Al menos volvieron a hablarse: representantes sirios e israelíes se reunieron el pasado fin de semana (22 y 23 de agosto de 2026) en Jordania, con mediación de Estados Unidos, por primera vez en varios meses.
Las conversaciones buscaban rebajar la tensión tras los recientes ataques israelíes contra territorio sirio y evitar que las fricciones entre Israel y Turquía terminaran trasladándose por completo al escenario sirio.
El detonante fue el ataque israelí contra la base aérea militar de Abu al-Duhur, en la provincia de Idlib, el 18 de agosto. Según Siria, el bombardeo alcanzó la pista de aterrizaje y varias instalaciones de almacenamiento, aunque no causó víctimas mortales.
Israel afirmó que Siria había violado o amenazado con violar un entendimiento previo en materia de seguridad al permitir que tropas turcas utilizaran la base aérea. Damasco y Ankara rechazaron las acusaciones.
Resulta llamativo que Estados Unidos criticara el ataque de su aliado israelí calificándolo de "escalada innecesaria".
Lo que sí parece claro es que Israel considera una posible presencia militar turca en Siria una línea roja.
Para Bente Scheller, experta en Siria de la Fundación Heinrich Böll, esta sospecha por parte de Israel no tendría una base sólida. "Hasta ahora no hay indicios de que realmente estuviera previsto desplegar tropas turcas allí", afirma la experta alemana.
Marcus Schneider, experto de la Fundación Friedrich Ebert, ve en las tensiones una lucha más amplia por el poder y la influencia en Siria. Según él, detrás del ataque se encuentra sobre todo la cuestión de qué tipo de orden militar surgirá en Siria en el futuro. Israel querría mantener a Siria debilitada porque un Estado soberano capaz de controlar su propio espacio aéreo limitaría la libertad de acción militar israelí. "El corredor de ataque contra Irán pasa por Siria", explica Schneider.
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Tras el 7 de octubre de 2023, el aumento de las preocupaciones de seguridad israelíes resulta comprensible, señala Scheller. En este contexto, Israel observa también con inquietud el creciente peso regional de Turquía. "Israel percibe sin duda cómo Turquía está intentando posicionarse como potencia hegemónica regional", afirma el experto. Por ello, el ataque contra Abu al-Duhur constituye "claramente también un mensaje dirigido a Turquía", añade.
Turquía apoya al presidente de transición Ahmed al-Sharaa y apuesta por una Siria unificada.
Una cierta perspectiva para Siria proviene de su nueva relación con Estados Unidos, que equivale en la práctica a un respaldo estadounidense pese al pasado islamista del nuevo gobernante Ahmed al-Sharaa.
En primavera, Estados Unidos retiró sus fuerzas militares de Siria y recientemente eliminó oficialmente al país de su lista de Estados vinculados al terrorismo.
A diferencia de la visión israelí, Marcus Schneider considera que Ankara está interesada principalmente en una Siria estable y en garantizar la seguridad de su frontera sur. "Es absurdo pensar que un Estado miembro de la OTAN como Turquía vaya a atacar a la potencia nuclear israelí", afirma. El verdadero problema, según Schneider, es que Israel considera cada vez más a Turquía como un adversario estratégico y deduce intenciones hostiles a partir de sus capacidades militares.
Por su parte, Bente Scheller sostiene que Al-Sharaa busca apoyo internacional allí donde pueda encontrarlo. "Durante los últimos meses, Turquía ha pasado a formar parte cada vez más del círculo de actores de los que Damasco espera ayuda concreta", explica Scheller.
La cuestión fundamental es quién determinará el futuro orden de seguridad en Siria. Tras la caída de Al-Asad, Israel estableció una zona de seguridad al norte de los Altos del Golán y ha atacado repetidamente objetivos sirios.
Marcus Schneider discrepa de quienes ven inevitable un enfrentamiento con Israel: "el nuevo régimen sirio tendió la mano a Israel desde el principio, a pesar de sus orígenes ideológicos". Según él, Damasco no busca una guerra con Israel, pero sí recuperar plenamente su soberanía estatal. Y precisamente esa aspiración entra en conflicto con la presencia militar israelí y las líneas rojas marcadas por Israel.
Bente Scheller concluye que Siria se encuentra atrapada entre dos vecinos militarmente poderosos que no respetan plenamente ni su soberanía ni su integridad territorial. "Por eso, ahora todo dependerá de la capacidad negociadora de Al-Sharaa: ¿cómo podrá defender la soberanía siria frente a estos dos vecinos y encontrar realmente una vía propia para Siria?".
En este punto coincide el politólogo Haid Haid en un análisis para el think tank Chatham House: "En este sentido, la mayor vulnerabilidad de Siria no se encuentra en sus fronteras, sino en su interior". Cuanto menos consiga Damasco construir un consenso político legítimo, mayor seguirá siendo el margen de actuación de las potencias extranjeras.
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Fuente: Deutsche Welle

