Argentina se situó el 13 de febrero de 2026 a un paso de convertirse en el primer país sudamericano en ratificar el acuerdo UE-Mercosur. Esto activaría su entrada en vigor provisional, hasta que culmine su revisión por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
“La creciente integración comercial de Europa y Sudamérica atrae la atención de sus rivales geopolíticos. Tanto China como EE. UU. persiguen con vehemencia sus propios intereses. Washington recurre a acuerdos comerciales bilaterales. Los recientes resultados electorales al sur del Río Grande juegan a favor de la Administración Trump. En un año, presidentes y fuerzas políticas que se definen por su afinidad con Donald Trump han ganado en Ecuador, Argentina, Bolivia, Chile, Honduras y Costa Rica”, analiza el diario alemán Die Welt.
“Este año, dos pesos pesados más podrían unirse a ellos en Colombia y Brasil. En el antes izquierdista triángulo del litio formado por Argentina, Bolivia y Chile, el viento ya sopla completamente a favor de EE. UU. El Gobierno de Bolivia, por ejemplo, anunció su intención de revisar los contratos de litio con empresas chinas y rusas, aprobados apresuradamente justo antes de las elecciones”, prosigue Die Welt.
“Un desarrollo similar se está produciendo en Panamá: un fallo reciente sobre las concesiones en torno a los puertos del Canal de Panamá causó revuelo. Mientras EE. UU. se beneficia, China, perdedora del fallo, amenaza con revisar sus compromisos de inversión. Y ahora que EE. UU. controla las reservas de Venezuela, el país más rico en petróleo del mundo, China siente cómo la estrategia anti-Pekín de Washington toma forma en Latinoamérica”.
En Siria, Irán o Venezuela, “Rusia se presenta como la protectora de una ‘mayoría global’ que se resiste a Occidente. Se supone que los regímenes autocráticos, de Caracas a Teherán, pueden confiar en Moscú para organizar defensas aéreas, brindar respaldo político y protegerlos en el Consejo de Seguridad de la ONU en caso de emergencia (…). Sin embargo, los últimos años demuestran la fragilidad de estas promesas”, observa el investigador del Instituto Leibniz para la Investigación de la Paz y los Conflictos (PRIF) Mikhail Polianskii, en una columna en el diario Handelsblatt.
“Esto es particularmente evidente en Venezuela. En mayo de 2025, Vladimir Putin y Nicolás Maduro firmaron un acuerdo de asociación estratégica en Moscú, que prometía explícitamente fortalecer las capacidades militares y brindar protección contra amenazas externas. Cuando las fuerzas especiales estadounidenses atacaron objetivos venezolanos en una operación nocturna a principios de 2026 y capturaron a Maduro, nada de esto quedó en pie.
Moscú condenó la ‘agresión’, exigió la liberación del ‘presidente legítimamente electo’ e invocó la soberanía de Venezuela. En ese momento, Rusia no tenía más que ofrecer que la indignación diplomática”, resume Polianskii en su columna del Handelsblatt. Con fuertes inversiones en el país, asesores militares y sistemas modernos de defensa aérea sobre el terreno, “cuando llegó la prueba, el patrocinador fracasó y el mensaje a otros regímenes fue inequívoco”.
No obstante, “Rusia sigue siendo un peligroso factor disruptivo. Cuando el desarrollo de estructuras estables fracasa, Moscú recurre con mayor frecuencia a instrumentos de desestabilización, desde la desinformación y los ciberataques hasta la explotación selectiva de vacíos de poder en zonas de conflicto”, advierte Polianskii.
“La embajada de Cuba en Brasil hace un llamado urgente a la opinión pública. La escasez de combustible pone en peligro la vida de 32.000 mujeres embarazadas, según una publicación sobre el embargo petrolero estadounidense. Esto ha provocado indignación en círculos de izquierda en Brasil. Una revista incluso acusó a EE. UU. de cometer un ‘genocidio en dosis homeopáticas’ en Cuba”, escribe Thomas Milz, desde Río de Janeiro, para el Neue Zürcher Zeitung (NZZ).
Sin embargo, el presidente Lula da Silva, duro crítico del embargo de Estados Unidos a la isla, quiere esperar a una reunión con Donald Trump en marzo antes de enviar alimentos y medicamentos a Cuba, y ni siquiera habla de petróleo. “Las antiguas naciones aliadas se muestran visiblemente reticentes a ofrecer ayuda”, observa Milz en el diario suizo. Y esto incluye a Rusia y China, que prometieron ayuda, sin concretarla, mientras Vietnam y México han enviado alimentos, algo que prometen también Chile y España.
“La presión estadounidense parece surtir efecto”, concluye NZZ y cita otros ejemplos elocuentes: Nicaragua, un régimen aliado de La Habana, puso fin a la exención de visado para los cubanos, cerrando una importante vía de escape; mientras Guatemala, Paraguay, Bahamas y Guyana rescindieron contratos de servicios de médicos y enfermeros cubanos, cortando ingresos en divisas a la isla.
En contraste con Cuba y Venezuela, Nicaragua ha quedado fuera del foco estadounidense, en parte porque la pareja gobernante Ortega‑Murillo ha mostrado una inusual cooperación restableciendo visados para cubanos,liberando presos políticos y colaborando contra el narcotráfico. Hay especulaciones sobre la fragilidad de la salud de Ortega y el país posee poco peso económico, estratégico y político para Washington.
Sin embargo, la oposición en el exilio confía en que Nicaragua solo esté relegada momentáneamente: “Algunos apuestan a que los procesos contra Maduro podrían descubrir evidencia de vínculos entre el régimen de Managua y el tráfico internacional de drogas, lo que llevaría a Washington a tomar medidas más duras”.
Fuente: Deutsche Welle

