En el papel, José María Balcázar, el político de 83 años elegido por los parlamentarios presidente del Congreso y, por sucesión, de la República de Perú la tarde del miércoles 18 de febrero, tiene una tarea sencilla: conservar hasta el 28 de julio su cargo. Pero en un contexto de fragmentación política y disputas internas, desde 2016 terminar un período presidencial se ha convertido en un asunto problemático en el país andino.
Ollanta Humala fue el último presidente que concretó sus cinco años de mandato constitucional. Desde entonces, ocho personas han fungido como jefes de Estado, en medio de una interminable crisis en la que los parlamentarios han adquirido un inusitado poder y la presidencia queda a merced de los sectores mayoritarios que controlan el Poder Legislativo.
“A partir de 2016 se inicia el ciclo de inestabilidad”, dice a DW el sociólogo y analista político peruano Fernando Tuesta. El resultado de las parlamentarias de ese año determinó que el presidente Pedro Pablo Kuczynski “solamente tuviera 18 escaños, mientras que Fuerza Popular, la oposición fujimorista, tuviera 73 de 130, la mayoría absoluta”, explica Tuesta.
Keiko Fujimori, la líder de Fuerza Popular y la candidata derrotada por Kuczynski, nunca aceptó su derrota, y por intermedio de su mayoría congresal trabajó para hacer imposible el mandato del dirigente de Peruanos por el Kambio. Desde entonces “se ha constituido un núcleo alrededor del fujimorismo que se ha encargado de maniatar, boicotear y subordinar a cuanto presidente ha habido en el Perú”, apunta el experto, que también es docente en la Universidad Católica del Perú.
El politólogo Paolo Sosa Villagarcía, en tanto, estima que la crisis comenzó específicamente cuando se intentó aplicar la segunda moción de vacancia contra Kuczynski. Si bien esta no se concretó porque el presidente renunció antes, sí abrió una puerta que nunca más se pudo cerrar, donde se normalizó “el uso de medidas extremas, como censuras de ministros y vacancias de presidentes”, llegando hasta “el cierre del Congreso y hasta un intento de autogolpe en 2022”.
Para Sosa, “eso ha generado que las normas de convivencia democrática se erosionen completamente”.
Annette Schwarzbauer, representante en Perú de la fundación alemana Konrad Adenauer, vinculada a la Unión Cristianodemócrata (CDU), destaca que la inestabilidad política ha generado que “muchos ciudadanos ya no confíen en los partidos y en los políticos en general, y hay cierto desencanto”. Para ella, lo que espera la población son “medidas para mejorar la situación de seguridad y que haya un entorno económico estable, además de un proceso electoral tranquilo”.
“El sistema político de partidos está muy fragmentado y los presidentes electos por voto directo no han tenido en los últimos años una base partidaria sólida”, indica Schwarzbauer. “Si a los partidos representados en el Congreso no les conviene apoyar al presidente, le retiran su respaldo”. La especialista alemana piensa que la barrera del 5 por ciento que se aplicará a partir de las próximas parlamentarias del 12 de abril permitirá combatir dicha fragmentación, al aumentar las exigencias y reducir la cantidad de bancadas representadas en el Congreso.
La elección de Balcázar como sucesor de José Jerí puede ser considerada una sorpresa, toda vez que el nombre de María del Carmen Alva sonaba como más seguro para asumir como jefa del Congreso y, por tanto, presidenta de la República. “Esto es resultado de un conflicto entre Renovación Popular y Fuerza Popular, que son los partidos de derecha que encabezan la intención de voto de cara a la elección de abril. Renovación Popular propuso a Alva, que es una persona que genera muchos anticuerpos, y Fuerza Popular se oponía a la censura de Jerí”, explica Tuesta. “Entre ellos ahora se están echando la culpa por el ingreso del comunismo al Gobierno”, agrega.
Sosa desarrolla más la idea. “Alva genera anticuerpos entre la ciudadanía por una serie de escándalos, que incluyen comentarios racistas y clasistas”. Eso, el hecho de que su presidencia podría perjudicar a otros partidos del sector por restarles protagonismo, y el que sea blanca y capitalina en un país donde esos elementos juegan un rol electoral, terminó dinamitando sus opciones en las votaciones de los parlamentarios, sostiene el experto.
“Además, la figura de Balcázar les es bastante funcional a los partidos de derecha, porque han empezado a señalar de nuevo que el país está bajo la amenaza comunista y que ellos son la opción para sacarnos de la crisis”, relata Sosa. Esto explicaría que el mismo Congreso que puso a Jerí (un centroderechista) en la Casa de Pizarro ahora elija para sucederlo a un hombre que se define como marxista y que también ha estado salpicado por polémicas, entre ellas antiguas acusaciones de apropiación de fondos que determinaron su expulsión del Colegio de Abogados de Lambayeque o su defensa del matrimonio infantil.
“En muchas de las votaciones hay una cooperación que cruza lo ideológico, y por eso no sorprende que al final del día no importe qué línea política sigue el presidente, sino cuán manipulable sea desde el hemiciclo”, dice Sosa. Tuesta agrega: “Los presidentes en el Perú están vaciados de poder de decisión. Ninguno, y tampoco el nuevo, tiene autonomía para gobernar”.
¿Seguirá esta crisis política en el futuro? “Cuando uno piensa en las figuras presidenciales, no hay un solo candidato que uno pueda pensar que va a intentar usar el poder que le queda a la presidencia para volver a equilibrar el sistema político”, dice Sosa. Tuesta coincide: “Si quien salga elegido no tiene una bancada de mayoría, va a estar subordinado al Parlamento y esto seguirá”.
Fuente: Deutsche Welle
