En el contexto de las negociaciones entre Washington y Teherán, Estados Unidos ha suspendido sus sanciones contra el comercio de petróleo iraní hasta el 21 de agosto. El Ministerio de Hacienda de EE.UU. ha concedido una licencia temporal que permite la producción, el suministro y la venta de crudo iraní. La suspensión de las sanciones es un elemento fundamental de un acuerdo marco que ambas partes han firmado.
Paralelamente, EE.UU. y Qatar están negociando la liberación de unos seis mil millones de dólares estadounidenses procedentes de ingresos petroleros iraníes congelados, cuyo destino tendría fines humanitarios. "Los fondos liberados se utilizarán para la compra de alimentos, que se adquirirán exclusivamente en EE.UU. a nuestros agricultores", declaró el presidente de EE.UU. el lunes 22 de junio de 2026 en la Casa Blanca.
Irán necesita urgentemente más ayuda financiera. Según estimaciones preliminares del Gobierno iraní, los daños causados por la guerra ascienden a unos 229.000 millones de euros. Se desconoce si se creará, y cuándo, el fondo de 300.000 millones de dólares previsto en el acuerdo provisional para la reconstrucción de la economía iraní.
Según el ministro de Economía y Finanzas iraní, Seyed Ali Madanizadeh, el Gobierno se ha visto obligado a solicitar al Banco Central préstamos adicionales por valor de miles de millones, además del déficit presupuestario ya existente, para cubrir los gastos derivados de la guerra. Se prevé que esta captación de crédito impulse considerablemente la inflación en los próximos meses.
"Un acuerdo con Estados Unidos no normalizará por completo la economía iraní", ha advertido Madanizadeh, que se doctoró en la Universidad de Chicago. "Los considerables efectos inflacionistas del nuevo endeudamiento se notarán pronto".
El economista Ahmad Alavi tampoco espera mejoras apreciables a corto plazo. En entrevista con DW, se remite a las experiencias con el acuerdo nuclear (JCPOA) de 2015. Según él, es verdad que unos mayores ingresos petroleros y una menor presión en materia de política exterior podrían proporcionar a la economía una especie de "respiración artificial". "Sin embargo, sin reformas estructurales profundas, dichos efectos seguirían siendo limitados y no sostenibles".
Irán lleva años sumido en una grave crisis económica debido a las sanciones, la mala gestión y la corrupción. La guerra, así como el bloqueo de los puertos iraníes por parte de EE.UU. como reacción al cierre temporal del estrecho de Ormuz, han agravado aún más la situación.
Los precios de los alimentos, en particular, han subido considerablemente en poco tiempo. Esto se nota especialmente en el caso de los huevos, una fuente fundamental de proteínas para los hogares más pobres: el precio de una caja de 15 huevos se ha triplicado prácticamente en un año, pasando de unos 70.000 tomán a más de 200.000 tomán. También se han encarecido considerablemente otros alimentos básicos, como el aceite comestible o el arroz importado.
También a nivel oficial crece la preocupación por el descontento social. Según datos de la Organización de Asuntos Sociales del Ministerio del Interior, gran parte de la población sufre dificultades económicas.
Su director, Mohammad Bathaei, ha advertido de la tensión existente. Para ello, recurre a las cifras que arrojan encuestas estatales y científicas: alrededor del 60 por ciento de los encuestados dice no poder soportar más la presión económica. Al mismo tiempo, alrededor del 80 por ciento tiene la sensación de recibir un trato injusto.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, también ha expresado su preocupación. Teme que los problemas económicos puedan dar lugar a protestas. "No podemos satisfacer adecuadamente las necesidades de la población de esta manera. El descontento podría volver a trasladarse a las calles".
El sociólogo Mehrdad Darvishpour considera que Irán se encuentra, tras los recientes conflictos, en una frágil fase posconflicto. Darvishpour es profesor en la Universidad de Mälardalen, en Suecia, e investiga desde hace años los cambios en la sociedad iraní.
En entrevista con DW, describe la situación actual en Irán como un "orden inestable", en el que el margen de maniobra política sigue siendo limitado. El sistema político lucha actualmente por su supervivencia. La guerra no solo ha causado enormes daños económicos, sino que también ha dejado profundas secuelas sociales y psicológicas. Los movimientos sociales se han debilitado y las expectativas se han atenuado, según Darvishpour.
No obstante, se muestra cautelosamente optimista: "La cuestión central es si esta sociedad puede reorganizarse tras las derrotas, la represión y los traumas colectivos. Mi respuesta es que sí. No hay que subestimar la resiliencia de la sociedad iraní".
Fuente: Deutsche Welle

