
Teófilo Quico Tabar
Las complejidades de gobernar
Por diversas razones, cada cierto tiempo y en diferentes gobiernos, tanto sectores económicos, empresariales como políticos, han planteado ante la opinión pública la necesidad de adopción de medidas económicas que implican ajustes tributarios, así como un llamado a la austeridad. Pero, analizándolo sin prejuicios o banderías políticas, una parte de los que manifiestan preocupación y desean que mejore la economía, en realidad no quieren que las reformas ni mucho menos la austeridad les afecte.
Este tema se constituye en un asunto bastante complejo para cualquier gobierno. Porque algunos hablan de una cosa, pero en realidad quieren otra. Sectores plantean reformas y austeridad, pero muchos sin definirla ni dar muestras de su disposición a sacrificarse. Pocos las quieren para ellos mismos, porque les afectaría. La solicitan para otros, pero sin que les afecten sus negocios o actividades.
Reformas y austeridad, de alguna manera significa, por un lado posibles sacrificios para lograr aumento de los ingresos, y, por el otro, disminución de gastos, que al final se manifiesta en menos dinero disponible. Lo que algunos expertos denominan disminución del circulante. Pero, paradógicamente, cuando el circulante aumenta, más posibilidades tiene la gente de comprar cosas de diferente tipo. Se dinamiza el comercio, las ventas, y consecuentemente la producción, que a su vez es, lo que en el fondo desean casi todos los sectores.
Algunos de los que solicitan austeridad y eliminación de obras, no especifican nada. Lo hacen por formalidad, como simple juego de palabras o cliché que se pone de moda para aparentar una cosa que en el fondo es otra. La austeridad tiene muchas caras y aristas que hay que ver desde diferentes ángulos para poder entenderlas cada una en su dimensión.
Los que producen o comercializan, quieren que disminuyan los precios de adquisición y que aumenten las ventas. Y para aumentarlas de cualquier forma tiene que haber más dinero en circulación. Los que no tienen empleo quieren que se abran más oportunidades. Los que ganan poco quieren aumentar sus ingresos. Los que tienen tiendas y comercios, incluyendo los informales que hacen dulces, empanadas pastelitos; los que venden bebidas, refrescos, guineos, manzanas, etc. quieren más dinero en las calles.
Los ingenieros, contratistas, albañiles, plomeros, areneras, ferreterías, carpinteros, transportistas, quieren más obras y más gente generando actividades que de alguna forma les beneficie. Por eso, a veces, al hablar de reformas y de austeridad se crea una especie de dicotomía. Se demanda una cosa, pero con la esperanza de que los efectos sean contrarios.
En realidad lo que mucha gente desea es que las cosas mejoren. Para que esa mejoría les provea bienestar o satisfacción de requerimientos y necesidades. Pero, para eso, los gobiernos tienen que enfrentar situaciones complicadas. Sobre todo en momentos especiales como la que vivimos. Porque si bien hay cosas que dependen de su voluntad, otras no.
En el fondo, la gente desea reformas que eliminen privilegios y distorsiones. Que haya más equidad y más bienestar. Que en cierto modo coinciden con lo que quieren los gobiernos. Pero lograr eso no es una tarea fácil. Es difícil complacer a todos los sectores. Por eso, hacer una reforma implica sacrificios en busca de obtener beneficios, pero muy pocos están dispuestos a los sacrificios. Todos quieren beneficios sin austeridad. Que complejo es gobernar, pero hay que hacerlo.




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