Entre el 21 y el 24 de septiembre, la encargada de la presidencia de Venezuela, Delcy Rodríguez, viajó a Nueva York en un avión facilitado por Estados Unidos para participar en la 81. Asamblea General de las Naciones Unidas, reunirse con organizaciones multilaterales y tener un encuentro con Donald Trump.
Al mismo tiempo que Rodríguez buscaba legitimidad política internacional y, de la mano de Washington, reinsertar su administración en los circuitos económicos y financieros internacionales, en Venezuela se eleva el descontento popular y se intensifican las protestas ciudadanas en contra del interinato.
De acuerdo con datos del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), entre el 22 y el 24 de septiembre se produjeron 56 manifestaciones, que llegaron a extenderse a 17 estados del país. Buena parte de la conflictividad de esas jornadas estuvo relacionada con la crisis del sistema eléctrico: hubo concentraciones, cacerolazos, barricadas, quema de cauchos y cierres de calles y carreteras, en medio de interrupciones del servicio que en algunas zonas alcanzaron hasta 16 horas.
Estas recientes manifestaciones no constituyen episodios aislados, como lo evidencian los datos acumulados por el OVCS en lo que va de año, sino que se inscriben en un clima más amplio de descontento del ciudadano frente a las precarias condiciones de vida que persisten en el país. Esta insatisfacción se ha visto amplificada por el incumplimiento de las altas expectativas de cambio generadas entre los venezolanos tras la salida de Nicolás Maduro en enero pasado.
Durante los primeros ocho meses de 2026, el OVCS registró 4.656 protestas en Venezuela, prácticamente el triple de las 1.561 contabilizadas durante el mismo período de 2025. El crecimiento de la conflictividad abarcó tanto las demandas relacionadas con derechos civiles y políticos (DCP), que alcanzaron 2.092 protestas (44,9 por ciento), como aquellas vinculadas con derechos económicos, sociales, culturales y ambientales (DESCA), que sumaron 2.564 (55,1 por ciento).
Para el Observatorio, esta distribución bastante equilibrada entre ambos tipos de demandas confirma el carácter multidimensional de la conflictividad venezolana en la que las limitaciones al ejercicio de los derechos civiles y políticos y la persistencia de graves vulneraciones a los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales se retroalimentan y refuerzan el uso de la protesta ciudadana como la principal herramienta de los venezolanos para exigir sus derechos y participar en los asuntos públicos.
Este deterioro en el clima social tiene un reflejo directo y acelerado en el desgaste del capital político del interinato. Según la serie mensual de Latam Pulse (AtlasIntel/Bloomberg), la aprobación de la forma en que Delcy Rodríguez está conduciendo el gobierno de Venezuela se desplomó de un 37 por ciento en febrero de 2026 a apenas un 24,6 por ciento en agosto de 2026. Es decir, solo dos de cada diez venezolanos aprueban su forma de gobernar.
De igual manera ha aumentado durante este periodo la evaluación negativa sobre el interinato. Entre febrero y agosto de 2026 la percepción de que el gobierno de Delcy Rodríguez es "malo o muy malo” escaló de un 33,5 por ciento hasta un 57,9 por ciento. Solo alrededor de 2 de cada diez venezolanos consideran bueno o muy bueno el gobierno interino.
Esta erosión es corroborada por otras encuestadoras como Meganálisis. De acuerdo con su sondeo de abril de 2026, la gestión de Delcy Rodríguez ya registraba niveles de desaprobación superiores al 93% en el manejo de áreas críticas del Estado: 95,33% en economía (empleo, salarios e inflación), 94,61% en servicios públicos (electricidad, agua y transporte) y 93,81% en democracia y ejercicio de libertades.
Esta tendencia se consolidó en los meses siguientes. Según el sondeo de agosto de 2026, un 93,2 por ciento de los encuestados afirmó que su situación económica y calidad de vida no había mejorado en lo absoluto durante su gestión.
El creciente descontento no se limita al interinato de Rodríguez. A medida que los venezolanos perciben que la administración Trump juega un papel decisivo en la continuidad del actual ecosistema de poder, en la orientación de los acuerdos económicos y en la postergación indefinida de los tiempos de la transición, la valoración entre los venezolanos de la política estadounidense comienza a quedar también asociada a los resultados de la gestión del interinato.
Según AtlasIntel, entre febrero y agosto de 2026 la imagen positiva de Donald Trump entre los venezolanos sufrió un desplome del 53 por ciento al 30 por ciento, una caída de 23 puntos porcentuales, mientras que su imagen negativa escaló hasta el 45 por ciento.
El nuevo acuerdo petrolero tampoco genera un respaldo mayoritario. Según AtlasIntel, en agosto solo el 35,4 por ciento de los encuestados se declara a favor del convenio. Más de la mitad de la población (50,2 por ciento) opina que el pacto beneficiaría más a Estados Unidos que a Venezuela y un porcentaje similar (51 por ciento) considera que Venezuela está cediendo demasiado a cambio de muy pocos beneficios.
Más significativo aún es que el 53 por ciento percibe que el acuerdo compromete la soberanía nacional, mientras que el 55 por ciento sostiene que el interinato carece de legitimidad para negociar los recursos naturales del país a largo plazo.
Por su parte, el sondeo de Meganálisis de julio de 2026 encuentra que el 77,5 por ciento de los venezolanos se siente "decepcionado" por el apoyo que la administración Trump le sigue dando a Delcy Rodríguez y a otros miembros del chavismo. Este descontento se vincula con los resultados del sondeo de agosto, según el cual un 88,4 por ciento de la población considera "muy urgente” que el chavismo deje el poder.
Lo más preocupante de este clima de protestas y descontento es que estas demandas sociales y políticas encuentran pocas vías efectivas para ser procesadas: un interinato con muy pocas capacidades para responder a los reclamos ciudadanos y una transición electoral que, casi nueve meses después de la salida de Nicolás Maduro, continúa sin fecha cierta.
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Fuente: Deutsche Welle

