Islamabad recibe elogios por haber convencido a Washington y Teherán de poner fin a la guerra para dar una oportunidad a la mediación durante las próximas dos semanas.
El martes 7 de abril, Trump anunció que había recibido una propuesta de alto el fuego del primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, y que había acordado suspender los bombardeos y ataques contra Irán “siempre y cuando la República Islámica de Irán acepte la APERTURA TOTAL, INMEDIATA y SEGURA del estrecho de Ormuz”.
El mensaje de Trump en Truth Social se produjo apenas unas horas antes de la fecha límite que él mismo había fijado, durante la cual amenazó a los iraníes con la muerte de “toda una civilización”.
“Pakistán ha hecho posible el alto el fuego al posicionarse como un intermediario creíble y de confianza en un momento de grave escalada”, comenta a DW Raja Qaiser Ahmed, experto en relaciones internacionales de la Universidad Quaid-e-Azam, en Islamabad.
El primer ministro de Pakistán, Sharif, y el jefe del Ejército, Asim Munir, han mantenido relaciones cordiales con Trump desde mayo de 2025, cuando Islamabad y Nueva Delhi se vieron envueltas en una breve pero sangrienta escalada militar. El líder estadounidense se atribuyó posteriormente el mérito de haber “puesto fin” a la guerra. Pakistán también mantiene relaciones complejas, aunque amistosas, con el régimen iraní.
“Los dirigentes pakistaníes han aprovechado los canales diplomáticos y de seguridad establecidos con Estados Unidos, al tiempo que han mantenido una relación funcional con Irán. Eso les ha permitido transformar una intención general en una tregua viable. La contribución clave no ha sido la coacción, sino la coordinación: estructurar un primer paso mutuamente aceptable para reducir el riesgo y crear así un espacio para el diálogo”, explica Ahmed.
Elizabeth Threlkeld, directora para el sur de Asia del Stimson Center, con sede en Washington, comenta a DW que Islamabad “tratará de mantener el impulso de las negociaciones y de cerrar un acuerdo más duradero entre EE. UU. e Irán antes de que se cierre esta ventana de oportunidad”. “El mero hecho de haber logrado un alto el fuego es un logro notable para Islamabad. Sus líderes continuarán su intensa colaboración con ambas partes y con socios clave para hacer avanzar las conversaciones y minimizar los riesgos de acciones saboteadoras”, añade.
Aunque no está claro si el alto el fuego se mantendrá, el primer ministro pakistaní se muestra optimista. Sharif ha confirmado que su Gobierno ha invitado a delegaciones de Estados Unidos e Irán a Islamabad el viernes 10 de abril para “seguir negociando un acuerdo definitivo que resuelva todas las disputas”.
“Las negociaciones no serán fáciles para Islamabad, pero el alto el fuego es un primer paso positivo. Veremos cuánto tiempo se mantiene”, dice a DW el analista político Zahid Hussain. “Sigue habiendo dudas sobre la seriedad con la que Irán y EE. UU. persiguen una paz duradera. Teherán desconfía de Washington, y el presidente Trump se enfrenta a una presión creciente para poner fin a la guerra, aparte de las críticas de que Washington podría haber calculado mal su estrategia. Además de los retos internos, también tiene que lidiar con las preocupaciones planteadas por los aliados occidentales”, subraya Hussain.
El experto añade que Israel ha “aceptado a regañadientes el alto el fuego mientras continúa con sus operaciones en el Líbano”. “Sigue sin estar claro si EE. UU. será capaz de frenar a Israel y garantizar que el alto el fuego conduzca a una mayor estabilidad regional”, prosigue Hussain.
El éxito del alto el fuego —tanto a corto como a largo plazo— depende principalmente de la apertura del estrecho de Ormuz. El ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, asegura que se permitirá el paso por esta vía marítima bajo la supervisión del ejército iraní.
Otros punto conflictivo en las negociaciones sería el programa nuclear de Irán y sus reservas de uranio enriquecido, que, según Trump, deben eliminarse. “Serán negociaciones muy duras”, dice a DW Ali K. Chishti, analista de seguridad con sede en Riad. “Las conversaciones también tendrán en cuenta los problemas económicos de Irán y [la promesa de] algún tipo de exención para Teherán a cambio de una seguridad conjunta del estrecho de Ormuz”.
Ali K. Chishti señala que Islamabad también está trabajando en un “plan independiente para un acuerdo entre Irán y los países del Golfo”, con el fin de garantizar que Teherán no ataque a sus vecinos en el futuro. Pero no cree que Arabia Saudí y los países del Golfo se involucren directamente en el conflicto en el caso de que Irán se retirara del acuerdo de alto el fuego.
“En Riad hay un consenso sobre el escenario de costos y beneficios. Unirse a la campaña contra Irán sería más destructivo para los saudíes”, añade. Ahmed opina que, incluso si Irán incumple sus compromisos, es probable que Pakistán siga teniendo margen para fomentar la moderación y facilitar la reanudación del diálogo. “Dicho esto, su eficacia depende de la voluntad de ambas partes de participar de buena fe. Si las violaciones se prolongan, la influencia de Pakistán se reduce naturalmente, pero, aún así, puede seguir siendo uno de los pocos actores creíbles capaces de reabrir la comunicación y evitar que la situación derive en un conflicto más amplio”.
Con la colaboración de Haroon Janjua desde Islamabad.
Fuente: Deutsche Welle
