“La boca oriental del estrecho de Magallanes es argentina”: esta es la frase viralizada del contraalmirante Hernán Montero, jefe del Servicio de Hidrografía Naval de Argentina, que generó un pequeño traspié diplomático, aunque con mayor repercusión en Chile que en Argentina.
El ministro chileno de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, calificó la polémica como “infundada” y recordó que “la soberanía de Chile en el estrecho de Magallanes es indiscutible y se funda en dos tratados: de 1881 y de 1984”.
La frase de Montero no tiene sustento jurídico real, coinciden expertos consultados por DW. Gilberto Aranda, académico de la Universidad de Chile y analista internacional, opina que el contraalmirante representa “sectores en Argentina, que también los hay en Chile, que son reivindicacionistas de espacios ampliados de sus territorios y que consideran que siempre es necesario estar en alerta y defensivamente frente a un vecino”.
Para María Lourdes Puente, experta en relaciones internacionales de la Universidad Católica de Buenos Aires, estos roces son promovidos por “personajes que tienen algún interés por generar conflicto”.
“Se puede decir que la boca de entrada es o no argentina, pero eso ya está delimitado, está en los papeles. No hay nadie que tenga alguna duda respecto de eso”, añade.
Mariano Bartolomé, profesor e investigador argentino de la Universidad Camilo José Cela de Madrid, califica las declaraciones de “innecesarias” porque tocan un tema sensible: “En el tratado bilateral está más que claro que la boca oriental del estrecho de Magallanes corresponde a Chile y tema cerrado”, sentencia.
La polémica ocurre en un momento de gran afinidad política entre los Gobiernos de Chile, liderado por José Antonio Kast, y Argentina, conducida por Javier Milei. Tras asumir en marzo de 2026, el primer viaje internacional de Kast como presidente fue precisamente a Buenos Aires.
Esa buena sintonía ideológica ayudó a reducir rápidamente la tensión, pero también hace recordar fricciones del pasado y asuntos limítrofes sin resolver: “Uno esperaría que los mecanismos para desactivar estas minidiferencias cruzaran la afinidad política y no dependieran de aquello. En este caso se resolvió muy pronto porque hay afinidad, pero eso podría haber sido distinto hace seis meses”, apunta Aranda.
Los Campos de Hielo Sur —denominación chilena— o el Hielo Continental Patagónico —llamado así en Argentina— son una extensa zona glaciar y montañosa que representa una de las mayores reservas de agua dulce del planeta.
Ambos países resolvieron los tramos principales en 1998, pero un sector específico sigue pendiente de demarcación (ver gráfico). Es un asunto técnico y complejo: la frontera está basada en las cumbres de las cadenas montañosas que están ocultas bajo el glaciar, en un territorio de difícil acceso y condiciones climáticas extremas.
El retroceso glaciar por el cambio climático podría añadir incertidumbre sobre hacia qué lado fluirá el agua en el futuro: “Se puede presentar algún tipo de controversia en lo que respecta al principio de altas cumbres que dividen aguas, porque no se sabe muy bien para dónde escurre el agua, si ahora está todo congelado”, advierte Bartolomé.
Puente no ve un conflicto: “El problema es técnico, es demarcación, no delimitación. Y esa demarcación, supongo que en la medida en que aparezcan instrumentos técnicos para hacerlo, se va a avanzar”, aunque no cree que el Gobierno de Milei tenga el tema en su agenda.
En el Paso Drake, al sur del Cabo de Hornos, ambos países reclaman derecho de soberanía sobre el mismo fondo marino. Argentina sustenta su posición en una línea recta pactada entre ambas naciones en el Tratado de Paz y Amistad de 1984.
Chile, en cambio, argumenta que sus islas australes —como las Islas Diego Ramírez— le permiten proyectarse hacia el sureste, sobre la zona de la Fractura Shackleton, creando una superposición de soberanías en el lecho marino (ver gráfico).
En 2016, la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC) adoptó las recomendaciones sobre la plataforma continental reclamada por Argentina, aunque excluyó el área en disputa con Chile. En 2021, Santiago oficializó su carta náutica graficando su propia plataforma en esa misma zona, lo que generó nuevas fricciones.
“Ese tema está pendiente”, reconoce Puente, que alerta: “No sé qué pasaría si en ese lecho marino aparece petróleo. Se podría generar una parálisis legal hasta que se defina la titularidad del suelo”.
La jueza y diplomática chilena María Teresa Infante, quien representó a Chile ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en el litigio marítimo entre Perú y Chile, señala a DW que en este caso “se aplican las normas del derecho del mar general y las pactadas entre ambos países. Es el marco que debería aplicarse a los espacios marítimos de cada país, considerando los acuerdos entre ellos”.
Siete países reclaman soberanía en la Antártida. Chile y Argentina —junto al Reino Unido— tienen territorios reclamados que se superponen, especialmente en la Península Antártica (ver gráfico). El Tratado Antártico de 1959 congela todas las disputas y promueve la cooperación e investigación científica.
Sin embargo, en 2048 —a 50 años de la entrada en vigor del Protocolo de Madrid— podría existir la posibilidad de revisar ese protocolo ambiental. De haber quorum suficiente para su modificación, podría abrirse la puerta a la explotación de recursos naturales en el continente blanco.
“El gran entuerto limítrofe de importancia que tenemos argentinos y chilenos ya no está en el continente americano, sino que está en la Antártida, que es un tema más complejo. Vamos a tener un problema allí, pero es a futuro. Por ahora, no tenemos ningún tema candente o activo”, advierte Bartolomé.
Ambos países ya se preparan. Argentina busca consolidar Ushuaia como centro logístico para operaciones antárticas y remodernizó la base Petrel en la Península Antártica. Chile, por su parte, a través de la empresa estatal Astilleros y Maestranzas de la Armada (ASMAR), construyó el rompehielos AGB-46 “Almirante Viel”, el más moderno de la región.
Los expertos recuerdan que, con cerca de 5.300 km, Chile y Argentina comparten una de las fronteras más extensas del mundo y que, a pesar de los roces, los expertos coinciden en que la relación bilateral es hoy mucho mejor que en décadas anteriores.
Un ejemplo concreto es la Patrulla Antártica Naval Combinada (PANC), operativo conjunto que ambos países realizan desde 1998. “Patrullamos en conjunto la Antártida. Yo creo que no existen muchos países que patrullen en conjunto una zona en la que tienen un conflicto territorial”, destaca Puente.
Aranda sugiere que ambos países “deben potenciar una relación que no dependa de la afinidad política, sino que sea más estructural al mecanismo de consulta y aproximación bilateral que logre rápidamente poner paños fríos” en situaciones complejas.
“Lo más sabio y lo más sano que pueden hacer nuestros países es ponerse de acuerdo. A la luz de nuestra historia común, que no sea una historia de suma cero y donde ninguna de las dos partes sienta que perdió”, concluye Bartolomé.
*DW trató de ponerse en contacto con ambos ministerios de relaciones exteriores para conversar sobre estos temas, pero, al cierre de esta nota, no ha recibido respuesta de ninguno.
Fuente: Deutsche Welle

