción galopante, delincuencia desenfrenada, populismo descarnado y control antidemocrático de las instituciones políticas que lo arropan casi todo y amenazan con hundir al país en una crisis económica, política y social de grandes proporciones, de la cual difícilmente podremos recuperarnos como pueblo.


La situación dominicana no está desligada en lo absoluto de la que enfrenta el mundo en la actualidad, efectivamente, el triunfo del capitalismo que implicó la caída del llamado socialismo real de la Unión Soviética y el este de Europa, que no pudo resistir el desarrollo tecnológico de la postguerra en Occidente, facilitado por la iniciativa privada y las libertades individuales, trajo consigo también el desarrollo económico en China, el Asía Oriental, parte del Medio Oriente y la propia Rusia. Pero al mismo tiempo éste generó el debilitamiento de los sindicatos y de las demás fuerzas partidarias del progreso social.


Estas circunstancias, junto a los extraordinarios avances de la tecnología y la informática que han privilegiado a las grandes empresas y a los innovadores, han concentrando en el 1% de la población gran parte de las riquezas del orbe y una marginalidad creciente de la mitad de la población; lo que ha producido al mismo tiempo un proceso de la globalización del comercio y la industria en torno a empresas todopoderosas que provienen de los grandes países industrializados.


Al iniciarse el año 2019, la República Dominicana a su vez enfrentará una situación, en la que se está produciendo, o más bien agudizando un proceso de concentración de los ingresos en torno a unas pocas grandes empresas, la desnacionalización de las dominicanas y la híper centralización de la actividad económica y política en torno al Gran Santo Domingo, todo lo cual está generando grandes desigualdades sociales y regionales que constituyen un serio peligro para la paz social de la nación.


No obstante, como en nuestro país hay una mayor estabilidad financiera y social, comparada con el desastre social y ecológico de la generalidad de los países del Caribe, así como el auge del terrorismo en muchos de los países con destinos turísticos en el Medio Oriente y África, y el mejoramiento de las comunicaciones dentro del país, ha llevado a los grupos pudientes, lejanos de la capital y Santiago, particularmente los más jóvenes, a mudarse parcial o totalmente a dichos centros urbanos, particularmente en torno al Gran Santo Domingo, en donde un creciente número de ciudadanos del Gran Caribe, además de españoles, italianos y de otros países europeos, se han instalado, no pocos con gran capital, así como también oportunistas y delincuentes.


Pero la macro corrupción que desató el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), en el poder despótico casi ininterrumpido desde el 1996, y la impunidad que la ha acompañado, así como los déficits presupuestarios acumulados, hacen palpable la inminencia de una crisis mayor en la nación y con cambios subsecuentes en los órdenes político y económico.

Fuente Hoy Digital


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