11 de septiembre de 2001: el rol de Alemania en los ataques

11 de septiembre de 2001: el rol de Alemania en los ataques

"Este día ha cambiado el mundo". Así reaccionó el entonces presidente de Alemania, Johannes Rau, ante la visión de las Torres Gemelas envueltas en llamas y derrumbándose. El 11 de septiembre de 2001, casi tres mil personas murieron luego de que terroristas islamistas convirtieran cuatro aviones de pasajeros secuestrados en armas mortales.

Entre las víctimas, personas de 92 países; entre ellas, once alemanes. Tres de los cuatro presuntos pilotos terroristas estuvieron viviendo poco antes del ataque en Hamburgo. El líder del grupo terrorista islamista era el egipcio Mohammed Atta, que llegó a principios de los años noventa a esa ciudad del norte de Alemania para estudiar.

El joven se radicalizó en algún momento de su estancia, sobre todo en la posteriormente clausurada mezquita Al-Quds, situada cerca de la estación central de Hamburgo. Los últimos tres años de su vida los pasó compartiendo piso con otros dos presuntos terroristas en el distrito de Harburg de dicha ciudad.

Al parecer, seis hombres formaban parte de la denominada célula terrorista de Hamburgo, entre ellos, el marroquí Mounir al-Motassadeq, acusado de colaborar en los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. En 2003, el Tribunal Superior Regional Hanseático lo condenó a la pena máxima de 15 años de prisión por complicidad en miles de asesinatos y por pertenencia a una organización terrorista.

Tras cumplir su condena, Al-Motassadeq es deportado a Marruecos, su país de origen. Otro de los presuntos terroristas del entorno del piloto suicida Atta es Ramzi Binalshibh, nacido en Yemen, que permanece detenido sin juicio desde 2006 en el campo de prisioneros estadounidense de Guantánamo.

Estados Unidos encarceló en esta prisión contraria al derecho internacional a cientos de sospechosos, entre ellos Murat Kurnaz, nacido en Bremen. Hasta agosto de 2006 no fue puesto en libertad, después de casi cinco años sin que pudiera demostrarse que hubiera participado en los atentados terroristas.

En el Bundestag alemán, varias comisiones de investigación han intentado esclarecer por qué Kurnaz y otros sospechosos fueron puestos injustamente en el punto de mira de los servicios secretos estadounidenses y alemanes. Entre los testigos citados, también se encuentra el entonces ministro de Exteriores y actual presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier.

La cuestión central es por qué las autoridades de seguridad alemanas rechazaron en 2002 el posible regreso Kurnaz, de origen alemán y con pasaporte turco. La justificación de Steinmeier fue: "Nadie pone en duda, tampoco yo, que el señor Kurnaz sufrió cosas terribles en Guantánamo. Por eso también nos esforzamos por que recibiera un trato conforme al Estado de derecho. Pero, al mismo tiempo —por favor, entiéndanlo—, también estábamos obligados a velar por la seguridad en nuestro propio país".

El caso Kurnaz muestra la presión a la que se vio sometida la política alemana después del 11S. El entonces canciller, Gerhard Schröder, pronunció al día siguiente una declaración de gobierno: "El día de ayer, 11 de septiembre de 2001, pasará a la historia como un día negro para todos nosotros".

Schröder marcó el tono y sentó las bases para una serie de endurecimientos legislativos. Pocas semanas después de los atentados, la coalición de Gobierno, formada por socialdemócratas y verdes, presentó su primer denominado "Paquete de seguridad": más dinero, más personal y más competencias para la Policía y los servicios de inteligencia.

A partir de entonces, las asociaciones religiosas, que hasta ese momento gozaban de ciertos privilegios, podían ser prohibidas, al igual que otras asociaciones, cuando sus actividades estén dirigidas contra la Constitución, contra el orden constitucional liberal y democrático, o persigan otros fines delictivos. Menos de cuatro meses después de los atentados terroristas en Estados Unidos, entró en vigor la Ley de lucha contra el terrorismo.

Los servicios de inteligencia podían acceder a datos personales de bancos, empresas de aviación y compañías de telecomunicaciones. La legislación sobre extranjeros se endureció. Mediante la denominada "Rasterfahndung", un método por el que se cotejaban masivamente datos sin que exista una sospecha concreta, se pretendía localizar a los llamados "durmientes": personas como Mohammed Atta, de la célula terrorista de Hamburgo, que las autoridades de seguridad no detectaron a tiempo.

Finalmente, el Tribunal Constitucional puso fin a este método, jurídicamente cuestionable. Una sentencia dictada en 2006 dictaminó que solo será admisible cuando exista un peligro concreto. Siete años después, el máximo tribunal alemán declara también parcialmente inconstitucional la base de datos antiterrorista.

Los atentados terroristas islamistas del 11 de septiembre de 2001 también tienen consecuencias de gran alcance y larga duración en el ámbito militar. En octubre, Estados Unidos atacó a los talibanes de Afganistán, por negarse a entregar al presunto cerebro de los atentados: Osama bin Laden, líder de la red terrorista Al Qaeda.

Alemania participó desde diciembre en la guerra liderada por Estados Unidos, que ha durado 20 años y terminó en agosto de 2021 con el regreso de los talibanesal poder. Del lado de las tropas internacionales murieron alrededor de 3.600 soldados, 59 de ellos pertenecientes a la Bundeswehr, el Ejército de Alemania. También murieron tres policías alemanes.

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Fuente: Deutsche Welle

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