Con la captura y muerte del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, el Gobierno mexicano asestó un golpe crucial al narcotráfico, un fenómeno que ha impactado el destino del país latinoamericano durante más de cien años, y está lejos de desaparecer.
DW repasa las etapas más importantes de la historia del narcotráfico en México.
Sus raíces se remontan a principios del siglo 20. En 1914, la Ley de impuestos sobre narcóticos de Harrison restringió la importación, fabricación y distribución de opiáceos y productos de coca en Estados Unidos.
Sin embargo, no pudo frenar “el apetito” de los estadounidenses por drogas como la cocaína, la heroína y la morfina. Su demanda hizo florecer el comercio ilegal de estupefacientes en México, y, a partir de 1914, los narcotraficantes comenzaron a importar al país norteamericano narcóticos, procedentes sobre todo de Europa.
En los años 30, México pasó a cultivar drogas, convirtiéndose en un país productor, cuenta a DW Benjamin Smith, profesor de Historia Latinoamericana en la Universidad de Warwick, en Reino Unido.
Según el académico y autor del libro “La droga. La verdadera historia del narcotráfico en México”, durante mucho tiempo, el tráfico de drogas fue un negocio mayoritariamente pacífico, ejercido sobre todo por personas de orígenes humildes, muchas veces con vínculos familiares.
Sin embargo, en los años 70, el Estado mexicano se vio obligado a responder a la presión de Estados Unidos y empezó a combatir a los narcotraficantes con métodos cada vez más violentos, por ejemplo, torturando a sospechosos para obtener información. Esto habría creado una crisis de confianza al interior de las redes de narcotraficantes, dice Smith.
El experto define a los cárteles como “sistemas de gobierno paralelos al Estado mexicano, que controlan todo el comercio ilícito en un área”. Smith diferencia a los cárteles de las previas redes independientes de producción y contrabando de drogas.
A su juicio, el Cártel de Tijuana fue el primero de su tipo en México, fundado por los hermanos Arellano Félix, en Baja California. Otras grandes organizaciones criminales que se consolidaron en la década de 1980-1990 son el Cártel de Sinaloa, el Cártel del Golfo y el Cártel de Juárez.
A partir de 1989, los cárteles habrían empezado a controlar cada vez más las economías ilícitas en el país, absorbiendo el narcotráfico, y desafiando el poder del partido gobernante PRI.
Si bien el historiador no niega que haya regiones en México, donde el crimen organizado ha establecido gobiernos paralelos, en parte con fuertes vínculos con los políticos locales y estatales, como en Michoacán, Guerrero, Jalisco y Sinaloa, rechaza calificar a México como un Estado corrupto, aliado del narcotráfico.
“Gran parte del Estado mexicano no tiene vínculos con el crimen organizado, sobre todo, comparándolo con otros países latinoamericanos. Hay muchos lugares en México donde no hay mucha corrupción a nivel municipal o regional”, observa Benjamin Smith.
Bajo el Gobierno del presidente Felipe Calderón (2006-2012), el Estado mexicano emprendió una guerra frontal contra los cárteles de la droga. Desde entonces, los Gobiernos mexicanos han movilizado en mayor o menor medida al Ejército y otros cuerpos de seguridad, como la Guardia Nacional, para esta tarea.
Las capturas del “Chapo” Guzmán (2018) y del “Mayo” Zambada (2024), fundadores del Cártel de Sinaloa, y sus posteriores extradiciones a Estados Unidos han debilitado a la organización criminal. No obstante, la disputa por el liderazgo del cártel ha desatado una ola de violencia en el estado de Sinaloa.
Algunos observadores temen que la reciente captura del líder del poderoso Cártel Jalisco Nueva Generación, el “Mencho”, pueda derivar en una crisis de violencia similar.
Sin embargo, el historiador Smith recuerda que México será una de las sedes de la Copa Mundial de Fútbol de 2026, a partir de junio próximo. Está convencido de la existencia de una especie de pacto secreto entre el Estado y los cárteles, según el cual las autoridades mexicanas exigen a los criminales mantener un perfil bajo.
“No significa que el Gobierno esté apoyando a los cárteles, pero les está diciendo que si van a continuar con sus negocios, sus matanzas, que lo hagan sin causar tantos problemas”, sostiene el profesor de la Universidad de Warwick.
Este año, la guerra contra el narcotráfico en México cumplirá 20 años, y todavía no hay fin a la vista.
Fuente: Deutsche Welle

