La primera visita del presidente ruso, Vladimir Putin, a una de las disputadas islas Kuriles, situadas frente al extremo norte de Japón, provocó la semana pasada una rápida y airada reacción de Tokio.
La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, afirmó en una publicación en redes sociales que la visita de Putin era "absolutamente inaceptable" y se refirió a las islas, que Japón denomina "Territorios del Norte", como "territorio inherentemente japonés".
En respuesta, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia afirmó que las islas son una "parte integral" de Rusia.
Las islas Kuriles fueron ocupadas por tropas soviéticas dos semanas después de la rendición oficial de Japón, que puso fin a la Segunda Guerra Mundial el 15 de agosto de 1945. Sus 17.300 habitantes japoneses fueron obligados a abandonar las islas durante el año siguiente.
Putin recorrió una escuela, un hospital e instalaciones industriales en la isla de Iturup, que Japón denomina Etorofu. La visita tuvo lugar apenas dos días antes del 81.º aniversario de la rendición japonesa al término de la Segunda Guerra Mundial.
"Este fue claramente un mensaje para Japón", afirmó James Brown, profesor de Relaciones Internacionales especializado en asuntos rusos en el campus de Tokio de la Universidad de Temple.
"Rusia está molesta por el apoyo de Japón a Ucrania y por los vínculos más estrechos que Tokio ha venido estableciendo con los miembros europeos de la OTAN", dijo a DW.
"Así que existe un claro deseo de castigar a Japón", señaló. "Pero también hay un componente interno (…), ya que una visita como esta puede generar apoyo patriótico entre rusos de todas las tendencias políticas".
Los sucesivos gobiernos japoneses han sostenido de manera consistente que las islas fueron anexadas ilegalmente. La disputa ha afectado de tal manera las relaciones bilaterales que ambos países aún no han firmado un tratado de paz formal.
El colapso de la Unión Soviética en 1991 y las dificultades económicas posteriores reavivaron en Japón la esperanza de que se pudiera convencer a Moscú de devolver las islas a cambio de asistencia económica o incluso del desarrollo conjunto de la región.
El ex primer ministro japonés Shinzo Abe fue posiblemente el líder japonés que más activamente abordó la cuestión. Se reunió en varias ocasiones con Putin en un intento por convencer al mandatario ruso de aceptar la posición de Japón.
Sin embargo, todos esos esfuerzos diplomáticos resultaron infructuosos. En 2020, Rusia modificó su Constitución para prohibir la cesión de cualquier parte del territorio ruso a una potencia extranjera. Las relaciones de Moscú con Japón se deterioraron aún más tras la invasión rusa a gran escala de Ucrania en febrero de 2022.
Toshimitsu Shigemura, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Waseda, en Tokio, dijo a DW que estos últimos acontecimientos representan un nuevo golpe para las aspiraciones de Japón respecto de las islas.
"Tokio ya convocó al embajador ruso y presentó una protesta diplomática formal, pero ya existen sanciones por la guerra en Ucrania y creo que a Japón le resultará difícil imponer más", afirmó Shigemura.
"Japón importa energía rusa y, debido a la situación con Irán, eso se ha vuelto aún más importante, lo que deja a Tokio en una posición relativamente débil", agregó.
Shigemura considera que Putin —posiblemente en coordinación con China y Corea del Norte— intenta debilitar a la primera ministra japonesa Takaichi debido a la firme postura que ha adoptado en materia de seguridad regional. Añadió que Putin es consciente de que el respaldo a Takaichi en los sondeos internos está disminuyendo y probablemente calcula que la líder japonesa no responderá con mayor contundencia que mediante una protesta.
Asimismo, Shigemura estima que la reforma de la Constitución rusa y el creciente sentimiento nacionalista, alentado por la propaganda estatal, hacen en la práctica "imposible" que las islas vuelvan a estar bajo control japonés.
"Puede que Putin esté débil ahora, pero está cooperando con China y Corea del Norte para desafiar a Takaichi, que tiene pocas opciones", afirmó. "E incluso después de que Putin se haya ido, un nuevo Gobierno ruso no tendrá interés en devolver las islas".
Brown coincidió y señaló que, aunque algunos "comentaristas exaltados" en Japón verán la eventual salida de Putin del Kremlin como una oportunidad, quienquiera que termine controlando Rusia, difícilmente adoptará una posición acorde con los intereses territoriales de Japón.
"No ocurrió con el colapso de la Unión Soviética ni durante todas las dificultades económicas que Rusia atravesó posteriormente, así que no veo que ningún nuevo líder ruso que llegue al poder contemple la posibilidad de devolver las islas", concluyó.
Fuente: Deutsche Welle

