En los últimos días, el Ejército de Israel ha llevado a cabo varios ataques aéreos contra posiciones de Hezbolá en Beirut y el sur del Líbano. Ahora, también ha avanzado sobre el terreno en territorio libanés.
Israel reacciona así a los ataques de la milicia chií. En el contexto de la guerra con Irán, Hezbolá atacó por primera vez objetivos en el norte de Israel con cohetes y drones el lunes 2 de marzo por la noche .
La escalada militar forma parte, por lo tanto, de un conflicto regional más amplio. Desde la perspectiva de los líderes israelíes, no se trata simplemente de una respuesta directa a los ataques de la milicia. Más bien, Israel persigue varios objetivos estratégicos, desde debilitar a Hezbolá y estabilizar la frontera norte hasta contener la influencia iraní en la región.
Israel considera a Hezbolá como una de las mayores amenazas militares para el país. La organización chií posee un gran arsenal de cohetes y una estructura militar relativamente bien organizada. Fuentes de seguridad israelíes consideran que sus armas pueden alcanzar casi todo Israel.
Según el periódico Haaretz, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas israelíes, Eyal Zamir, declaró que Israel no pondría fin a la guerra hasta que se eliminara la amenaza de Hezbolá. El objetivo, afirmó, es debilitar o destruir a largo plazo la capacidad militar de la milicia respaldada por Irán en el Líbano.
Peter Lintl, experto en Israel del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad (SWP) en Berlín, considera esto un cambio en la lógica militar. “Esta es, en general, la nueva orientación militar-estratégica de Israel, que se ha desarrollado tras el 7 de octubre”, afirma. El objetivo ya no es solo contener a los adversarios, sino “combatirlos con tanta eficacia, que dejen de representar una amenaza”.
Al mismo tiempo, el politólogo señala las limitaciones de esta estrategia: “Hezbolá está ampliamente arraigado en la sociedad y es parte integral de la estructura social libanesa”. Por lo tanto, la eliminación total de la organización es poco realista. Es más probable que Israel intente “establecer una zona de amortiguación en el sur y tomar posiciones de Hezbolá allí”.
Otro de los objetivos de Israel es estabilizar permanentemente la seguridad en el norte de su territorio. Desde los ataques de Hamás contra Israel, en octubre de 2023, y los posteriores enfrentamientos con Hezbolá, numerosas ciudades y pueblos cercanos a la frontera libanesa han sido evacuados. Decenas de miles de personas han tenido que abandonar sus hogares.
Según informa el Times of Israel, el Gobierno israelí ha definido “el regreso seguro de los residentes del norte a sus hogares” como otro objetivo de sus operaciones militares.
Peter Lintl considera que se está descuidando considerablemente la perspectiva política. Argumenta que el enfoque actual se centra principalmente en infligir el mayor daño posible a los oponentes. Por otro lado, apenas se vislumbra una estrategia política coherente para el Líbano. “No se puede arrasar con una ideología política”, enfatiza Lintl. Si bien la presión militar puede ganar tiempo, no resuelve permanentemente el problema político subyacente.
Israel también considera a Hezbolá parte de una alianza regional más amplia liderada por Irán. Esta alianza incluye, además de las milicias del Líbano, grupos proiraníes en Irak y Siria, así como a los hutíes en Yemen.
Según el Jerusalem Post, el jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, afirmó que Israel quiere eliminar la amenaza que representa el “eje chií” liderado por Irán. Los análisis israelíes sostienen que Teherán ejerce su influencia en la región a través de estos aliados y, con frecuencia, genera conflictos con Israel indirectamente a través de estos grupos.
Para Lintl, este enfoque es fundamentalmente comprensible. “Todo Estado tiene un interés legítimo en proteger a sus ciudadanos”, afirma. Israel aprovechó la oportunidad que le brindaron los ataques de Hezbolá para emprender acciones militares contra la milicia.
Al mismo tiempo, señala las consecuencias de tales operaciones. Proteger a la población israelí suele tener repercusiones masivas en el Líbano: “El intento de crear una zona de amortiguación también implica la evacuación de decenas de miles de personas del sur del Líbano”.
Estrechamente vinculado a esto está el objetivo estratégico de evitar una “guerra multifrontal” a gran escala. Benjamín Netanyahu ya declaró el año pasado que Israel estaba involucrado en una guerra de este tipo con Irán y sus aliados.
Israel no sólo se enfrenta a Hezbolá en el Líbano, sino también al grupo islamista militante Hamás en la Franja de Gaza, así como a otras milicias vinculadas a Irán en la región.
Los análisis de seguridad sugieren que estos actores podrían lanzar ataques simultáneos contra Israel en una situación de crisis. Un ataque coordinado de este tipo, con misiles, drones u otras armas, pondría a prueba significativamente las defensas israelíes. Se estima que solo Hezbolá posee hasta 150.000 cohetes. Por lo tanto, Israel intenta debilitar militarmente a actores individuales dentro de la red iraní antes de que se produzca una escalada de ese tipo.
Fuente: Deutsche Welle

