Los mayores proyectos de defensa de Europa están en crisis

Los mayores proyectos de defensa de Europa están en crisis

Europa quería construir conjuntamente un avión de combate de última generación. En cambio, su mayor proyecto de defensa podría producir ahora dos aviones de combate distintos.

Airbus, que representa a Alemania y España en el Sistema Aéreo de Combate del Futuro (FCAS), declaró a DW que está abierta a reestructurar el programa tras años de disputas políticas e industriales.

Esto podría incluir una “solución de dos cazas” que permitiría a Francia y Alemania desarrollar aviones de combate independientes, sin dejar de cooperar en drones, sensores y sistemas digitales que conectan el campo de batalla en tiempo real.

Pero hay un giro inesperado: el propio avión de combate podría dejar de ser la parte más importante del proyecto. La propuesta supone un cambio radical para un proyecto que en su día fue considerado un símbolo de la unidad militar franco-alemana.

“En relación con el FCAS, se está trabajando con los gobiernos francés, alemán y español para decidir el futuro del proyecto”, dijo un portavoz de Airbus a DW.

El director ejecutivo de Airbus, Guillaume Faury, afirmó que el programa en su conjunto sigue teniendo sentido, incluso si el avión de combate, su eje central, permanece bloqueado.

“El estancamiento de un solo pilar no debería poner en peligro el futuro de esta capacidad europea de alta tecnología”, señaló Faury, y agregó que Airbus apoyaría una opción con dos cazas si los gobiernos lo solicitaran.

La disputa plantea ahora una cuestión más amplia: ¿pueden las mayores potencias europeas seguir desarrollando conjuntamente sistemas de armas importantes?

El FCAS fue lanzado por Francia y Alemania en 2017, con la posterior incorporación de España. Con un valor aproximado de 100.000 millones de euros, el proyecto tiene como objetivo desarrollar un sistema de combate aéreo de sexta generación para el año 2040.

El programa va mucho más allá de un avión de combate de nueva generación. También incluye drones, sistemas de transporte remoto, motores y una “nube de combate” diseñada para conectar aeronaves, sensores y datos del campo de batalla en tiempo real. Pero el propio avión de combate se ha convertido en la principal fuente de fricción.

Francia quiere que el futuro avión opere desde portaaviones y transporte armas nucleares. Al no ser una potencia nuclear, Alemania no comparte esos requisitos. Berlín ya ha decidido comprar aviones de combate F-35 de fabricación estadounidense para misiones de la OTAN en el marco del programa de armas nucleares compartidas.

El canciller alemán Friedrich Merz reconoció recientemente en público esta división y afirmó que Francia necesita un avión de próxima generación con capacidad nuclear, mientras que Alemania no requiere actualmente la misma capacidad para lsus fuerzas armadas. Si ambas partes no pueden resolver estas diferencias “no podremos mantener el proyecto”, advirtió.

El desacuerdo político es consecuencia de un desacuerdo industrial.

Dassault Aviation, el fabricante francés del avión de combate Rafale, quiere un liderazgo claro sobre el nuevo avión de combate. Airbus Defence and Space representa los intereses industriales alemanes y españoles y aspira a un papel más relevante.

Esto derivó en una larga disputa sobre el liderazgo, el reparto del trabajo y la transferencia de tecnología. Varios intentos de mediación entre las empresas no han logrado un avance significativo.

Airbus indicó que la solución podría ser dejar de obligar a que un solo avión satisfaga todas las necesidades.

Para muchos analistas, la parte más importante del FCAS podría dejar de ser el propio avión de combate. La nube de combate -el sistema digital que conecta aeronaves, drones, sensores y armamento- se considera cada vez más el área donde la cooperación europea aún tiene argumentos sólidos.

El experto en defensa Christian Mölling aseguró a DW que la nube de combate es importante porque Europa sigue dependiendo en gran medida de Estados Unidos en este ámbito. Otros expertos también sostienen que los drones, el software y las redes de campo de batalla podrían continuar incluso si el componente del avión de combate se divide o se reduce.

Esto supondría una victoria política menor que la visión original, pero podría evitar el colapso total del FCAS.

Los problemas en torno al FCAS se están extendiendo a otro proyecto emblemático franco-alemán: el Sistema Principal de Combate Terrestre (MGCS).

El MGCS está diseñado para reemplazar los tanques Leopard 2 alemanes y Leclerc franceses. Fue lanzado junto con el FCAS en 2017 como parte de un acuerdo político más amplio entre París y Berlín.

La división era clara: Francia lideraría el desarrollo del futuro avión de combate a través de Dassault, mientras que Alemania lideraría el desarrollo del futuro tanque gracias a su industria de vehículos blindados.

La idea no era solo construir armas, sino unir a dos de las mayores potencias militares de Europa. Pero ese acuerdo ahora parece frágil. Si el FCAS se divide, se reestructura o se debilita, podría alterar el equilibrio en torno al MGCS.

El MGCS ya ha sufrido retrasos. Francia y Alemania acordaron en 2024 avanzar con la siguiente fase, pero no se espera que el sistema entre en servicio antes de 2040.

La invasión rusa de Ucrania impulsó a los gobiernos europeos a aumentar el gasto en defensa y reducir su dependencia de Estados Unidos. Desde entonces, la Unión Europea ha abogado por una mayor adquisición conjunta de armamento y una industria de defensa europea más sólida.

Sin embargo, la incertidumbre en torno al programa FCAS demuestra lo difícil que puede resultar esta ambición en la práctica.

Analistas de defensa de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional afirman que el resultado del FCAS podría marcar el futuro de la cooperación europea en materia de defensa en los próximos años. Si el programa fracasa, los gobiernos podrían volverse mucho más cautelosos a la hora de lanzar proyectos multinacionales de armamento de esta envergadura.

Fuente: Deutsche Welle

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