El lunes y el martes 23 y 24 de marzo, los civiles libaneses e israelíes volvieron a despertarse con explosiones mientras continuaban los combates entre Israely el grupo Hezbolá, respaldado por Irán.
“La situación es catastrófica”, relata a DW Sukaina Hemadah, una madre de 37 años de Beirut. Desde que su casa, situada en el barrio de Haret Hreik, al sur de Beirut, fue demolida por un ataque aéreo israelí anterior, ella y sus cuatro hijos se alojan en una tienda de campaña en el centro de la capital libanesa. “No tenemos suficiente comida y dependemos de los suministros de agua de una organización humanitaria”, explica. Y añade que “tiene miedo de que se propaguen enfermedades pronto, ya que la situación sanitaria es horrible, con un solo baño para unas 900 personas”.
Hemadah es una de las más de 1,2 millones de personas que se calcula que han sido desplazadas desde que el Líbano se vio arrastrado a la guerra en Oriente Medio después de que Hezbolá intensificara los ataques contra Israel poco después de que este país matara al líder supremo de Irán, Ali Jamenei, el 28 de febrero de 2026.
Hasta el martes 24 de marzo, 1.039 personas han perdido la vida y 2.876 han resultado heridas, según las autoridades sanitarias del Líbano.
Las fuerzas israelíes han ampliado sus operaciones terrestres en el sur del Líbano, bastión tradicional de Hezbolá. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha dicho que “los cinco puentes sobre el [río] Litani que Hezbolá utilizaba para el paso de terroristas y armas han sido volados, y las FDI [las Fuerzas de Defensa de Israel] controlarán el resto de los puentes y la zona de seguridad hasta el Litani”.
Y añade que los cientos de miles de residentes del sur del Líbano que se vieron desplazados por los combates de este mes “no volverán al sur del río Litani hasta que se garantice la seguridad de los residentes del norte de Israel”.
Lorenzo Trombetta, analista político afincado en Beirut y autor de un libro sobre Siria titulado Poder y negociación en Oriente Medio, prevé que, a corto plazo, los combates continúen en las zonas más cercanas a la línea de demarcación, una frontera temporal disputada entre Israel y el Líbano.
“Los ataques israelíes contra puentes e infraestructuras de electricidad y agua tienen como objetivo convertir el sur en un entorno difícil para mantener la vida civil y una presencia organizada”, explica Trombetta a DW. “La destrucción también contribuye a aislar el campo de batalla, sobre todo porque el ejército libanés se ha retirado hacia el norte para evitar quedar aislado”.
Tras un alto el fuego anterior entre Israel y Hezbolá, en noviembre de 2024, que puso fin a 11 meses de escaramuzas y dos meses de guerra —incluida una ofensiva terrestre israelí a gran escala y una destrucción masiva en Beirut y el sur del país—, el ejército libanés y las tropas de la ONU estaban desplegados en el sur como parte del acuerdo de alto el fuego.
El pacto también estipulaba el desarme de Hezbolá, pero la organización se ha negado a desarmarse por completo, alegando la necesidad de poder defender el país frente a los continuos ataques israelíes y la ocupación militar israelí de cinco posiciones a lo largo de la frontera.
Israel afirma que, mientras Hezbolá conserve sus armas, seguirá siendo una amenaza.
Hezbolá, cuyo brazo armado está clasificado como organización terrorista por Estados Unidos, Alemania y otros países, forma parte del llamado “Eje de la Resistencia”, patrocinado por Irán, una serie de grupos armados aliados en Oriente Medio -entre los que se incluyen Hamás en Gaza, los hutíes en Yemen y las milicias en Irak- que se oponen a Israel y a Estados Unidos.
El presidente del Líbano, Joseph Aoun, y el primer ministro del país, Nawaf Salam, han dicho que estaban trabajando para poner fin a la guerra lo antes posible.
“Pero, sin concesiones importantes por parte de Irán y Hezbolá, al Gobierno libanés le costará mucho ofrecer algo de valor significativo a Israel en las negociaciones”, subraya a DW David Wood, analista sénior para el Líbano del grupo de expertos International Crisis Group.
El hecho de quedarse indefenso y expuesto por la decisión de Hezbolá de lanzar cohetes contra Israel enfurece a Abas Saad, un vecino de Beirut. “A Hezbolá no le importa si estamos en guerra o en paz”, dice a DW. “No solo estoy en contra de las acciones de Hezbolá, sino que me opongo a su existencia armada por principio”, afirmó. Según él, es culpa de Hezbolá que los ciudadanos libaneses se vean amenazados ahora.
Wood, de Crisis Group, también cree que los civiles libaneses serán quienes paguen el precio más alto, personas “que no tienen poder para poner fin al desastroso conflicto”.
Fuente: Deutsche Welle

