El viernes 20 de febrero, el ministro de Transportes y Telecomunicaciones de Chile, Juan Carlos Muñoz, recibió un e-mail donde se le notificaba de que su visa para ingresar a Estados Unidos había sido revocada. Esta medida afecta también a sus familiares directos, además de a otros dos funcionarios del Gobierno. Poco más tarde, el Departamento de Estado estadounidense emitió un comunicado explicando la decisión.
En ese texto, el secretario de Estado, Marco Rubio, indicaba que las personas sancionadas “con conocimiento, dirigieron, autorizaron, financiaron, brindaron apoyo sustancial y/o llevaron a cabo actividades que comprometieron infraestructura crítica de telecomunicaciones y erosionaron la seguridad regional en nuestro hemisferio”.
En el centro del problema está el proyecto Chile China Express, que busca construir un cable submarino de fibra óptica que conecte Hong Kong con la región de Valparaíso y que evitaría pasar por zonas de influencia estadounidense. Sin embargo, ese proceso está recién en etapa de evaluación en Chile, y no existe decisión alguna al respecto.
Ante esto, el presidente de Chile, Gabriel Boric, dijo que el país no se verá “socavado en ninguna circunstancia por amenazas de ningún tipo”, mientras que China, por medio de su embajada en Santiago, acusó a Estados Unidos de vulnerar la soberanía del país sudamericano.
“Es cierto que a nivel retórico se ha ocupado esa acusación sobre la soberanía como mecanismo de comunicación política, pero me parece que es el modus operandi que tiene toda gran potencia, que implica utilizar las fuentes de su poder para garantizar sus propios intereses”, dice a DW Guido Larson, docente de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo (UDD) en Santiago.
“Para mí es una afrenta al Estado chileno, porque en la declaración de Estados Unidos no solamente se señala al presidente Boric, sino que se previene al presidente electo José Antonio Kast, que asume el 11 de marzo”, complementa Paulina Astroza, doctora en ciencias políticas y académica de la Universidad de Concepción. “Esto pone al futuro mandatario en un dilema difícil”, añade la experta, “porque sea cual sea la decisión que uno tome, siempre va a haber consecuencias”.
Esto, porque alinearse con China va a desatar la ira de Washington, y tomar partido por Estados Unidos traerá aparejadas consecuencias desde Beijing. “Nosotros nos encontramos al medio tratando de navegar en esas aguas turbulentas, y el margen de acción de Chile es bastante pequeño, porque nuestro desarrollo depende mucho del comercio y de nuestros vínculos internacionales”, agrega Astroza.
La decisión de Washington de revocar las visas de estos funcionarios chilenos es, en todo caso, algo que muestra que Estados Unidos vuelve a mirar a América Latina con un interés que parecía haber perdido en los últimos años, y para ello no trepidará en recurrir a las sanciones. En abril de 2025 había revocado la visa del expresidente de Costa Rica, Óscar Arias, y en julio la del hermano de este, Rodrigo Arias, presidente del Congreso. Es decir, existen precedentes, más allá de lo que se ha hecho en Venezuela o Cuba.
“Estas decisiones se enmarcan en un delineamiento estratégico donde Latinoamérica se entiende como una esfera de influencia natural y exclusiva para Estados Unidos, y el subtexto es situar ciertos límites después de los cuales Washington reaccionará con medidas coactivas”, dice Larson. A la vez, añade el académico de la UDD, “Chile no está obligado a actuar a favor de Washington, pero debe tener claro que habrá consecuencias potencialmente serias si no lo hace”.
Astroza sostiene, en tanto, que lo que estamos viendo en el caso chileno es la ejecución “de una idea que siempre han tenido los imperialismos de lograr que los estados que están bajo su influencia” se alineen con ellos, “vulnerando claramente el principio de soberanía de los estados”. El punto es que la influencia de China en América Latina hoy es crucial, y de hecho es el principal socio comercial de varios países sudamericanos. Y eso enciende las alarmas en la administración Trump.
La competencia entre las dos superpotencias, dice Astroza, va más allá de lo militar y lo económico, porque abarca también campos como la tecnología, la innovación, la inteligencia artificial e incluso el espacio. En esa lógica, el cable submarino de comunicaciones puede suponer un problema para los estadounidenses.
“La estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos determina que el adversario es China, y nosotros somos parte del patio trasero que Washington no quiere que los chinos sigan interviniendo”, apunta la académica.
“Hipotéticamente, Chile podría seguir avanzando en el proyecto del cable chino, a sabiendas de que eso alienará a Estados Unidos. Sin embargo, a primera vista no parece haber gran interés en tomar ese camino”, dice Larson. Sin ir más lejos, Boric dijo que esta decisión no se tomará durante su mandato, y Kast adelantó que el tema debe ser estudiado muy profundamente.
Larson destaca el hecho de que las sanciones sean selectivas y no generalizadas, lo que ofrece la oportunidad “de adecuarse a un contexto de competencia sino-estadounidense”. En ese marco, todo indicaría que “Latinoamérica será de creciente interés para Estados Unidos, aunque es importante ver cómo reaccionará China, que de momento ha sido muy cautelosa”.
Fuente: Deutsche Welle

