El jovencito tiene lágrimas en los ojos. Mira hacia abajo con el rostro inexpresivo. Ha renunciado ya a cualquier tipo de resistencia. Pero sus compañeros, parados alrededor de él, no tienen compasión.
Uno después del otro, salen del círculo y golpean al adolescente en la cara, y, acto seguido, el resto del grupo se ríe con desprecio. Un transeúnte graba la escena con su teléfono móvil.
Videos como este circulan cada vez con mayor frecuencia en grupos ucranianos de Telegram y canales de TikTok desde hace meses. Para la comisionada de Educación, Nadija Leshik, son una muestra de un problema, subestimado pero creciente, en las escuelas ucranianas. “Al comienzo de la guerra, todos estábamos preocupados por otras cosas”, comenta a DW la experta en educación. “Pero, desde entonces, hemos observado un aumento constante en el número de incidentes violentos”.
Para Leschik, las razones son evidentes: los menores sufren especialmente los efectos del conflicto. “Cuando los niños y adolescentes oyen una explosión, eso los afecta”, explica. Los trastornos de ansiedad y la depresión, en particular, han aumentado drásticamente entre los adolescentes. Un estudio reciente del prestigioso Instituto de Investigación Mindset, con sede en Kiev, concluye que tres cuartas partes de los escolares ucranianos padecen actualmente síntomas de estrés.
Los autores del estudio destacan que cada adolescente reacciona de manera diferente ante las presiones. Muchos se aíslan, otros se vuelven agresivos. En lugar de sentirse víctimas, intentan humillar a los demás para aumentar su propia autoestima, a veces incluso con violencia.
“Algunos han sufrido traumas y ahora quieren presumir de ser ‘machos alfa’ a costa de los demás”, dice David, de 14 años, a DW. Su compañera de clase, Jana, lo ve de forma similar: “Ahora es más fácil insultar a los demás”, explica. La joven de 15 años tuvo que huir de su pueblo natal y sufrió acoso escolar durante mucho tiempo en su nuevo colegio. “Llegó un momento en que dejé de ir a clase por completo”, recuerda Jana.
Muchos de los responsables intentan, entretanto, abordar el problema activamente. En la secundaria Liceo 45, de Kiev, la escuela de David y Jana, se hacen presentes regularmente equipos de agentes de Policía. Además de transmitir a los alumnos el comportamiento correcto durante una alarma aérea y el manejo al toparse con minas, los policías hablan con los alumnos también sobre acoso escolar.
La agente de policía Jana Vitalyevna es consciente de una clara tendencia: “Hoy en día, se trata principalmente de ciberacoso. La violencia psicológica tiene lugar en el espacio digital”.
Tras años de guerra y de clases a distancia, muchos niños en Ucrania ya tienen teléfonos inteligentes. Las aplicaciones los alertan sobre posibles ataques rusos. En caso de que suenen las sirenas antiaéreas, pueden contactar rápidamente con sus padres mediante aplicaciones de mensajería.
Al mismo tiempo, muchos se sienten abrumados por las posibilidades digitales, y Rusia ha descubierto en el creciente uso de teléfonos móviles entre menores una oportunidad para atacarlos: “Llevan a cabo campañas de propaganda masivas en redes sociales y utilizan métodos para incitar deliberadamente a la agresividad en niños y jóvenes”, explica la experta en Educación Leschik.
La comisionada de Educación admite que las escuelas ucranianas se ven sobrepasadas por el problema del acoso. Sobre todo los padres deberían vigilar más de cerca y observar el comportamiento de sus hijos cuando muestran actitudes agresivas, indica.
Pero, por lo general, las familias, ellas mismas afectadas porque deben huir en medio de la guerra y tal vez incluso han perdido a familiares, no son capaces de hacerlo.
Pero incluso en una situación donde toda una generación crece con el trauma de la guerra, el acoso entre adolescentes no debe tolerarse. “Si un grupo de jóvenes golpea a otro joven, y otros lo ven e incluso lo graban, entonces queda muy claro quién es el agresor y quién la víctima”, subraya.
Fuente: Deutsche Welle

