"69% de las personas trabajadoras del hogar y cuidadoras tiene origen extranjero. 87% son mujeres inmigrantes y de estas alrededor de 30% están en situación administrativa irregular. Un 7% de las casi 560.000 personas que trabajan en este sector lo hace como 'interna', es decir, viviendo en la misma casa donde trabaja”, cuenta a DW Silvia Carrizo, fundadora de la asociación de mujeres migrantes Malen Exea en País Vasco.
En un momento en que el tema de los cuidados está en la agenda política europea y latinoamericana, el foco se pone tanto en el derecho a ser atendido como en la situación de las personas que prestan servicios asistenciales, con remuneración y sin ella.
A la espera del Pacto Europeo de Cuidados que la Comisión Europea anuncia para el 2027, la Eurocámara acaba de aprobar una resolución en la que se demanda un "estatuto europeo de los cuidadores", que debería primero reconocer este trabajo invisible y segundo establecer normas mínimas en toda la Unión Europea (UE).
Otro aspecto por incluir: el tiempo de cuidado no remunerado deberá ser reconocido en los regímenes de pensiones y los sistemas de seguridad social, así consta en la propuesta. En cuanto a la brecha de género, en la resolución aprobada se recoge que en general la atención a niños, mayores y personas dependientes cae en 80% en la mujer.
Es más, de aquí a 2070, el 30% de la población de la UE será mayor de 65 años. Es decir, la perspectiva es que Europa necesitará de más personal y estructuras para el cuidado. Por el momento, "muchas veces, los cuidados están ligados a mujeres procedentes de países que no pertenecen a la UE”, expuso ante la Eurocámara Rosa Estarás, ponente del informe.
"Por lo tanto, debemos primero concentrar los esfuerzos para hacer estos cuidados muy atractivos para que sean los nacionales los que puedan acceder a estos puestos de trabajo, pero siempre apostar por una inmigración legal, y a través de una inmigración legal y bien gestionada, con condiciones justas, podemos hacer que el trabajo de cuidador sea atractivo", subrayó.
Cabe recordar que entre la UE y América Latina y el Caribe existe ya un acuerdo (desde noviembre del 2025) para un Pacto Birregional del Cuidado. También hay un plan de acción por la "escasez de mano de obra y de personal calificado en la UE”.
En el caso concreto de España, que registra la mayor cantidad de inmigrantes latinoamericanos en Europa, "estamos hablando de un sector sumamente empobrecido. Por lo general, se trata de inmigrantes para la atención de personas mayores dependientes, en domicilios privados. Estas personas están obligadas a trabajar 365 días del año, de 7 de la mañana a 7 de la noche, sin descanso. Tienen que estar disponibles las 24 horas", explica Carrizo, que agrega que en estas condiciones laboran tanto las personas con situación administrativa regular como irregular.
Carrizo, autora del informe Toda una vida cuidando, publicado por Oxfam Intermón, advierte: "En toda Europa el sector está envejeciendo; estamos hablando de que casi la mitad de las mujeres que trabajan en los servicios de cuidado tiene más de 50 años. Y muchas de esas trabajadoras no han podido cotizar por muchos años y van a llegar a situaciones de vejez sumamente vulnerables".
"La inserción laboral de las mujeres migrantes se caracteriza por una fuerte concentración en actividades del sector servicios, especialmente en el empleo del hogar, los cuidados y la hostelería. Esta concentración responde tanto a la demanda estructural de estos sectores como a procesos de segmentación laboral que asignan a las mujeres migrantes roles asociados tradicionalmente al trabajo reproductivo y de cuidados", explica Helia Rosario en el estudio Factores de empleabilidad y de acceso al mercado laboral de las mujeres trabajadoras migrantes, publicado por la Fundación Amaranta.
"Muchas mujeres trabajan en la irregularidad con la esperanza de que les hagan contrato, pasan dos o tres años como internas", cuenta a DW Helia Rosario, investigadora del Centro de Estudios del Desarrollo.
"Pero luego, cuando les dan el contrato, no les dan las 40 horas, pues la familia no puede asumir los costos del acceso a la seguridad social", explica, a la vez que señala que tanto el cuidado como las tareas domésticas en España están regulados por el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Este acuerdo del año 2011 reconoce por primera vez que el trabajador del hogar debe gozar de los mismos derechos que cualquier otro.
No obstante, solo nueve países de la UE han ratificado este convenio (España, Alemania, Portugal, Bélgica, Italia, Irlanda, Finlandia, Suecia y Malta). La situación es grave, pues según datos de la OIT, a nivel europeo existen en este momento entre 15 y 18 millones de trabajadores domésticos, y de estos 50% no está declarado y entre 90% y 95% son mujeres inmigrantes.
En cuanto a la profesionalización del cuidado también hay diferencias al interior de la UE. Si Alemania exige tres años de formación oficial, mientras que la formación en España dura entre cuatro y seis meses. ¿Cómo acceden las inmigrantes a esa formación? Algunas vienen formadas desde su país. Efectivamente, "la profesionalización del cuidado está en la ley, también permite la contratación en el país de origen", indica Carrizo. "Pero el problema radica en la homologación de los títulos. Si no se reconoce que son enfermeras y médicas, la contratación es para trabajo de hogar, un sector con menos control”, subraya.
Sin embargo, "el derecho universal de una persona a ser atendida no debe ser considerado un trabajo de hogar", recalca. "Si pago para que me planchen, me cocinen o me paseen al perro, estoy retribuyendo un servicio. Pero si una persona mayor o dependiente necesita que le planchen, la bañen o la asistan en la casa, estamos hablando de un derecho y eso debe ser política pública", resalta.
En cualquier caso, con vistas a una regulación europea del cuidado, ambas especialistas expresan su beneplácito porque finalmente se visibilizaría. También en cuanto a las brechas de igualdad de oportunidades, no solo entre hombres y mujeres, sino entre las mismas mujeres. "Cuando hablamos del cuidado, muchas mujeres migrantes sienten que mientras unas están rompiendo el techo de cristal, otras están recogiendo los vidrios, pues quienes cuidan a nuestros mayores o nuestros hijos no gozan de las mismas condiciones laborales", dice Rosario.
Finalmente, ¿qué elementos debería contener una regulación europea que reconozca el cuidado como un derecho? "Hay que reconocer que es necesario establecer redes de apoyo para esas cuidadoras. Es indispensable reconocer que ellas también requieren de políticas de protección", responde Rosario. "Es indispensable desligar el cuidado del convenio 189 para el trabajo doméstico”, responde la fundadora de Malen Etxea ("malen" significa mujer en el idioma mapuche mapudungun y "etxea" casa en euskera).
Fuente: Deutsche Welle

