Israel se muestra decidido: desde el pasado fin de semana, la bandera israelí ondea en la fortaleza de Beaufort, en el sur del Líbano.
En estos momentos se producen enfrentamientos entre el ejército israelí y la milicia chiíta Hezbolá, aliada de Irán, en el sur del Líbano. Hezbolá es considerada una organización terrorista por Estados Unidos, Alemania y varios países árabes suníes.
Un viaje de la ministra alemana de Desarrollo, Reem Alabali Radovan, al Líbano se interrumpió a última hora por motivos de seguridad. Según informó una portavoz, la decisión se tomó durante el vuelo de aproximación a Beirut, debido al agravamiento de la situación.
Antes, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el ministro de Defensa, Israel Katz, habían ordenado ataques contra "objetivos terroristas de Hezbolá" en los suburbios del sur de Beirut. Los ataques fueron una respuesta a las repetidas violaciones del alto el fuego, explicó el Gobierno israelí.
Irán, por su parte, culpa a la actuación de Israel de que no se haya llegado a un acuerdo de alto el fuego con EE.UU. Los medios libaneses informaron de movimientos de huida desde los suburbios del sur de Beirut; el presidente libanés, Joseph Aoun, habló de una "brutal agresión israelí".
Merin Abbass, director de la oficina de la Fundación Friedrich Ebert en Beirut, describe lo tensa que está la situación ahora mismo. Aunque oficialmente sigue vigente el alto el fuego, en realidad el conflicto continúa. "Desde hoy, hay además amenazas concretas de bombardear los suburbios del sur de Beirut. Ya se han llevado a cabo las primeras evacuaciones. Se nota la tensión", comenta a DW Abbas, que se encuentra en Beirut.
La escalada plantea una pregunta clave: ¿qué pretende Israel con su acción militar? Oficialmente, se trata de debilitar y, en última instancia, desarmar a Hezbolá. Según la versión israelí, sus ataques con misiles y drones contra el norte de Israel siguen representando una amenaza inmediata.
Abbas señala la presión interna a la que está sometido el Gobierno israelí. "Dentro de Israel hay críticas claras de que la lucha contra Hezbolá no se está llevando a cabo con suficiente determinación". El avance hasta el norte del río Litani demuestra que, desde el punto de vista israelí, la estrategia seguida hasta ahora no es suficiente.
Jan Wilkens, experto en Oriente Próximo del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA) de Hamburgo, también ve en esta acción el objetivo de debilitar militarmente a Hezbolá.
Al mismo tiempo, señala el coste político de la ofensiva. "Desde la perspectiva del derecho internacional, seguimos viendo una violación fundamental de la soberanía del país", subraya Wilkens a DW.
Entre los observadores, crece la preocupación de que la actuación de Israel debilite a aquellas fuerzas del Líbano que apuestan por una solución política. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) advierte de que los ataques podrían socavar las instituciones estatales y, con ello, reforzar indirectamente el argumento de Hezbolá de que solo la resistencia armada puede garantizar la seguridad.
Wilkens razona de forma similar. La ofensiva reduce considerablemente el margen de maniobra del Gobierno libanés. "La base para un acuerdo con el que todas las partes puedan vivir de forma duradera se va reduciendo cuanto más intenta Israel imponer al Líbano una solución unilateral".
Según la valoración de Abbas, de la Fundación Friedrich Ebert, el quid de la cuestión radica en una asimetría fundamental. "Por un lado, está un Israel muy fuerte militarmente, por otro un Estado libanés comparativamente débil". Mientras que Israel insiste en seguir luchando contra Hezbolá, el Gobierno de Beirut, que apenas tiene influencia sobre Hezbolá, exige, ante todo, el cumplimiento del alto el fuego y el regreso de los desplazados. "Desde el inicio de las conversaciones, estas posiciones apenas han cambiado".
A esto se suma que el propio Hezbolá tiene poco interés en los diálogos. Los continuos ataques con cohetes y drones contra el norte de Israel también podrían interpretarse como un intento de sabotear el proceso diplomático.
Por eso, Wilkens advierte de que las negociaciones sirven cada vez más para afianzar políticamente las realidades militares. "El avance reduce el margen de diálogo para una solución amplia y consensuada".
Estados Unidos juega un rol clave. No solo es el aliado más importante de Israel, sino también la única potencia externa con una influencia significativa sobre ambas partes.
El Washington Institute aboga por impulsar gradualmente el desarme de la milicia de Hezbolá y por reforzar el apoyo a las Fuerzas Armadas libanesas. Además, considera que podrían desempeñarse funciones de mediación y coordinación entre Beirut y Jerusalén.
Para Abbas, sin embargo, sigue siendo fundamental la idea de que la presión militar por sí sola no va a dar lugar a una solución. "Hay que entender perfectamente que Israel quiera proteger a su población y defenderse. Al mismo tiempo, en mi opinión, una destrucción total de barrios de la capital libanesa sería desproporcionada".
Según Wilkens, la desescalada del conflicto sigue siendo posible. Sin embargo, la condición previa es que cese la violencia. "Hezbolá debe detener sus acciones bélicas y, al mismo tiempo, Israel debe retirarse del territorio libanés". Solo entonces se podrá sentar la base para unas negociaciones viables.
Mientras tanto, Abbas pide una mayor presión internacional. "Cuando se destruyen ciudades y pueblos enteros, no basta con limitarse a expresar preocupación. Se necesitan reacciones políticas mucho más claras".
Aún está por ver si eso va a pasar. Pero una cosa está clara: cuanto más avance la escalada militar, más difícil será encontrar una salida política. Ahí radica precisamente el mayor peligro en este momento: para Israel, para el Líbano y para toda la región.
Fuente: Deutsche Welle

