¿Puede una Virgen gigante salvar a la Iglesia polaca?

¿Puede una Virgen gigante salvar a la Iglesia polaca?


En el idílico paisaje llano de campos de cereal, praderas y un lago se eleva una monumental estatua de la Virgen María. Gracias a ella, Konotopie, una aldea hasta ahora desconocida, de apenas 120 habitantes y situada en el centro-norte de Polonia, lleva semanas acaparando titulares.

La estructura, visible desde muchos kilómetros de distancia, supera los 55 metros de altura. La estatua blanca alcanza los 40,6 metros y se alza sobre un pedestal de 15 metros con forma de corona que también servirá como mirador. El monumento eclipsa incluso a la célebre estatua de Cristo de Río de Janeiro, que mide 38 metros incluyendo su base.

La inauguración oficial tendrá lugar este sábado (15/08/2026), coincidiendo con la festividad católica de la Asunción de la Virgen. Aunque los últimos trabajos de construcción continúan y el recinto sigue vigilado y cercado, miles de visitantes, entre peregrinos y curiosos, llevan meses acercándose hasta el lugar. En Polonia, las opiniones sobre el proyecto están muy divididas.

"Una pesadilla. Un cero a la izquierda. En vez de invertir ese dinero en proyectos útiles, se ha financiado una gigantesca montaña de hormigón", escribe el semanario Newsweek citando a una voz crítica.

"Hermosísima, esta María. Todo mi respeto. Un trabajo fantástico", opina, según el semanario conservador Sieci, una visitante devota.

El impulsor de la estatua es Roman Karkosik, de 75 años, nacido en una localidad vecina y actualmente una de las personas más ricas de Polonia. Hace casi cuatro décadas, cuando el capitalismo sustituyó a la economía socialista de escasez, el graduado de una escuela técnica trabajó inicialmente como camarero. Más tarde compró chatarra, produjo refrescos y se convirtió en el primer empresario polaco en fabricar botellas de plástico.

Tanto Karkosik como su esposa, Grażyna, evitan las apariciones públicas y el contacto con los medios. También se desconoce el coste de la escultura. La prensa especula con que la obra podría haber costado unos 100 millones de zlotys (unos 27 millones de dólares).

Los Karkosik se limitaron a describir la estatua como un "gesto de gratitud". Según los medios, el empresario, profundamente religioso, quiso agradecer a la Virgen su recuperación tras una grave enfermedad.

Ya en 2011, Karkosik financió una iglesia en un centro de peregrinación cercano, donde se encuentra una capilla forestal con una Piedad del siglo XIX.

"Tenía miedo de venir a Konotopie para ver en qué se había convertido realmente mi diseño", reconoció a la prensa polaca el escultor de la obra, Adam Jakub Matejkowski.

"Abrí los ojos y me quedé petrificado. La Madre de Dios abre los brazos para abrazarnos", afirmó Matejkowski satisfecho.

"Eso era precisamente lo que quería: que la figura tuviera un carácter humano, que se acercara a nosotros", explicó.

La zona de Konotopie figura entre las regiones económicamente más débiles de Polonia. Carece de grandes industrias y escasean los puestos de trabajo. Por ello, muchos ven en la estatua una oportunidad para reactivar la economía local.

"El monumento no es solo un punto espiritual, sino también estratégico para la región. Esperamos que a partir de ahora lleguen más inversores y turistas, lo que beneficiará a la economía local", declaró a medios polacos Krzysztof Kowalewski, funcionario del Ayuntamiento de Kikół.

La alcaldesa, Renata Golembiewska, celebra ya los ingresos récord registrados en restaurantes y bares.

Polonia es conocida por sus monumentales construcciones cristianas. Tras la transición democrática de 1989 se levantó en Licheń, en el centro del país, una gigantesca basílica que eclipsó a las catedrales de París y Colonia. El templo mide 138 metros de largo y 77 de ancho, mientras que su cúpula tiene un diámetro de 35 metros. Puede albergar a 20.000 fieles.

Desde 2010, además, Polonia alberga la estatua de Jesús más grande del mundo. Se encuentra en Świebodzin, cerca de la frontera con el estado alemán de Brandeburgo. Mide 36 metros de altura y se alza sobre una colina de casi 17 metros.

Aun así, es difícil pensar que estas gigantescas construcciones puedan frenar el avance de la secularización en la sociedad polaca. Aunque Polonia sigue siendo uno de los países más católicos de Europa, la confianza en la Iglesia disminuye de forma constante.

La fe católica fue durante siglos un elemento fundamental de la identidad nacional polaca. En el siglo XIX, cuando Polonia no existía como Estado independiente y estaba repartida entre potencias extranjeras, la religión desempeñó un papel clave en la resistencia frente a los protestantes prusianos y los rusos ortodoxos.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la oposición anticomunista y la Iglesia católica colaboraron, pese a sus diferencias, contra la dictadura comunista. Los templos se convirtieron en refugio para los perseguidos por el régimen y varios sacerdotes fueron asesinados por los servicios secretos. También desempeñó un papel destacado el papa de origen polaco Juan Pablo II.

Desde la transición democrática de 1989, sin embargo, la Iglesia católica atraviesa una crisis similar a la que vive en gran parte de Europa. Según una encuesta realizada por el instituto demoscópico IBRIS en septiembre de 2025, solo el 35% de los polacos confiaba en la Iglesia, frente al 58% registrado en 2016. Al mismo tiempo, la desconfianza aumentó del 24% al 47%.

En 2026, el número anual de ordenaciones sacerdotales en Polonia cayó por primera vez desde el año 2000 por debajo de las 200. También disminuye de forma constante la asistencia a misa, especialmente entre los jóvenes.

Ni siquiera una Virgen gigantesca parece capaz de detener esa tendencia.

Fuente: Deutsche Welle

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