Las nuevas sanciones contra la economía sumergida de Irán

Las nuevas sanciones contra la economía sumergida de Irán

El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, presentó una nueva fase de la campaña económica de Washington contra Irán. Esta vez también dirigida a las redes internacionales, que Teherán ha utilizado para mantener el flujo de dinero y mercancías.

El 24 de agosto de 2026, Bessent afirmó que Estados Unidos pondría en el punto de mira las cinco "arterias vitales" de la economía: activos digitales, tecnología, oro, aviación y transporte marítimo.

Además advirtió que "cualquier entidad que facilite el blanqueo de capitales para Irán, será excluida del sistema financiero basado en el dólar estadounidense", y añadió que "la cuenta atrás comienza ahora".

Durante años, Irán ha dependido de redes ajenas al sistema bancario formal para mover dinero. Las casas de cambio, el oro, las criptomonedas, las empresas pantalla y las redes de transporte marítimo opacas han ayudado a Irán a sortear las sanciones.

Sin embargo, la estrategia más reciente de EE. UU. parece diseñada para dificultar el uso de estos métodos al aumentar los costos para los intermediarios extranjeros. La medida llega en un momento de vulnerabilidad para Irán.

Las exportaciones de petróleo han caído drásticamente. Los envíos a China, el principal cliente petrolero de Irán, descendieron a unos 534.000 barriles diarios en agosto, frente a los 823.000 de julio y un máximo de cerca de 1,58 millones de barriles, registrado a principios de año.

En el ámbito nacional, los precios de los alimentos aumentaron alrededor de un 128 por ciento interanual en julio, según datos oficiales citados por la agencia de noticias Reuters.

La moneda de Irán, el rial iraní, ha perdido tanto valor, que muchas transacciones se realizan ahora en dólares estadounidenses.

La presión es cada vez más evidente sobre los negocios convencionales. Un vendedor de materiales de construcción en Teherán, la capital, comenta a DW que, por la inflación, "si guardo un producto en mi almacén durante un mes, su precio puede aumentar más de lo que ganaría vendiéndolo hoy".

Otro ciudadano iraní que trabaja en una empresa comercial explica a DW que más del 70 por ciento de los empleados han sido despedidos en los últimos seis meses. La empresa importaba materias primas para diversos productos de uso personal y anteriormente realizaba los pagos a través de casas de cambio en los Emiratos Árabes Unidos. "Ahora, ninguna casa de cambio está dispuesta a trabajar con nosotros", prosigue.

Los efectos también recaen en los empresarios iraníes fuera del país. Un hombre de negocios radicado en Dubái asegura a DW que anteriormente había sido propietario de varias marcas de cosméticos y productos de higiene en Irán. Las restricciones a las importaciones y las dificultades para obtener materias primas terminaron por impulsar su mudanza.

En Dubái, la situación era más manejable. Sin embargo, eso ha cambiado a raíz de la guerra, señala. "Hoy en día, tener un pasaporte iraní complica prácticamente cualquier transacción", explica a DW. "En un entorno sin estabilidad y con un panorama incierto, es realmente imposible gestionar un negocio", asegura.

Alireza Salavati, comentarista de economía política radicado en Londres, lo duda, porque Irán ya está sujeto a sanciones en la mayoría de los sectores clave. "Es probable que sus efectos principales sean psicológicos, al intensificar las expectativas inflacionarias".

Salavati advierte también que la presión económica podría debilitar a los grupos profesionales y de ingresos medios que aún quedan y que tradicionalmente propician un espacio para políticas más moderadas.

Además, considera que la presión podría agudizar la polarización e incentivar al Estado a recortar los ya limitados subsidios y ayudas sociales.

La economía iraní, condicionada por las sanciones, ya ha generado complejas redes de intermediarios.

"Es probable que la consecuencia general sea más corrosiva que transformadora", señala Salavati, advirtiendo que el resultado podría ser una economía sumergida aún mayor y menos controlada.

Las nuevas sanciones podrían dificultar que Teherán financie el comercio, obtenga divisas y mantenga sus redes económicas actuales. La carga inmediata recae sobre empresas, trabajadores y hogares que ya lidian, de por sí, con problemas propios de una situación bélica y con una inflación extrema.

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Fuente: Deutsche Welle

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