Ha pasado más de un año desde que las fuerzas ucranianas capturaron a dos soldados norcoreanos en Kursk, Rusia, pero el destino de los dos hombres aún está en juego, mientras activistas acusan al Gobierno de Corea del Sur de lavarse las manos.
Los hombres han solicitado ser reubicados en Corea del Sur. En Corea del Norte, podrían ser castigados por haber sido atrapados con vida. “No sobreviviré. Todos los demás se inmolaron. Yo fracasé”, dijo uno de los soldados al periódico surcoreano Hankook Ilbo.
La ONU también ha intervenido en el asunto. El relator especial de Naciones Unidas sobre el historial de derechos humanos de Corea del Norte declaró en febrero que Ucrania debería seguir el protocolo internacional y no enviar a prisioneros de guerra a un lugar donde corran el riesgo de ser torturados.
“Les agradecería que me aceptaran. Si no, no puedo hacer nada”, dijo un soldado, según el periódico surcoreano. Activistas y desertores norcoreanos explican a DW que la doctrina militar norcoreana prohíbe terminantemente la rendición de sus soldados.
“El régimen dijo a sus soldados que se suicidaran si todo indicaba que iban a ser capturados en Ucrania”, cuenta a DW Kim Eujin, quien huyó de Corea del Norte cuando era adolescente, en la década de 1990. “Esos dos hombres no siguieron esas órdenes”, dice Kim, “y no murieron, aunque lo hayan intentado”.
“No sabemos cómo responderá el régimen a los soldados que no siguieron la orden de suicidarse en lugar de ser capturados, porque eso nunca ha sucedido antes”, prosigue Kim. “Pero supongo que los considerarán traidores”, dice. “Y no solo ellos: sus familias también serán castigadas”.
Al parecer, los hombres han dicho que no tenían miedo del combate en Ucrania, pero sabían que sus familias podrían tener problemas si los atrapaban con vida, debido a la doctrina que Pyongyang les había inculcado: “Un desertor trae castigo a tres generaciones”.
“Históricamente, durante y después de la Guerra de Corea, los prisioneros de guerra que regresaban fueron sometidos a trabajos forzados y clasificados como elementos hostiles”, señala a DW Peter Oh, de la Asociación Coreana Libre, que tiene como objetivo ayudar a los refugiados norcoreanos en Estados Unidos.
“Es probable que estos detenidos teman consecuencias similares si regresan”, apunta Oh. “Es posible que haya repercusiones contra sus familias”, confirma. “Aunque también es posible que el Gobierno norcoreano no tome medidas extremas contra ellos para evitar el escrutinio internacional”.
Según el artículo 3 de la Constitución de Corea del Sur, los norcoreanos todavía son considerados ciudadanos del Sur y se les permite vivir en el Sur. Pero lo cierto es que ha transcurrido más de un año desde que los dos soldados fueran retenidos y el Gobierno de Corea del Sur parece poco dispuesto a aceptarlos.
“El retraso se debe a los complejos enredos jurídicos y diplomáticos internacionales que involucran a Ucrania, Rusia, Corea del Norte y Corea del Sur”, explica Oh. “Aunque el Gobierno de Corea del Sur ha expresado su interés general, no ha tomado medidas directas”, agrega Oh. “Probablemente, debido a las sensibles implicaciones geopolíticas”, opina.
En estos momentos, el presidente surcoreano, Lee Jae Myung, parece ansioso por mejorar las relaciones con Pyongyang, dice Oh, y recuerda el artículo 4 de la Constitución de Corea del Sur, centrado en las “relaciones pacíficas con el Norte”. “Nuestra posición es que, independientemente de la interpretación constitucional, los soldados tienen derecho a buscar asilo en Corea del Sur o en un tercer país según su libre voluntad”, dice.
Las conversaciones entre Seúl y Kiev sobre el destino de los soldados parecen haberse estancado. El 9 de febrero de 2026, el Instituto Coreano para la Unificación Nacional publicó un informe que afirma que “la comunicación directa entre los líderes de Corea del Sur y Ucrania es esencial” para romper el estancamiento. Sin algún tipo de acuerdo, Ucrania podría verse obligada a entregar los hombres a Rusia.
Corea del Norte aún no ha hecho comentarios públicos sobre los dos prisioneros de guerra en Ucrania, aunque es posible que se hayan llevado a cabo conversaciones entre bastidores.
En opinión de la exiliada norcoreana Kim Eujin, no hay nada que impida a Ucrania liberar a los hombres y tampoco “nada en el derecho internacional” que les impida viajar a Corea del Sur. “Siguen diciendo que es un ‘tema complicado’, pero no creo que se estén esforzando lo suficiente”, comenta Eujin.
“El presidente Lee, el Ministerio de Unificación y el Ministerio de Exteriores parecen preocuparse más por no molestar a Kim Jong-un que por traer a estos hombres a Corea del Sur”, observa. “Si solo se tratara de sus derechos humanos, ya habrían llegado”, lamenta. “Es casi como si el Gobierno estuviera buscando excusas para que no vengan”.
Fuente: Deutsche Welle
