El lenguaje que habla el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, es conocido desde que era periodista en la cadena conservadora Fox News, donde elogiaba la seriedad y el instinto político de Donald Trump. Esto le ganó simpatías, especialmente de Trump y los seguidores de su movimiento MAGA (“Make America Great Again”).
Pero ahora Hegseth es el jefe del Ejército más poderoso del mundo. Se autodenomina, a petición de Trump, “secretario de Guerra”. Y su lenguaje genera controversia a nivel mundial cuando roza los límites del derecho internacional. En una rueda de prensa sobre la guerra contra Irán a principios de marzo, calificó de “estúpidas” las reglas de combate para los soldados estadounidenses, poniendo en entredicho normas diseñadas fundamentalmente para proteger a los civiles y prevenir crímenes de guerra. A mediados de marzo, reafirmó su postura, declarando la guerra “sin cuartel ni piedad para nuestros enemigos” en Irán.
Traducido del argot militar, esto significa que hasta quienes se hayan rendido serán asesinados, explica la experta en derecho internacional Jacqueline Hellmann, de la Universidad Complutense de Madrid: “La afirmación resulta controvertida desde la perspectiva del derecho internacional humanitario, ya que evoca una práctica que se encuentra expresamente prohibida”. Como mera retórica no es punible, pero podría clasificarse como crimen de guerra si, formulada como una orden, conlleva acciones correspondientes por parte de las fuerzas armadas.
Esta no es la primera vez que los críticos vinculan a Hegseth con crímenes de guerra. En uno de los controvertidos ataques del Ejército estadounidense contra presuntas embarcaciones de contrabando de drogas procedentes de Venezuela, hubo dos supervivientes que fueron asesinados en un segundo ataque. Inicialmente, los medios informaron que esto ocurrió porque Hegseth había ordenado que no se dejara a nadie con vida. El secretario de Defensa lo negó. El comandante Frank “Mitch” Bradley también testificó que tomó la decisión personalmente porque los supervivientes seguían representando una amenaza.
Sin embargo, existen más indicios de que Hegseth discrepa de los Convenios de Ginebra y del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. En un podcast con el exsoldado de élite Shawn Ryan, defendió a tres exsoldados estadounidenses condenados por crímenes de guerra que fueron indultados por Trump en 2019. Calificó las reglas de combate de “imposibles” y afirmó que fueron “escritas para perder, para esposar a nuestros hombres”. Como ejemplo, citó la norma que establece que los soldados estadounidenses solo pueden disparar contra presuntos enemigos armados si les están apuntando. En Irak, les habría dicho a sus subordinados: “¡Chicos, eso no lo hacemos!”.
Pete Hegseth, nacido en 1980, creció en un suburbio del área metropolitana de Minneapolis/Saint Paul, en Minnesota. Tras terminar la secundaria, estudió ciencias políticas en la prestigiosa Universidad de Princeton, donde, como editor del Princeton Tory, se convirtió en una de las voces conservadoras más destacadas del campus.
Tras graduarse, se alistó en el Ejército en 2003. Durante su servicio activo, estuvo destinado en el centro de detención estadounidense de Guantánamo, Cuba, en Irak y en Afganistán, donde recibió varias condecoraciones y alcanzó el rango de mayor. En 2014, Hegseth se incorporó a la Reserva de la Guardia Nacional.
Al mismo tiempo, comenzó a trabajar para Fox News como comentarista y presentador, lo que le dio mayor visibilidad pública. Hegseth se presentó cada vez más como un veterano de primera línea con un físico atlético y una férrea voluntad de luchar por los valores conservadores; entre otras cosas, apareciendo sin camisa en publicaciones en redes sociales y en libros como “Guerreros Modernos” y “Cruzada Americana”.
Hasta 2024, Hegseth permaneció como reservista de la Guardia Nacional, pero la abandonó voluntariamente después de que compañeros de su unidad lo denunciaran como posible extremista. La razón aducida fueron sus publicaciones en redes sociales y sus tatuajes, como declaró en el podcast “Shawn Ryan Show”. En su pecho luce la llamada Cruz de Jerusalén, documentada por primera vez como símbolo de los cruzados, y en su bíceps la inscripción en latín “Deus Vult” (“Dios lo quiere”), que no solo fue un grito de guerra de los cruzados, sino que también es popular en círculos de extrema derecha.
Además de su identificación con los cruzados, Hegseth pertenece a la Comunión de Iglesias Evangélicas Reformadas (CREC, por sus siglas en inglés), un movimiento cuyo líder busca convertir a Estados Unidos en una teocracia cristiana.
Cuando se supo que Trump pretendía nombrar a Hegseth secretario de Defensa, surgió resistencia incluso dentro de su propio partido. Muchos hubieran preferido a un experto en política de defensa tradicional. Pero Trump se impuso, justificando así su elección: “Pete es duro, inteligente y un firme defensor de ‘Estados Unidos Primero'”.
La lealtad de Hegseth parecía ser más importante que su idoneidad para el cargo; apenas tenía experiencia política: en 2012, se unió al Partido Republicano para presentarse al Senado por Minnesota, pero pronto retiró su candidatura. Forjó más conexiones políticas como presidente de la organización “Veteranos Preocupados de América”. Cuando Trump lo consideró para el cargo de Secretario de Asuntos de Veteranos en 2016, varias organizaciones de veteranos protestaron.
No obstante, Trump lo nombró secretario de Defensa en su gabinete en 2025. Durante el proceso de confirmación en el Senado, se enfrentó a preguntas cruciales. La republicana Joni Ernst, veterana de la guerra de Irak, lo interrogó exhaustivamente sobre su comprensión del papel de la mujer en las fuerzas armadas. Hegseth se había manifestado previamente en contra del despliegue de mujeres en combate y de la diversidad en el Ejército. Suavizó algunas de estas posturas ante el Senado, pero enfatizó que la eficacia militar era más importante que las políticas de igualdad.
También surgieron dudas sobre su carácter: una mujer retiró su acusación de violación contra Hegseth en 2017, tras un acuerdo extrajudicial. Como secretario de Defensa designado, recalcó que la relación había sido consensuada, pero la describió como una falta grave hacia su entonces esposa. Hegseth también negó las acusaciones de diversos sectores sobre su supuesto problema con el alcohol.
La votación decisiva en el Senado terminó en empate: tres republicanos también votaron en contra. Hegseth se convirtió en secretario de Defensa gracias al respaldo del vicepresidente J.D. Vance, cuyo voto en estos asuntos tiene peso decisivo.
Desde entonces, Hegseth ha impulsado sus planes para eliminar la diversidad como criterio de nombramiento en las fuerzas armadas estadounidenses. Algunos observadores sitúan el cese y la degradación de varios generales con larga trayectoria en este contexto. En marzo de 2025, se vio presionado por la filtración de información clasificada que, al parecer, había divulgado inadvertidamente en chats con periodistas y otras personas no autorizadas.
El “secretario de Guerra” de EE. UU. causó revuelo en septiembre de 2025 al convocar a cientos de generales estadounidenses —algunos de ellos en misiones en curso alrededor del mundo— a una reunión en la Base de Marines de Quantico, Virginia, para movilizarlos, junto con Donald Trump, en torno a su agenda. Según el propio Hegseth, esta agenda consiste principalmente en “restaurar la ética del guerrero”.
Fuente: Deutsche Welle

