¿Fraude en Perú? «Lo que hace Sánchez es irresponsable»

¿Fraude en Perú? «Lo que hace Sánchez es irresponsable»

Acusaciones de fraude y amenaza de no reconocimiento. Esas son las últimas movidas estratégicas del candidato presidencial peruano Roberto Sánchez para intentar dar vuelta el tablero de lo que, hasta ahora, se presenta como su estrecha derrota en la segunda vuelta de las presidenciales de Perú, donde la candidata derechista Keiko Fujimori suma el 50,12 por ciento de las preferencias, frente al 49,88 por ciento de Sánchez. Esto, con el 99,87 por ciento de las actas contadas, según los datos más actuales de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).

Sánchez dijo que había un "fraude en desarrollo" y que, "en esas condiciones de transgresión de las normas, no reconoceremos el gobierno de la señora Fujimori". Esto es solo parte de una batería de acciones anunciadas por su partido, Juntos por el Perú, que también ha realizado marchas "en defensa del voto popular" y ha convocado, para el próximo 27 de junio, a una jornada de "resistencia democrática".

"El camino de la denuncia de fraude no tiene ningún futuro", dice a DW el politólogo peruano Eduardo Dargent, académico de la Pontificia Universidad Católica del Perú. La representante de la Fundación Konrad Adenauer, Annette Schwarzbauer, piensa parecido. "El discurso del fraude pierde fuerza porque tanto observadores internacionales como nacionales no reportaron incidentes en este sentido. Además, fuerzas políticas que apoyaron a Sánchez se están distanciando del anuncio de no reconocer un gobierno de Fujimori".

"Son denuncias que no tienen fundamento y que los muestran como muy malos perdedores", estima Dargent, que ve a la ciudadanía "más enfocada en el Mundial de fútbol que en la política", por lo que le parece incomprensible la estrategia asumida por los partidarios de Sánchez. "Me parece una típica estrategia para contentar a tu base… Lo entendería, pero no lo compartiría, porque creo que es muy irresponsable lo que se está haciendo".

Juntos por el Perú incluso presentó una denuncia constitucional contra el canciller Carlos Pareja, acusándolo de vulnerar la cadena de custodia del voto en el exterior. Fueron precisamente esos sufragios los que lograron dar vuelta los resultados, pues Fujimori recibió casi 79.000 preferencias más que Sánchez fuera de las fronteras del país, los suficientes para voltear el total.

Todo esto ha atizado el ambiente político, ya sobrecargado de emociones por no tener una oficialización del nombre de la persona que gobernará el país a partir del próximo 28 de julio.

"Lo más probable es que se refuercen las dinámicas de burbuja de la izquierda local, donde hay grupos más radicales que se centran en sí mismos y que tienen una organización bastante precaria. Posiblemente habrá algunas marchas, pero la sociedad no va a acompañar a Sánchez en esta demanda”, apunta Dargent, que además resalta que la ciudadanía tiende a sospechar de fraude.

Esto nos lleva a otro problema: en una sociedad que desconfía y que, además, está muy polarizada, gobernar se convierte en un desafío mayúsculo.

"Con una diferencia entre los candidatos de alrededor de 43.000 votos, sería difícil para cualquier presidente gobernar", declara a DW Sara Brombart, representante de la Fundación alemana Friedrich Ebert en Perú. "El problema para Keiko Fujimori es que, teniendo a una gran mayoría de los sectores rurales en su contra, existe el peligro de que aumente la conflictividad social. Con habilidad, en vez de mano dura, podría gobernar, pero no creo que su prioridad sea la justicia social", añade la experta.

"Más allá de las promesas de su campaña –seguridad y mejoras en los servicios de educación y salud–, muchos sectores esperan mensajes y actos concretos para mayores beneficios sociales. Lo que probablemente traerá más estabilidad es el hecho de que una presidenta Fujimori contaría con mayor apoyo en el Congreso. Además, el Congreso, ahora nuevamente con dos cámaras, ya no está tan fraccionado", analiza, por su parte, Schwarzbauer.

"Creo que un fujimorismo abusando del poder o de la fuerza en una situación de debilidad puede dar lugar a un gobierno bastante inestable", agrega Dargent, pero coincide en que con un grupo de congresistas ordenados, un eventual gobierno de Fujimori tendrá más posibilidades de sobrevivir a dicha inestabilidad.

Para Brombart, sin embargo, habrá que prestar atención a otros factores: "Históricamente, el fujimorismo ha demostrado que la consolidación del poder político no depende necesariamente de una mayoría parlamentaria inicial. Por el contrario, en el pasado logró fortalecer progresivamente su posición mediante la incorporación de actores políticos a su esfera de influencia, el control gradual de instituciones estatales y el debilitamiento sistemático de los mecanismos de contrapeso institucional".

Algo que llama la atención fuera de las fronteras de Perú es que, a más de dos semanas de la segunda vuelta, aún no se sepa oficialmente quién ganó. "Los procedimientos alrededor del conteo de votos demoran, porque las actas observadas solamente son tenidas en cuenta cuando dichas observaciones han sido resueltas", explica Schwarzbauer. "En una situación con un margen muy estrecho esto puede tener mucho sentido, de lo contrario, podría generar conflictos si se proclamara un ganador y después se revierte el resultado".

En este caso en particular, la representante de la fundación Konrad Adenauer piensa que "puede ser mejor tener paciencia y esperar el resultado final que proclamar a un ganador y eventualmente revertir el resultado preliminar".

"En el actual momento, la desconfianza hace que recetas razonables no sean consideradas", apunta Dargent, quien apela a mirar modelos como el brasileño o el colombiano, de conteo rápido semioficial. "Eso evitaría este tipo de impugnaciones y cosas que se nutren por la demora en el conteo, y ayudaría a darle un poco más de credibilidad a un sistema electoral que está muy debilitado", agrega.

Fuente: Deutsche Welle

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