El partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) logró aumentar de forma considerable sus votos en las elecciones del noreste de Alemania y en la capital, Berlín, pero probablemente seguirá en la oposición en ambos estados federados.
En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, AfD se convirtió en el partido más fuerte con casi el 38 por ciento de los apoyos, según una proyección del instituto demoscópico Infratest-dimap. Con esas cifras, quedó ligeramente por delante de los socialdemócratas de la ministra presidenta en funciones, Manuela Schwesig.
El copresidente de AfD, Tino Chrupalla, dijo, aún antes de que se dieran a conocer las primeras proyecciones en la televisión pública ARD, que allí tenían claramente el mandato para gobernar, y aseguró que ofrecerán diálogo a todos los otros partidos. Además, Chrupalla espera que el canciller federal Friedrich Merz dimita: eso, dijo, supondría un verdadero alivio para el país.
También en las elecciones para la Cámara de Diputados de Berlín, el parlamento regional de la capital alemana, AfD logró aumentar su caudal de votos, aunque se quedó muy por debajo de sus propias expectativas. Según una proyección de Infratest-dimap, con alrededor del 16 por ciento de los votos no alcanzó, ni de lejos, su objetivo de convertirse en la fuerza política más votada.
Dado que en ambas elecciones los cristianodemócratas del canciller Merz sufrieron fuertes pérdidas, la colíder de AfD, Alice Weidel, ya considera a su partido como el sucesor de la CDU. En la cadena pública ZDF, Weidel afirmó que son el nuevo partido popular de Alemania y reprochó a los cristianodemócratas su tajante distanciamiento de AfD. Añadió que ellos sí están abiertos a dialogar con otros partidos porque no han levantado "muros cortafuegos" contra nadie.
Weidel no explicó, sin embargo, qué aspecto concreto podrían tener las conversaciones con otros partidos tras los éxitos electorales de AfD.
Sobre todo tras el triunfal éxito electoral ultraderechista en el estado federado de Sajonia-Anhalt, el 6 de septiembre, quedó claro que al partido le resultará difícil conseguir socios políticos. En aquella elección, AfD estuvo a punto de lograr la mayoría absoluta de escaños en el parlamento regional, lo que le habría permitido nombrar sin necesidad de alianzas al ministro presidente. En la pugna por formar una mayoría de gobierno, ningún partido parece por ahora dispuesto a entrar en coalición con ellos.
El candidato principal de Alternativa para Alemania en Sajonia-Anhalt, Ulrich Siegmund, se había comprometido a liderar un gobierno estable, descartando encabezar un gobierno en minoría. Durante la campaña había ido incluso más lejos, declarando repetidamente que solo gobernaría al frente de un gobierno exclusivamente de AfD.
Desde entonces no está claro qué es exactamente lo que busca la ultraderecha. Las declaraciones de la cúpula federal del partido dejan ver, sin embargo, que están muy interesados en llegar al poder. Así lo subrayó Weidel, quien tras las elecciones en Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental declaró que, si dependiera de ella, también estaría bien conformar gobiernos en minoría.
A la propia Weidel se le atribuyen ambiciones de suceder a Merz como canciller federal. Ya fue la candidata a canciller de su partido en las pasadas elecciones federales. Numerosos altos cargos de su partido la ven en posición de repetir esa experiencia. La formación exitosa de un gobierno regional bajo el liderazgo de AfD podría dar impulso a su figura.
Sin embargo, el ascenso del partido también viene acompañado de protestas crecientes. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental y en Berlín, numerosas alianzas se movilizaron contra la ultraderecha.
El partido también ha protagonizado numerosos titulares negativos durante la campaña electoral en Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental: en este último Estado federado, un político de AfD tuvo que retirar su candidatura al conocerse que era un atracador de bancos condenado. Otro candidato renunció porque había perdido el carné de conducir por manejar en estado de ebriedad.
Y en Berlín, poco antes de la elección, se supo que a un colaborador de la candidata principal se le habían encontrado drogas y objetos de simbología nazi.
Ya en el pasado AfD ha llamado la atención, una y otra vez, por comentarios a favor del nacionalsocialismo. Un eurodiputado posó con la mano sobre el corazón frente al llamado búnker de Adolf Hitler; un diputado del Bundestag se describió a sí mismo como "el rostro amable del nacionalsocialismo". Y el influyente presidente regional de la AfD en Turingia, Björn Höcke, fue condenado en dos ocasiones a pagar fuertes multas por el uso de una consigna de la tristemente célebre Sturmabteilung (SA), la organización paramilitar del partido nazi de Hitler.
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Fuente: Deutsche Welle
