El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, declaró el lunes 22 de junio de 2026 que existe una "base muy sólida" para alcanzar un acuerdo definitivo exitoso con Irán. Las palabras de Vance llegaron tras conversaciones directas entre ambas partes en un complejo turístico de montaña en Suiza.
Las negociaciones suponen la primera etapa de un período de dos meses, previsto en el acuerdo preliminar alcanzado la semana pasada, cuyo objetivo es poner fin a la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero.
El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, escribió en X que se han logrado "avances significativos para poner fin al conflicto en el Líbano". Aludía de esta manera a los enfrentamientos entre Israel y los milicianos de Hezbolá, respaldados por Irán.
Asimismo, Araqhchi aseguró en X que Teherán ha obtenido exenciones para exportar petróleo y productos petroquímicos, la liberación de parte de sus fondos congelados y la puesta en marcha de un plan de reconstrucción y desarrollo para el país.
Los principales negociadores iraníes ya regresaron a Teherán, pero el equipo técnico, encabezado por el viceministro de Relaciones Exteriores, Kazem Gharibabadi, permanece en Suiza para proseguir las conversaciones, según informaron medios estatales iraníes.
Incluso antes de su inicio, el proceso de paz ha estado sometido a presiones. Los sectores más duros de Irán denuncian que las negociaciones son una señal de retroceso. En Estados Unidos, algunas partes del memorando de entendimiento han sido criticadas por conceder demasiado a Irán sin resolver cuestiones clave.
Al mismo tiempo, Israel ha continuado sus ataques en el Líbano, pese a que Teherán insiste en que un alto el fuego en ese país forma parte del acuerdo provisional.
Las negociaciones comenzaron con tropiezos el domingo. La delegación iraní las suspendió brevemente, después de que Donald Trump amenazara en una publicación en redes sociales con reanudar los ataques contra Irán si Teherán no controla a sus aliados en el Líbano.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, principal negociador de Teherán junto con el ministro de Relaciones Exteriores Abbas Araghchi, respondió que Irán no toma en serio las amenazas estadounidenses y advirtió a Washington que mida sus palabras.
"Será mejor que tengan cuidado con sus declaraciones. Nuestras fuerzas armadas están preparadas para responder de otra manera”, escribió en su cuenta de X. "Digan lo que digan, seremos nosotros quienes actuemos".
El intercambio puso de manifiesto las dificultades para transformar esta frágil apuesta diplomática en un acuerdo duradero. Kambiz Ghafouri, analista político radicado en Finlandia, comenta a DW que la contradicción ideológica de fondo entre ambas partes nunca ha sido resuelta. "El Gobierno iraní sigue siendo un gobierno revolucionario", asegura Ghafouri.
Mientras Irán ha tomado la cuestión del alto el fuego en el Líbano como parte del marco de negociación, Estados Unidos ha intentado separar la escalada regional del acuerdo principal. Lo cierto es que los acontecimientos sobre el terreno han dificultado esa separación.
El analista Ghafouri considera poco probable que Irán abandone de manera significativa a Hezbolá, el partido político chiita y grupo armado con base en Líbano.
"Hezbolá es como un hijo para el régimen iraní", explica a DW. "Lo creó y lo fortaleció. En estas circunstancias, es muy improbable que Irán acepte reducir a Hezbolá al nivel de un partido político común".
Para Teherán, Hezbolá no es solo un instrumento de política exterior. Forma parte de la arquitectura regional construida por el régimen a largo plazo y de la imagen ideológica que tiene de sí mismo.
Según Ghafouri, esto hace que para Washington e Israel sea más difícil confiar en los compromisos iraníes. Estados Unidos, Israel y muchos otros países consideran Hezbolá como organización terrorista.
La parte más ambiciosa del acuerdo marco provisional sigue siendo la promesa de levantar todas las sanciones primarias y secundarias impuestas por Estados Unidos a Irán. Eso iría mucho más allá del alivio de sanciones contemplado en el acuerdo nuclear de 2015.
También sería políticamente difícil de concretar con rapidez para cualquier presidente estadounidense, ya que esas sanciones se sustentan en décadas de legislación aprobada por el Congreso y de decretos ejecutivos.
Revertirlas requeriría tiempo, capital político y una implementación sostenida. Al poner una oferta de este calibre sobre la mesa, Washington parece enviar la señal de que está dispuesto, al menos en teoría, a considerar algo mucho más amplio que un entendimiento limitado al tema nuclear.
Fuente: Deutsche Welle
