En Doha, la capital de Qatar, los esfuerzos de mediación entre Estados Unidos e Iránse han intensificado.
En los últimos días, el primer ministro y ministro de Exteriores de Qatar, el jeque Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, ha mantenido conversaciones telefónicas con responsables de Irán, Arabia Saudí, Pakistán, Turquía, Kuwait y otros países para hablar de las “tensiones regionales” y de los “esfuerzos destinados a la distensión en la región”.
La semana pasada y durante el fin de semana, Al Thani también se reunió con el vicepresidente de EE.UU., JD Vance, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el enviado de la Casa Blanca, Steve Witkoff, como parte de los intentos por poner fin de forma permanente a la guerra con Irán, según el medio de comunicación Axios.
Aunque el primer ministro qatarí ha dicho en repetidas ocasiones que Doha apoya plenamente el papel de mediación líder de Pakistán, esto parece indicar que el país del Golfo está ampliando cada vez más su propio alcance diplomático.
“Qatar está desempeñando un papel vital entre bastidores”, comenta a DW Sanam Vakil, directora del Programa de Oriente Medio y Norte de África del think tank londinense Chatham House. “Es clave para salvar las diferencias entre Teherán y Washington, a pesar de la guerra y los ataques iraníes”, asegura, y añade que Doha sigue manteniendo buenas relaciones con la Administración Trump y está desempeñando de manera eficaz lo que es un papel de mediación complementario.
Esta opinión la comparten funcionarios estadounidenses que, según Axios, han valorado positivamente el trabajo de los qataríes diciendo que habían sido “especialmente eficaces en las negociaciones en Irán”.
Anna Jacobs, analista del Golfo y miembro no residente del think tank Arab Gulf States Institute (AGSI), con sede en Washington, también señala que “Qatar tiene una historia y una experiencia más largas en la mediación entre EE.UU. e Irán, así como un conocimiento profundo del panorama de seguridad regional del Golfo que Pakistán simplemente no tiene”. En su opinión, EE. UU. querrá inclinarse más hacia la mediación de Qatar con Irán de cara al futuro.
Una mediación exitosa entre EE.UU. e Irán también reportaría beneficios internos a Qatar. “Los esfuerzos de mediación de Doha dan prioridad a la distensión, así como a alcanzar un acuerdo viable entre EE.UU. e Irán que permita mantener el estrecho de Ormuz abierto y seguro para la navegación comercial”, explica Jacobs a DW.
“Qatar ha sido uno de los países más afectados por el cierre del estrecho, ya que depende de esta ruta comercial fundamental para casi todas sus exportaciones de GNL”, prosigue Jacobs.
El domingo 10 de mayo surgieron indicios de que esos esfuerzos podrían estar ya aliviando las tensiones, cuando el Financial Times informó de que, por primera vez desde que comenzó la guerra el 28 de febrero, un buque cisterna que transportaba gas natural licuado de Qatar con destino a Pakistán había atravesado el estrecho de Ormuz, según la empresa de análisis de materias primas Kpler.
El martes 12 de mayo, el medio qatarí Doha News informó de que un segundo buque cisterna de GNL se está acercando al estrecho de Ormuz de camino a Pakistán. La agencia de noticias Reuters afirmó que Irán aprobó el paso para generar confianza con sus mediadores, Qatar y Pakistán.
Pero, a pesar de los años de experiencia y los éxitos logrados en el pasado, en última instancia son Estados Unidos e Irán quienes deben poner fin al conflicto actual, explica Jacobs a DW. “Y eso todavía parece muy lejano”, añade.
Burcu Ozcelik, investigadora sénior del think tank británico Royal United Services Institute (RUSI), coincide con ella. “El presidente Trumpse ha enfrentado a un régimen iraní muy golpeado, pero resistente, y quizá con los días contados, pero Teherán ha convertido la operación ‘Furia épica’ en un incómodo punto muerto”, destaca a DW, y añade que, en estos momentos, los intentos de mediación se han topado con un muro.
“La dinámica binaria de la guerra ha impuesto limitaciones estructurales a los mediadores diplomáticos regionales como Qatar”, prosigue Ozcelik. Ella cree que el fracaso de Islamabad y Doha a la hora de encontrar una salida a este atolladero no se debe a una falta de buenas intenciones, sino más bien a que el éxito y el fracaso están en juego entre EE.UU. e Irán en un enfrentamiento histórico que se ha estado gestando desde 1979.
“Esto pone de manifiesto las limitaciones de lo que los actores regionales y las potencias medias en ciernes pueden lograr para cambiar el rumbo de un conflicto que está dominado militar, estratégica y económicamente por Estados Unidos e Irán”, dice a DW. Además, considera que, para que cualquier acuerdo bilateral entre Estados Unidos e Irán se mantenga, será esencial el apoyo regional, especialmente por parte de los Estados del Golfo.
“Esto significa que garantizar que los intereses y las preocupaciones del Golfo se reflejen en las negociaciones es esencial para la estabilidad a largo plazo tras cualquier acuerdo que se alcance”, subraya Ozcelik.
Fuente: Deutsche Welle

