“Estamos de rodillas, pidiendo ayuda, que llegue, que venga el Gobierno de Estados Unidos, porque aquí no nos hacen caso”, ruega una mexicana desesperada en un video que se ha vuelto viral en redes sociales.
Acompañada de otras mujeres, algunas con los rostros cubiertos, asegura que el grupo criminal “Los Ardillos” está atacando a los habitantes del municipio de Chilapa, en el estado de Guerrero.
Con un fuerte despliegue de seguridad, el Gobierno mexicano ha respondido a la crisis de violencia que se vive en la zona y que ha desplazado a comunidades enteras. Actualmente, unos 690 elementos del Ejército Mexicano, 400 elementos de la Guardia Nacional y 200 elementos de la Policía Estatal velan por la seguridad.
“Los Ardillos” tienen presencia en 30 de los 85 municipios de Guerrero, y Chilapa es uno de los municipios en donde se disputan el poder con la organización rival de “Los Tlacos”, explica Víctor Sánchez Valdés, investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC).
En Guerrero, una zona de alta producción de amapola, “Los Ardillos” crecieron como aliados locales del Cártel de los Beltrán Leyva, que se fragmentó en 2010, cuenta Sánchez Valdés a DW.
El expolicía comunitario Celso Ortega Rosas, alias “El Ardillo Mayor”, es el líder del grupo criminal que ha desatado una ola de violencia en Chilapa, donde se enfrenta a “Los Tlacos”, una organización que nació como una especie de brazo armado de la policía comunitaria de Tlacotepec.
Según el experto en seguridad, ambas células criminales se dedican a la producción de amapola y la extorsión de comerciantes, sobre todo, a empresas mineras.
Por más de 20 años, Chilapa ha estado “sometida al control de los caciques del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido de la Revolución Democrática (PRD)”, observa, por su parte, el profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Guerrero Silvestre Licea Dorantes.
En declaraciones a DW, el académico insiste en que “Los Ardillos” han llenado un vacío en la región que ha surgido a partir “del abandono y la negligencia institucional”. Su intención es “desplazar a las comunidades indígenas nahuas”, en especial a aquellos grupos que se organizan con base en la Justicia comunitaria, prosigue Licea Dorantes.
Así, por ejemplo, “Los Ardillos” luchan contra la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria (CRAC-PC), cuya visión se basa en los derechos indígenas y rechaza los negocios ilícitos del crimen organizado.
La desesperación de los desplazados en Chilapa es palpable en los videos en redes sociales, donde algunas víctimas incluso piden directamente la ayuda del presidente estadounidense, Donald Trump. ¿Se trata de voces aisladas a favor de una intervención?
“La doctrina de seguridad de Estados Unidos necesita un México sometido y obediente”, opina el politólogo de la Universidad Autónoma de Guerrero. Y agrega que “las voces que piden una intervención extranjera provienen de la derecha y ultraderecha mexicana e internacional, donde la CIA no es ajena, junto con periódicos como el New York Times, que replican de manera estridente que la situación de México es incontrolable”, agrega.
Si bien el experto en seguridad Sánchez Valdés coincide en que, a nivel nacional, la mayoría de los mexicanos rechaza cualquier tipo de intervención, también observa que, en algunas zonas del país azotadas por el crimen organizado, “el sentimiento antinorteamericano y de defensa de la soberanía sí se ha ido debilitando poco a poco”, dice. “Ahora, hay amplios sectores de la población que ven con buenos ojos” una intervención, apunta.
Licea Dorantes asegura que la estrategia de seguridad del Gobierno mexicano, en coordinación con el estado de Guerrero, “ha dado resultados”, pero también insiste en que los problemas armados “seguirán surgiendo, mientras no se resuelva el abandono institucional” en la región.
Fuente: Deutsche Welle

