En la República Checa conviven más de 1,5 millones de extranjeros con diez millones de checos, según el último número de la revista Statistica&My, publicada por la Oficina de Estadística Checa (CSU, por sus siglas en checo). Los llamados "residentes fiscales extranjeros" no tienen pasaporte de ese país, pero trabajan o tienen un negocio en ese Estado miembro de la UE.
"En 2015, había aproximadamente cuatro residentes fiscales extranjeros por cada 100 habitantes", explica a DW Vladimir Karmiet, jefe del Departamento de Cuentas Nacionales de la CSU. "En 2025, esa cifra aumentó a casi doce", apunta.
El aumento decisivo de la inmigración en el país se debió a la guerra en Ucrania. En la actualidad, los ucranianos son, con diferencia, el grupo más numeroso de extranjeros en el país, con 613.000 personas. 126.000 niños asisten a guarderías y escuelas checas. Más del 80 por ciento de los adultos tienen empleo.
El segundo grupo más numeroso de extranjeros proviene de la vecina Eslovaquia, con la que la República Checa formó Checoslovaquia hasta 1992. A finales de 2025, 125.000 eslovacos estaban registrados como residentes, pero es probable que el número real de trabajadores sea aproximadamente el doble.
En la capital, Praga, donde viven 1,4 millones de habitantes y más del veinte por ciento de la población del país, hay oficialmente 366.000 personas extranjeras registradas.
El país tiene una tasa de desempleo del cinco por ciento y, según la agencia de empleo checa, un total de 100.000 vacantes laborales. Por esta razón, el gobierno del primer ministro, Andrej Babis, quiere retener a una gran parte de trabajadores ucranianos en la República Checa, a pesar de la presión del partido ultranacionalista antiinmigración y antiucraniano Libertad y Democracia Directa (SPD).
"La República Checa necesita trabajadores ucranianos en la construcción, la industria, la sanidad y los servicios de enfermería", explica a DW Karel Havlícek, viceprimer ministro y miembro del partido ANO (Acción de Ciudadanos Descontentos) del partido de Babis. "Cualquier persona que trabaje aquí en condiciones normales, pague impuestos, haya aprendido checo y se haya integrado en la vida cotidiana, debe tener la oportunidad de conseguir un permiso de residencia permanente", afirma Havlícek.
Sin embargo, la mano de obra ucraniana y eslovaca no es suficiente para cubrir las necesidades laborales de la República Checa. Por este motivo, en los últimos años, más de 15.000 filipinos han llegado al país con el apoyo del gobierno checo.
"Filipinas tiene una larga tradición de trabajo en el extranjero, un sistema de selección eficaz y muchos profesionales angloparlantes altamente cualificados, por ejemplo, en la industria, la logística, la salud y la enfermería", asegura a DW el viceprimer ministro Havlicek.
"Además de Filipinas, nos centramos en India, Indonesia, Mongolia, Moldavia, Georgia, Kazajistán, Armenia, Serbia y Macedonia del Norte, siempre en función de las necesidades específicas de las empresas", añade Havlicek.
A pesar del enorme aumento del número de extranjeros y el interés por contar con más trabajadores internacionales, la República Checa —con la excepción de los ucranianos— sigue mostrándose reacia a conceder asilo y protección temporal.
"La política de asilo de la República Checa y de muchos países de la UE es vergonzosa. La fobia hacia los migrantes y refugiados, alimentada artificialmente por motivos políticos y sociales, es lamentablemente tan fuerte que los políticos y el Estado no dudan en actuar de forma ilegal y xenófoba", critica a DW Martin Rozumek, director de la ONG Organización para la Asistencia a los Refugiados (OPU, por sus siglas en checo).
"Sin embargo, la economía y el envejecimiento de la población acabarán imponiéndose", continúa Rozumek. En 2025, nacieron 77.600 niños y fallecieron 113.300 residentes. Sin inmigración, la tendencia demográfica sería negativa, con las consiguientes consecuencias para el mercado laboral checo. "En concreto, la migración económica continuará a mayor escala", concluye Rozumek, "y esto seguirá beneficiando al Estado, la sociedad y las empresas checas".
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Fuente: Deutsche Welle
