El jueves 1 de octubre de 2026 en la noche, Pakistán atacó varios objetivos en Afganistán. Los resultados de ese bombardeo son motivo de discrepancia. Los talibanes afirman que murieron entre nueve y diez civiles, incluidos mujeres y niños. Pakistán, en cambio, asegura que acabó con la vida de 22 milicianos y destruyó depósitos de armas y municiones.
Estos ataques son apenas la última pieza de un conflicto que se reavivó a mediados de septiembre, después de varios meses de relativa calma.
El origen de los enfrentamientos fue una serie de atentados contra las fuerzas de seguridad paquistaníes. El 18 de septiembre, un ataque contra un recinto policial en la ciudad noroccidental de Kohat dejó 31 muertos y más de 100 heridos. Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), un grupo también conocido como "talibanes paquistaníes", se atribuyó el atentado.
Pakistán acusó a su vecino de proporcionar refugio seguro a los atacantes. Pese a que Kabul rechazó las acusaciones, Islamabad lanzó una operación armada en la frontera y luego bombardeos aéreos.
El TTP de Pakistán no es lo mismo que los talibanes afganos. Si bien mantienen estrechos vínculos, el TTP es una organización independiente que combate al Estado paquistaní.
Muchos de sus milicianos se aliaron con los talibanes afganos mientras duró la insurgencia de ese grupo contra las tropas internacionales. Por ello, tras el regreso de los talibanes al poder en Afganistán en 2021, el TTP ganó margen de maniobra y mayor capacidad de presión. Esto ha hecho que Afganistán —antiguo aliado de Pakistán— se convirtiera cada vez más en una amenaza para su vecino.
Pakistán ha pedido a los talibanes que tomen medidas contra el TTP, pero la estrecha conexión entre ambos grupos ha hecho difícil que se cumpla el deseo paquistaní.
"Debido a estas conexiones y redes personales, es extremadamente difícil para los talibanes afganos separarse de los talibanes paquistaníes", dice a DW Conrad Schetter, director del Centro Internacional de Estudios de Conflictos de Bonn (BICC). El experto explica que, pese a ello, los talibanes afganos no tienen control directo sobre el TTP.
"Los talibanes no están dispuestos a recibir órdenes de Islamabad", añade Thomas Ruttig, codirector de Afghanistan Analysts Network, un think tank que trabajaba entre Kabul y Berlín. "No permitirán que nadie de fuera interfiera".
Esto significa que la política paquistaní de apoyar a los talibanes para ganar influencia en Afganistán no ha dado resultado.
Existe también otro conflicto más antiguo que repercute en la actual situación. Se trata de la Línea Durand, trazada en 1893 por un diplomático británico y un emir afgano para delimitar las esferas de influencia entre la India británica y Afganistán.
La frontera actual entre Afganistán y Pakistán sigue el trazado de esa línea y, además, parte en dos la región que es tierra natal de los pashtunes, el grupo étnico más numeroso de Afganistán y el segundo más numeroso de Pakistán. Así que la disputa fronteriza no se trata solo de tierra, sino también de identidad.
"Los elementos étnicos y nacionalistas desempeñan un papel importante en el conflicto", dice Schetter a DW.
La prolongada rivalidad de la India con Pakistán también desempeña un papel. Un Afganistán aliado sería ventajoso para Islamabad. Sin embargo, ahora la India también ha fortalecido sus vínculos con los talibanes.
"Si bien Islamabad alguna vez vio a Afganistán como una fuente de 'profundidad estratégica' en su rivalidad con India, ahora ve cada vez más a su vecino del noroeste como un lastre", señala un análisis del think tank británico Chatham House.
Pese a todo, Islamabad tiene cartas en su manga. Al ser un país sin salida al mar, Afganistán depende de rutas comerciales que atraviesan Pakistán. Por ello, este país puede usar el cierre de las fronteras y las restricciones comerciales como una forma de ejercer presión, incluso mientras el régimen talibán intenta reducir su dependencia y busca nuevos socios políticos y económicos.
Así, paralelamente a la diplomacia, Pakistán también ha recurrido a la presión económica y política; por ejemplo, cerrando fronteras, restringiendo el comercio y repatriando a refugiados afganos.
Recientemente, el conflicto escaló a otro nivel. A fines de septiembre, Kabul informó que había abatido a 28 combatientes y capturado a 32 que se habrían infiltrado desde la provincia paquistaní de Nuristán. Los talibanes acusan a Pakistán de apoyar a sus oponentes armados, algo que Islamabad niega.
"Es sabido hace décadas que Pakistán ha apoyado regularmente a grupos armados del lado afgano, por ejemplo, a los muyahidines durante la ocupación soviética, y más tarde a los talibanes", señala Ruttig. "Sin embargo, lo novedoso es que Pakistán aparentemente también apoya a sectores de la actual oposición armada antitalibán".
Todo esto convierte la disputa sobre los talibanes paquistaníes en un conflicto mayor. El grupo de expertos británico Chatham House habla de una escalada significativa. Es preocupante que un conflicto por grupos armados e incidentes fronterizos se esté convirtiendo en una confrontación directa entre los dos Estados nacionales.
Ruttig estima que la espiral de violencia podría contenerse si ambas partes vuelven a la mesa de negociaciones. Algo parecido defiende el analista paquistaní Saqib Ali Khan en un comentario publicado en el semanario The Friday Times, donde propone abrir un canal fiable entre ambos lados, un enfoque diferenciado para enfrentar el problema de los grupos armados y una mayor participación de la población fronteriza.
Schetter, en tanto, defiende que, a largo plazo, es necesario que aumente la integración económica, para que tanto Pakistán como Afganistán no definan su relación únicamente a través de cuestiones de seguridad y poder.
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Fuente: Deutsche Welle

