Desde el 28 de febrero, Estados Unidos e Israel han llevado a cabo intensos ataques aéreos en Irán. Según la organización de derechos humanos HRANA, con sede en Estados Unidos, más de 3.600 personas han perdido la vida en aquel país.
Esa cifra incluye al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y a muchas otras figuras políticas y militares de alto rango, pero también a 165 personas de una escuela de niñas, la mayoría de ellas menores. A pesar de la pérdida de liderazgo, el núcleo del sistema político iraní permanece intacto. “No hay ningún movimiento hacia un cambio de régimen”, dice a DW el analista político estadounidense y presidente del Eurasia Group, Ian Bremmer.
En respuesta, el régimen iraní dio un paso de alto riesgo: bloqueó de hecho el estrecho de Ormuz al tráfico marítimo, permitiendo su uso solo a unos pocos países. La medida provocó un aumento de los precios mundiales del petróleo y aumentó la presión sobre EE. UU. y sus aliados.
La estrategia dio sus frutos. Teherán consiguió un alto el fuego sin admitir la derrota. El Gobierno puede presentar la tregua como prueba de que resistió a Estados Unidos y a todo su poderío militar. Trump ha aceptado el plan de 10 puntos de Irán como base para las negociaciones. El régimen iraní ha sobrevivido y ha ganado tiempo para intentar dar forma a la siguiente fase en condiciones más favorables.
Trump ha calificado el resultado de “victoria total y completa”, pero hay muchos analistas que no están de acuerdo. “Han logrado algunos objetivos”, dice Ian Bremmer a DW. “Si se analizan los daños causados a las capacidades militares de Irán, sus capacidades balísticas convencionales y sus capacidades navales, gran parte de ellas han quedado gravemente mermadas”. Y algunas partes de su programa nuclear también han sufrido graves daños.
Pero Estados Unidos también ha sufrido pérdidas. Los ataques iraníes han dañado o destruido sistemas de radar y aeronaves por valor de miles de millones de dólares. La reputación de EE. UU. como protector de los aliados del Golfo se ha visto gravemente dañada, después de que Irán atacara a sus vecinos.
Además, las relaciones con Europa y la OTAN se han tensado por el hecho de que Washington iniciara la guerra sin consultar a sus aliados.
Israel ha debilitado la capacidad militar de Irán. Ha demostrado que puede lanzar ataques mucho más allá de sus fronteras y sigue contando con un firme respaldo de Estados Unidos.
Al mismo tiempo, la guerra ha puesto de manifiesto algunas vulnerabilidades. Los misiles iraníes sometieron a las defensas aéreas de Israel a una presión constante, y algunos lograron atravesarlas, causando la muerte de más de 30 personas.
Fawaz Gerges, de la London School of Economics, subraya a DW que Israel podría salir “mucho más débil” de la guerra. Argumenta que el daño diplomático probablemente sea considerable, especialmente en su vecindad: ahora es menos probable que los países del Golfo estrechen lazos con Israel.
Estados Unidos ha trasladado muchos recursos militares a Oriente Medio para proteger el tráfico marítimo cerca del estrecho de Ormuz. Esto deja menos recursos para la región indopacífica, donde Washington y Pekín compiten por la influencia.
“China se beneficia no solo porque Estados Unidos está menos centrado en el entorno militar asiático, sino también porque sus propios aliados consideran que Estados Unidos es mucho menos fiable”, explica Bremmer. “Y eso significa que, en comparación, China es vista como un actor relativamente estable”.
La guerra ha beneficiado a Rusia de varias maneras. Las subidas de los precios de la energía impulsaron los ingresos de Moscú en un momento en que su presupuesto se veía sometido a presión debido a la guerra en Ucrania. Las sanciones se suavizaron temporalmente, ya que los países buscaban fuentes alternativas de suministro de petróleo.
Aunque los precios han bajado desde el alto el fuego, Rusia se beneficia de que la atención mundial se ha desviado de la guerra en Ucrania. Además, “EE. UU. ha trasladado gran parte de su capacidad militar al Golfo. Eso significa que los sistemas de armas que necesitan los ucranianos simplemente no van a estar disponibles”, explica Bremmer.
Los ataques iraníes afectaron a Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y otros países del Golfo. Se dañaron instalaciones energéticas por valor de miles de millones de dólares y su sensación de seguridad quedó destrozada.
Sin embargo, algunos países se beneficiaron. Arabia Saudita evitó el estrecho de Ormuz y mantuvo gran parte de su flujo de petróleo a través de su oleoducto Este-Oeste hacia el mar Rojo, obteniendo alto ingresos por sus exportaciones.
Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) dependen en gran medida de los trabajadores e inversores extranjeros. “El 90 por ciento de los más de 10 millones de habitantes de los EAU son expatriados”, señala Bremmer. Los temores en materia de seguridad han dañado su imagen como refugios seguros, un pilar fundamental de su modelo económico.
El aumento de los precios de la energía ha afectado a los hogares y a la industria, al igual que en muchas otras partes del mundo. Las interrupciones en el transporte marítimo han afectado al comercio y las presiones inflacionistas han aumentado.
Las alianzas tradicionales se han agrietado. Los gobiernos europeos se negaron a apoyar las operaciones militares estadounidenses. Algunos tampoco concedieron acceso al espacio aéreo para misiones ofensivas. El presidente Trump respondió amenazando de nuevo con retirar a EE. UU. de la OTAN, un escenario que muchos europeos temen.
Pakistán ha desempeñado un papel central en la negociación del alto el fuego y ahora se dispone a acoger nuevas conversaciones.
Para el primer ministro, Shehbaz Sharif, se trata de un gran éxito diplomático. Pakistán mantiene vínculos tanto con Washington como con Teherán, y durante semanas transmitió discretamente mensajes entre ambos. El resultado ha reforzado el papel de Pakistán como potencia mediadora en la región.
Fuente: Deutsche Welle

